La pasión de
la espada, cap. XXVI
Por Selene
Ruiz de Vivar
El rey
William salió a caballo, llevando consigo en la grupa a su hijo, a la explanada
de la fortaleza de Loitsche, y su aparición fue recibida con gran griterío y
muestras de alegría por sus soldados y por su pueblo, que empezaba allí a
congregarse. Muchos a su paso hincaban la rodilla en tierra como si se tratara
de un dios, bajando la cabeza hasta casi besar el polvo. Will the Handsome
descabalgó y levantó a muchos de ellos del suelo, considerando excesivas
aquellas reverencias. Al fin y al cabo, estaba convencido de que su único
mérito había sido mantenerse vivo y resistir para que Suburbia no se viera
envuelta en un caos aún mayor que el producido por las desdichadas
circunstancias. Fue recorriendo las tiendas de los soldados primero y luego las
atestadas tabernas y hosterías cada vez más llenas, incluidos establos y
pajares. Notó que era seguido a una prudente distancia por las caballeros de
Thomas, que actuaban a modo de guardias de corps, y no se le hizo extraña la
idea de que Tom también le seguía los pasos en un segundo plano, sin querer
interferir en el reencuentro con su pueblo, dejándole saborear el principio del
fin de las desdichas, pero también queriendo ser partícipe a su modo.
Tuvo la absoluta certeza de que esto era así
a la vuelta de su recorrido por el pueblo, cuando ante las tiendas de campaña
de su ejército Thomas de pronto se hizo visible en su caballo bermejo. El
príncipe Henry daba muestras de cansancio tras lo agotador del periplo donde
tanto él como su regio padre se habían dado un impresionante baño de
multitudes y compartido la comida y el
vino que corría abundantemente, ya que la montaña no había sufrido los estragos
de la peste ni por tanto la escasez que había azotado a la capital, Arcadia, e
incluso al propio castillo en los últimos tiempos. Henry lo vio primero, y dio
un grito de alegría. Pero lo sorprendente fue la reacción de los soldados, que
respondieron a su presencia con una aclamación masiva. William pensó que si se
hubiera tratado de un general en triunfo entrando en la ciudad rodeado de su
botín de oro, alhajas y piedras preciosas, animales salvajes nunca vistos hasta
entonces, esclavos de piel y cabelleras exóticas, no habrían sido mayores la
aclamación y los vítores. Sorprendido, comprobó que se hallaba a su lado,
recibiendo con modestia aquel reconocimiento que -pensó William-era realmente
muy merecido. Hasta cierto punto se
había convertido por derecho propio en el artífice de lo que iba a ser la
reconstrucción de su pueblo, y lo había hecho en la sombra, sin esperar nada a
cambio: podía haber sido juzgado y condenado por traidor y acabar sus días en
la mazmorra de los olvidados, o haber incluso perdido su preciada vida por el
tajo de la espada que el verdugo reservaba a los nobles, si las intrigas contra
él hubieran triunfado. William pensó que no podría nunca perdonar a sus
enemigos, y aunque el propio Thomas lo
hiciera, su pueblo no lo permitiría. Entretanto el niño bostezaba y hacía
heroicos esfuerzos por mantenerse erguido en el caballo. Thomas alargó el brazo
y se ofreció para llevarlo a sus habitaciones de la fortaleza. Will dio su
asentimiento, pues tenía cuestiones de intendencia que tratar con los mandos de
su exiguo ejército, que se suponía iba a acompañar a la población a modo de escolta y
protección a la vuelta a Arcadia. El niño cambió airoso de cabalgadura,
contento de marcharse con Thomas. William los vio alejarse al galope, pensando
en que no había nadie más en el mundo en quien pudiera confiar hasta ese punto.
Cuando
William volvió a la fortaleza a altas horas de la noche, no necesitó cruzar el
santo y seña con los guardianes, pues le dejaron franco el paso. Penetró en las
estancias a paso ligero hacia los aposentos de su hijo. El niño dormía
plácidamente, el fuego de su chimenea caldeaba ligeramente la habitación y la
nimbaba con sus alegres chisporroteos de un halo acogedor. El perrazo roncaba a
los pies del lecho de su hijo ocupando casi todo el ancho del dosel. Se
despertó al notar su presencia y acudió presuroso, moviendo la cola
alegremente. Pero pronto volvió a la manta de pieles del lecho, acurrucándose y
quedándose dormido al instante. Thomas apareció por detrás y tomó al rey de la
cintura, depositando un suave beso en su cuello.
Los ojos de
Will se entrecerraron. Hacía tiempo que no disfrutaba de un momento así de paz,
de felicidad. Thomas cerró aún más el abrazo. Will no quería pensar en los
nubarrones que todavía impedían que su felicidad fuera completa. Janson gruñó
en sueños, estirándose. Los besos en su cuello se hicieron más profundos,
acuciantes. El rey se estremeció, sintiendo a su amante tan cerca, sintiendo su
calor.
—Tom…yo…yo…quiero
agradecerte por…por todo…
—Claro—respondió
el barón—ahora me lo agradecerás—la varonil voz se deslizó hacia el susurro—en
la cama.
Aunque el
rey era tan grande como él, su envergadura era más grácil. Thomas se lo echó al
hombro como si fuera un fardo.
—Mmmm
¡bájame! ¿Cómo…cómo te atreves?—el soberano estaba entre indignado y divertido
y se dio cuenta de pronto de que reía tal vez demasiado alto y que podía
despertar al niño. En dos zancadas estaban en la habitación de Thomas. Will
pensó brevemente en lo cerca que estaba la cámara del señor de la fortaleza de
la habitación de su hijo, con toda seguridad para protegerlo, y muy lejos de
las habitaciones de su esposa, situadas en la otra ala. Intentó borrar de su
mente el hecho mismo de que tuviera una esposa, aunque a su pesar le
martilleaba el cerebro la sola idea.
Esperaba que
pronto lo fuera a olvidar, al menos por esa noche. Thomas le había depositado
suavemente, con todo cuidado, sobre el lecho, y su acariciadora voz le susurraba
al oído lo que siempre había querido oír.
—Bill, te
amo, te amo—la voz entrecortada se mezclaba con los besos húmedos y ardientes.
El rey de Suburbia respondió con el lenguaje elocuente de su cuerpo a las encendidas palabras de su entregado amante aquel instante.
—Tom…yo…yo…—el
rey se dio cuenta de que no podía continuar. Su sentido del deber acudía de
nuevo sin ser llamado, como un invitado indeseado. Pensó que al día siguiente
tendría que reacomodar a su gente, gratificar a los leales y alejarse para
siempre de la vida de Tom y su familia. Pero esa noche nadie se la arrebataría:
disfrutaría cada momento, cada segundo como lo que eran: los últimos. Se aferró
con intensidad a aquella espalda amada, a aquella piel ardiente, tratando de
que cada gesto quedara atesorado en su memoria.
Mientras Tom acariciaba su
cabeza, su cuello, le pasaba la mano por la cintura para atraerlo hacia sí en
los prolegómenos del amor, se preguntó cómo lo hacía, cómo lo soportaba. ¿Qué
sentía por aquella mujer que tan obviamente los había ayudado a los dos?
¿Agradecimiento? ¿Reconocimiento, gratitud? Se retorció al pensar que pudiera
ser amor. Tom notó su tensión y lo tranquilizó con una caricia suave. Bill
cerró los ojos, tratando de no pensar, pero sabiendo que solo estaba
postergando una decisión que por fuerza tendría que ser dolorosa.
(Continuará)
Snif, el jodido deber por delante. No quiero que se separen, no ahora que el peligro ha pasado, merecen ser felices. Preo Thomas no deshonrará a su esposa publicamente y Will tiene tods la intención de marcharse a la capital del reino dejando a su amor atras.
ResponderEliminarComo me duelen ambos!
Ten paciencia, Haru querida. Es cierto que no está en la naturaleza de Thomas la conducta deshonrosa, por eso todo se está alargando tanto, Perdóname por hacerte sufrir.
EliminarHan pasado por ntantas cosas...hum se puede decir que un verdadero infierno en la tierra ;_;
Y es muy cierto, por el momento la situación parece miel sobre hojuelas con la reconciliación de los amantes, la verdad sobre el traidor y el algarabío de paz entre los pueblos, pero ahora que el reino está gozando de salud ¿Qué sigue para Bill? Su alteza debe retomar su deber como monarca y guía de su pueblo pero su corazón se quedará en la fortaleza de la montaña, junto a su amado montañés, junto al hombre "prohibido" y aunque quisiera que el día tuviera más de 24 horas y el tiempo se detuviera para que ellos siguieran amándose sé que probablemente sea un día gris para la vida de los amantes. Querida Selene ¿se vale llorar?
ResponderEliminarGracias por el capítulo y aunque nos quede poco camino por recorrer amaré esos pasillos de este reino .
Besos!
Adriana querida de mi corazón...me pregunto si alguna vez me perdonarás esta agonía tan larga!
EliminarEspero solamente que no te aparte de nuestro camino por los senderos de Arcadia! ya queda poco y aunque me muero de ganas cualquier cosa que diga sería spoilear por completo el desenlace.
Nooooo no vale llorar, espero que muy pronto puedas sentirte recompensada.
Mil besos mi linda y hasta muy pronto.
El rey se da baños de pueblo :) Al parecer los problemas se alejan, la peste ha menguado y el amor -que nunca se perdió- vuelve a ser pleno al disiparse toda duda entre los amantes. ¿Podrán vivir su amor sin simulaciones? Ambos tiene resuelto el asunto de la sucesión -que podría ser el primer impedimento para su unión-, sin embargo, no se hasta qué punto es aceptada como común la convivencia "tipo matrimonial" entre personas del mismo sexo... Suburbia está en el imaginario, de la autora y de las lectoras, ¿qué tan apartados de nuestra realidad están los preceptos morales de esta isla? ...
ResponderEliminarEspero con ansias el siguiente capi!!!
Baños de pueblo jajaja eso es!
EliminarSobre si su amor puede vivirse sin simulaciones, pues sí, es la única forma en la que merece la pena de ser vivido, a la luz.
Esta historia va precisamente en la línea de derribar barreras que no son infranqueables, y me refiero a las establecidas por los hombres en sus pactos sociales; el mundo de Suburbia pudo existir perfectamente como continuador del mundo clásico si la Edad Media hubiera sido otra cosa, y ese es un territorio que quería explorar, un mundo sin tantas restricciones morales que a la postre son culturales. Cómo hubiera sido Europa con otra religión, con las asociadas por ejemplo a los cultos de la naturaleza.
Un beso, mi Lia :D gracias por tu compañía :)
La unión, la felicidad y la abundancia del pueblo debería de ser la metáfora perfecta de la situación de nuestros amantes… ¿pero hasta qué punto eso es cierto? Ahora que la traición está descabezada y la sucesión al trono resuelta, llega el momento de mirarse a los ojos el uno al otro y afrontar su propio destino . Demasiados muros que escalar, demasiadas espadas atravesadas en el lecho para impedir su consumación final: conceptos tan mal encarados (Y a la vez tan sublimes) como "sodomía" o "incesto" serían las piedras que podrían separarlos. Ésas, unidas a el orgullo, los malentendidos, el sentido del honor y tantas otras, serían capaces de fabricar una pared inexpugnable.
ResponderEliminarQuiero llorar, pero intentaré ser paciente y morderme el labio hasta el siguiente capítulo de esta maravillosa historia . Lucharé por conservar la esperanza.
Muchísimas gracias, princesa de Arcadia ��
Hasta pronto, señora <3
Las dificultades son muchas pero sí me gustaría que todas esas cosas que han hecho la vida imposible a los hombres durante siglos se hubieran podido franquear en algún momento, y por qué no mis héroes que ya han demostrado que pueden remontar situaciones que parecían inposibles; ;
EliminarArchange de mi corazón, mil gracias a ti, Arcadia será siempre nuestro lugar soñado...Et in Arcadia ego ♥ tal vez no lo sabes, pero te quiero muchísimo :D