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martes, 3 de noviembre de 2015

La pasión de la espada, cap. XXVI

La pasión de la espada, cap. XXVI
Por Selene Ruiz de Vivar
El rey William salió a caballo, llevando consigo en la grupa a su hijo, a la explanada de la fortaleza de Loitsche, y su aparición fue recibida con gran griterío y muestras de alegría por sus soldados y por su pueblo, que empezaba allí a congregarse. Muchos a su paso hincaban la rodilla en tierra como si se tratara de un dios, bajando la cabeza hasta casi besar el polvo. Will the Handsome descabalgó y levantó a muchos de ellos del suelo, considerando excesivas aquellas reverencias. Al fin y al cabo, estaba convencido de que su único mérito había sido mantenerse vivo y resistir para que Suburbia no se viera envuelta en un caos aún mayor que el producido por las desdichadas circunstancias. Fue recorriendo las tiendas de los soldados primero y luego las atestadas tabernas y hosterías cada vez más llenas, incluidos establos y pajares. Notó que era seguido a una prudente distancia por las caballeros de Thomas, que actuaban a modo de guardias de corps, y no se le hizo extraña la idea de que Tom también le seguía los pasos en un segundo plano, sin querer interferir en el reencuentro con su pueblo, dejándole saborear el principio del fin de las desdichas, pero también queriendo ser partícipe a su modo.
  Tuvo la absoluta certeza de que esto era así a la vuelta de su recorrido por el pueblo, cuando ante las tiendas de campaña de su ejército Thomas de pronto se hizo visible en su caballo bermejo. El príncipe Henry daba muestras de cansancio tras lo agotador del periplo donde tanto él como su regio padre se habían dado un impresionante baño de multitudes  y compartido la comida y el vino que corría abundantemente, ya que la montaña no había sufrido los estragos de la peste ni por tanto la escasez que había azotado a la capital, Arcadia, e incluso al propio castillo en los últimos tiempos. Henry lo vio primero, y dio un grito de alegría. Pero lo sorprendente fue la reacción de los soldados, que respondieron a su presencia con una aclamación masiva. William pensó que si se hubiera tratado de un general en triunfo entrando en la ciudad rodeado de su botín de oro, alhajas y piedras preciosas, animales salvajes nunca vistos hasta entonces, esclavos de piel y cabelleras exóticas, no habrían sido mayores la aclamación y los vítores. Sorprendido, comprobó que se hallaba a su lado, recibiendo con modestia aquel reconocimiento que -pensó William-era realmente muy merecido.  Hasta cierto punto se había convertido por derecho propio en el artífice de lo que iba a ser la reconstrucción de su pueblo, y lo había hecho en la sombra, sin esperar nada a cambio: podía haber sido juzgado y condenado por traidor y acabar sus días en la mazmorra de los olvidados, o haber incluso perdido su preciada vida por el tajo de la espada que el verdugo reservaba a los nobles, si las intrigas contra él hubieran triunfado. William pensó que no podría nunca perdonar a sus enemigos, y aunque el propio Thomas  lo hiciera, su pueblo no lo permitiría. Entretanto el niño bostezaba y hacía heroicos esfuerzos por mantenerse erguido en el caballo. Thomas alargó el brazo y se ofreció para llevarlo a sus habitaciones de la fortaleza. Will dio su asentimiento, pues tenía cuestiones de intendencia que tratar con los mandos de su exiguo ejército, que se suponía iba a  acompañar a la población a modo de escolta y protección a la vuelta a Arcadia. El niño cambió airoso de cabalgadura, contento de marcharse con Thomas. William los vio alejarse al galope, pensando en que no había nadie más en el mundo en quien pudiera confiar hasta ese punto.
Cuando William volvió a la fortaleza a altas horas de la noche, no necesitó cruzar el santo y seña con los guardianes, pues le dejaron franco el paso. Penetró en las estancias a paso ligero hacia los aposentos de su hijo. El niño dormía plácidamente, el fuego de su chimenea caldeaba ligeramente la habitación y la nimbaba con sus alegres chisporroteos de un halo acogedor. El perrazo roncaba a los pies del lecho de su hijo ocupando casi todo el ancho del dosel. Se despertó al notar su presencia y acudió presuroso, moviendo la cola alegremente. Pero pronto volvió a la manta de pieles del lecho, acurrucándose y quedándose dormido al instante. Thomas apareció por detrás y tomó al rey de la cintura, depositando un suave beso en su cuello.
Los ojos de Will se entrecerraron. Hacía tiempo que no disfrutaba de un momento así de paz, de felicidad. Thomas cerró aún más el abrazo. Will no quería pensar en los nubarrones que todavía impedían que su felicidad fuera completa. Janson gruñó en sueños, estirándose. Los besos en su cuello se hicieron más profundos, acuciantes. El rey se estremeció, sintiendo a su amante tan cerca, sintiendo su calor.
—Tom…yo…yo…quiero agradecerte por…por todo…
—Claro—respondió el barón—ahora me lo agradecerás—la varonil voz se deslizó hacia el susurro—en la cama.
Aunque el rey era tan grande como él, su envergadura era más grácil. Thomas se lo echó al hombro como si fuera un fardo.
—Mmmm ¡bájame! ¿Cómo…cómo te atreves?—el soberano estaba entre indignado y divertido y se dio cuenta de pronto de que reía tal vez demasiado alto y que podía despertar al niño. En dos zancadas estaban en la habitación de Thomas. Will pensó brevemente en lo cerca que estaba la cámara del señor de la fortaleza de la habitación de su hijo, con toda seguridad para protegerlo, y muy lejos de las habitaciones de su esposa, situadas en la otra ala. Intentó borrar de su mente el hecho mismo de que tuviera una esposa, aunque a su pesar le martilleaba el cerebro la sola idea.
Esperaba que pronto lo fuera a olvidar, al menos por esa noche. Thomas le había depositado suavemente, con todo cuidado, sobre el lecho, y su acariciadora voz le susurraba al oído lo que siempre había querido oír.
—Bill, te amo, te amo—la voz entrecortada se mezclaba con los besos húmedos y ardientes. El rey de Suburbia respondió con el lenguaje elocuente de su cuerpo a las encendidas palabras de su entregado amante aquel instante.
—Tom…yo…yo…—el rey se dio cuenta de que no podía continuar. Su sentido del deber acudía de nuevo sin ser llamado, como un invitado indeseado. Pensó que al día siguiente tendría que reacomodar a su gente, gratificar a los leales y alejarse para siempre de la vida de Tom y su familia. Pero esa noche nadie se la arrebataría: disfrutaría cada momento, cada segundo como lo que eran: los últimos. Se aferró con intensidad a aquella espalda amada, a aquella piel ardiente, tratando de que cada gesto quedara atesorado en su memoria.
                Mientras Tom acariciaba su cabeza, su cuello, le pasaba la mano por la cintura para atraerlo hacia sí en los prolegómenos del amor, se preguntó cómo lo hacía, cómo lo soportaba. ¿Qué sentía por aquella mujer que tan obviamente los había ayudado a los dos? ¿Agradecimiento? ¿Reconocimiento, gratitud? Se retorció al pensar que pudiera ser amor. Tom notó su tensión y lo tranquilizó con una caricia suave. Bill cerró los ojos, tratando de no pensar, pero sabiendo que solo estaba postergando una decisión que por fuerza tendría que ser dolorosa.
                                                  (Continuará)


                
                         


8 comentarios:

  1. Snif, el jodido deber por delante. No quiero que se separen, no ahora que el peligro ha pasado, merecen ser felices. Preo Thomas no deshonrará a su esposa publicamente y Will tiene tods la intención de marcharse a la capital del reino dejando a su amor atras.

    Como me duelen ambos!

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    1. Ten paciencia, Haru querida. Es cierto que no está en la naturaleza de Thomas la conducta deshonrosa, por eso todo se está alargando tanto, Perdóname por hacerte sufrir.

      Han pasado por ntantas cosas...hum se puede decir que un verdadero infierno en la tierra ;_;

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  2. Y es muy cierto, por el momento la situación parece miel sobre hojuelas con la reconciliación de los amantes, la verdad sobre el traidor y el algarabío de paz entre los pueblos, pero ahora que el reino está gozando de salud ¿Qué sigue para Bill? Su alteza debe retomar su deber como monarca y guía de su pueblo pero su corazón se quedará en la fortaleza de la montaña, junto a su amado montañés, junto al hombre "prohibido" y aunque quisiera que el día tuviera más de 24 horas y el tiempo se detuviera para que ellos siguieran amándose sé que probablemente sea un día gris para la vida de los amantes. Querida Selene ¿se vale llorar?
    Gracias por el capítulo y aunque nos quede poco camino por recorrer amaré esos pasillos de este reino .
    Besos!

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    1. Adriana querida de mi corazón...me pregunto si alguna vez me perdonarás esta agonía tan larga!
      Espero solamente que no te aparte de nuestro camino por los senderos de Arcadia! ya queda poco y aunque me muero de ganas cualquier cosa que diga sería spoilear por completo el desenlace.
      Nooooo no vale llorar, espero que muy pronto puedas sentirte recompensada.

      Mil besos mi linda y hasta muy pronto.

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  3. El rey se da baños de pueblo :) Al parecer los problemas se alejan, la peste ha menguado y el amor -que nunca se perdió- vuelve a ser pleno al disiparse toda duda entre los amantes. ¿Podrán vivir su amor sin simulaciones? Ambos tiene resuelto el asunto de la sucesión -que podría ser el primer impedimento para su unión-, sin embargo, no se hasta qué punto es aceptada como común la convivencia "tipo matrimonial" entre personas del mismo sexo... Suburbia está en el imaginario, de la autora y de las lectoras, ¿qué tan apartados de nuestra realidad están los preceptos morales de esta isla? ...

    Espero con ansias el siguiente capi!!!

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    1. Baños de pueblo jajaja eso es!
      Sobre si su amor puede vivirse sin simulaciones, pues sí, es la única forma en la que merece la pena de ser vivido, a la luz.

      Esta historia va precisamente en la línea de derribar barreras que no son infranqueables, y me refiero a las establecidas por los hombres en sus pactos sociales; el mundo de Suburbia pudo existir perfectamente como continuador del mundo clásico si la Edad Media hubiera sido otra cosa, y ese es un territorio que quería explorar, un mundo sin tantas restricciones morales que a la postre son culturales. Cómo hubiera sido Europa con otra religión, con las asociadas por ejemplo a los cultos de la naturaleza.

      Un beso, mi Lia :D gracias por tu compañía :)

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  4. La unión, la felicidad y la abundancia del pueblo debería de ser la metáfora perfecta de la situación de nuestros amantes… ¿pero hasta qué punto eso es cierto? Ahora que la traición está descabezada y la sucesión al trono resuelta, llega el momento de mirarse a los ojos el uno al otro y afrontar su propio destino . Demasiados muros que escalar, demasiadas espadas atravesadas en el lecho para impedir su consumación final: conceptos tan mal encarados (Y a la vez tan sublimes) como "sodomía" o "incesto" serían las piedras que podrían separarlos. Ésas, unidas a el orgullo, los malentendidos, el sentido del honor y tantas otras, serían capaces de fabricar una pared inexpugnable.

    Quiero llorar, pero intentaré ser paciente y morderme el labio hasta el siguiente capítulo de esta maravillosa historia . Lucharé por conservar la esperanza.

    Muchísimas gracias, princesa de Arcadia ��

    Hasta pronto, señora <3

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    1. Las dificultades son muchas pero sí me gustaría que todas esas cosas que han hecho la vida imposible a los hombres durante siglos se hubieran podido franquear en algún momento, y por qué no mis héroes que ya han demostrado que pueden remontar situaciones que parecían inposibles; ;

      Archange de mi corazón, mil gracias a ti, Arcadia será siempre nuestro lugar soñado...Et in Arcadia ego ♥ tal vez no lo sabes, pero te quiero muchísimo :D

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