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sábado, 21 de noviembre de 2015

La pasión de la espada, cap. XXVIII

La pasión de la espada, cap. XXVIII
Por Selene Ruiz de Vivar
El rey William salió al patio de armas a supervisar las mercancías que entraban en el castillo, procedentes del comercio renaciente de la ciudad, que despertaba poco a poco de su larga lucha con la plaga y ganaba de día en día la batalla por la supervivencia.  Se ocupaba de todo con precisión casi mecánica, procurando enfocar todas sus fuerzas en la resolución de las cuestiones diarias. Sacar adelante su reino era una tarea absorbente que requería de todas sus energías, pero lo habría hecho de forma más eficiente aún si su corazón no hubiera estado tan vacío y si no hubiera tenido que arrastrar sus fuerza a menudo al límite para acabar en un reposo poblado de pesadillas en su lecho solitario, que se le hacía infinitamente grande. La satisfacción de ver crecer a su hijo de día en día era lo único que podía paliar su sensación de angustia constante. Lo que más le dolía era la creencia de que su pena no se redimiría nunca. Se preguntaba a menudo en qué momento el dolor del amor empezaba a remitir, si era un proceso, o si de repente un día de buena mañana se despertaría limpio de aquel sentimiento traidor que le atenazaba de aquella manera las entrañas.
El niño barruntaba que su presencia era un bálsamo para su atribulado padre y no se separaba de él. Tampoco sus lebreles ni el singular Janson lo dejaban nunca solo e incluso subían a dormir al lecho, apaciguando así unas noches que podrían haber sido agitadas por la tendencia de William a los sueños inquietos. Más de una vez el tacto suave del pelaje de su braco lo calmó en medio de una pesadilla. El recuerdo de Tom no lo dejaba en paz y  con frecuencia pensaba en reclamarlo en Arcadia, para acto seguido desechar la idea por absurda e imposible.
Durante el día padre e hijo se habían hecho inseparables y esto fue para el Príncipe el mejor de los aprendizajes. La inteligencia del niño asimilaba todo como si fuera una esponja, aprendiendo de la diligencia de su padre en las tareas de gobierno, su ecuanimidad y su sentido de la justicia y del reparto equitativo. Los bienes confiscados de los traidores habían regresado a la corona, que a su vez los estaba empleando en la reconstrucción de la ciudad, y aunque el puerto seguía en cuarentena, su apertura era inminente, lo que daba trabajo a una gran parte de la población ocupada de la mañana a la noche en labores portuarias que iban a ser el verdadero disparadero de la economía de Suburbia.
No obstante la hambruna aún seguía enseñoreándose de la ciudad, todavía había malestar, pequeñas revueltas y descontentos. William notaba cuando se mezclaba entre la multitud cierta frialdad y un mudo reproche, y se autoculpaba de no  estar haciendo lo suficiente; pero no sabía en qué estaba fallando. Más bien al contrario, tenía la sensación de sacrificarse, de estar haciendo lo humanamente imposible, y de que su esfuerzo no estaba dando los frutos deseados. Se encontraba pensativo después de despachar las audiencias cuando hizo su entrada Gary, su mano derecha en Arcadia, haciendo una solemne reverencia.
—Sire, es todo por hoy.
—Mmmm…No había ningún despacho de las montañas… ¿hay alguna nueva de Loitsche? Todo va bien allí bajo el mando del rey mi hermano, supongo.
Gary percibió el sufrimiento de su rey y permaneció con la cabeza baja.
—No ha habido noticias últimamente, Sire—Gary sopesó la posibilidad de distraerlo hacia otros temas, pero finalmente decidió abordar el asunto de frente—Señor… ¿hay alguna posibilidad de que Milord Thomas estuviera presente en la festividad de Beltane?
Will se quedó ensimismado un momento. Beltane era la fiesta de la primavera, del fuego y de las cosechas, la gran explosión de vida, la máxima celebración de Arcadia.
—No—dijo tajante—ninguna. De sobra lo sabéis.
Gary miró hacia otro lado, pesaroso.
—   ¿Qué ocurre? ¿Por qué lo mencionáis?
—   Majestad…el pueblo está exigiendo su presencia en Arcadia. Empieza a ser un clamor por calles, negocios y tabernas.
El rey meditó por un momento si el favor de su pueblo se había inclinado por completo hacia el otro soberano.
—   ¿Tal vez queréis decir que debería hacerme a un lado, Excelencia? —Will sonreía, pensando en que tal vez una abdicación traería la paz a su corazón.
—   No se trata de eso, Sire—a Gary le costaba trabajo sostener la mirada del rey— el hecho es que el pueblo durante la peste y seguramente acuciado por el hambre se ha entregado a todo tipo de supersticiones. Han proliferado los adivinos, brindando su charlatanería a todo el que quisiera oír. Hay en especial una….superstición muy arraigada, Señor—Gary levantó de pronto los ojos, atreviéndose a mirar a su señor por primera vez.
Will prestó atención de pronto.
—Hablad—dijo sin rodeos.
—Antes os ruego, Señor, que perdonéis a vuestros súbditos. Los estragos de la peste, la muerte por doquier…se habrían agarrado a cualquier cosa que les ofreciera una mínima esperanza…¡comprendedlo!
—¡Hablad de una vez!
William empezaba a impacientarse. Gary dio una pequeña indicación a uno de lo alabarderos, que salió al punto.
—Señor…la razón de que se reclame al rey Thomas es… que el pueblo cree que las cosechas no prosperarán si no está presente…ejem…con Vos…
—   ¿Qué decís? No os entiendo… ¡por los dioses que resultáis oscuro!
William sentía crecer en su interior la molestia por aquella conversación y deseaba darla por terminada y retirarse a la tranquilidad de sus aposentos. Gary hizo un sobrehumano esfuerzo por hacerse entender.
—El hecho es que…el pueblo en connivencia con esos malditos adivinos…tiene la absurda creencia de que la amenaza de la peste se conjuró gracias a que vos, junto con vuestro hermano, practicasteis… mmm un tipo de magia…
—Deja los malditos acertijos—el humor del rey era cada vez peor y parecía que se iba a desencadenar en cualquier momento la tormenta de su cólera. Gary tembló, nervioso.
—¿Magia? ¿Qué suerte de desatino es éste? ¿Acaso la muchedumbre ha perdido el juicio?
—El tipo de magia que….requiere que Sus Majestades estén juntos y solos—dijo Gary de un tirón, arriesgándose. Se volvió hacia la puerta y agarró por los ropajes al hombre que los alabarderos habían ido a buscar, un anciano de cabello y barba blancas, con ropajes sacerdotales y un collar de cuentas al cuello, que llegaba encadenado. Will lo contempló, atónito, sin poder creer lo que estaba oyendo. ¿Acaso el colegio de adivinos,  en otro tiempo muy respetado en la antigua tradición de Suburbia, pero caído en descrédito y decadencia en los últimos tiempos, conocía una especie de resurgimiento y  estaba difundiendo la especie de que el hambre cesaría siempre que se produjera una suerte de magia sexual con su hermano? William pensó que estaba soñando.
—Habla, anciano.
—Majestad—dijo aquel hombre en un tono no exento de ceremonia y dignidad—vuestros sirvientes me han cargado de cadenas por decir la verdad que hemos leído en las estrellas. Sabemos que la peste no cesó hasta que vuestro hermano os arrancó de las garras de la enfermedad cuando en el cielo brillaba la constelación de Géminis. La época de bonanza sólo vendrá con la reencarnación de los Dióscuros en la tierra. Sin ello sólo habrá oscuridad y será el fin de Suburbia. Las estrellas han hablado—y tras decir esto quedó en silencio, con gran solemnidad. William se sobrepuso como tantas veces en su vida.
—Soltadlo de inmediato. Es indigno ver a un hombre de edad avanzada cargado de cadenas. Dadle aposento y escoltadlo mañana hasta el bosque—y tras decir estas palabras salió de la sala.
Gary libró de las cadenas al agradecido anciano e incluso le besó religiosamente el extremo de la túnica. Antes de dejarlo marchar, le entregó una bolsa repleta de monedas.
—He oído que el colegio de adivinos fue saqueado durante la peste y que incluso se ha derrumbado el tejado con las últimas lluvias. Tomad esto y venid a buscar más hasta que quede completamente reparado.
El anciano hizo la reverencia más profunda que su castigada espalda le pudo permitir, y se retiró presuroso.
El rey en sus aposentos hizo todo lo posible por olvidar aquel extraño episodio, pues tenía preocupaciones muy graves en mente, ya que en aquellos días se dilucidaba si se reabriría el comercio con Ultramar por fin, aunque en condiciones de momentánea desventaja para Suburbia. Agotado, se durmió de inmediato, sin volver a pensar en lo que le parecía una simple anécdota supersticiosa.
                                                               (Continuará)





8 comentarios:

  1. De todas las alternativas posibles para que ambos amantes pudieran estar juntos nuevamente, que elucubré, confieso que esta jamás pasó por mi cabeza.

    Es una resolución hermosa y simbólica para esta historia, de tal manera la suerte de Suburbia estaría estrechamente ligada al amor de los hermanos, ya no sólo de manera fraternal, sino como pareja. Aceptaba y bendecida por todo el reino. Quienes "supersticiosamente" dudo que permitan que Thomas se aleje de su lado.

    Sólo resta averiguar que opina la otra mitad involucrada en el rito.

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    1. Querida Haru, no me podía imaginar a una pareja tan luminosa con una terrible lacra sobre su cabeza, como exclusión o persecución, y creo que su historia merece ser vivida a la luz como algo digno de orgullo: no deja de ser cierto que el destino de Suburbia está ligado a su comportamiento, digamos, excepcional y en el momento en que el reino se recupera debe reconocérselo y no ser cicatero con ellos. Un beso muy fuerte.

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  2. Confieso que éste giro de los acontecimientos me ha dejado con la boca abierta y los ojos como platos. ¡La unión amorosa de los gemelos como pareja mística! ¡Qué hermoso es que su destino esté unido al de su reino! El pueblo ha consagrado su amor como sagrado y las estrellas lo confirman.

    A ver qué opina el nuevo señor de Suburbia de todo esto.

    Muchas gracias, princesa, por un capítulo lleno de esperanza <3

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    1. Pareja mística, bicefalia, y otras palabras bellas resumen a la perfección una realidad que como he dicho a Haru quisiera que fuera luminosa y vivida a la vista de todos como algo hermoso y no sujeta a maldiciones ancestrales por razones culturales.

      Ellos han hecho todo por Suburbia y Suburbia se lo devuelve convirtiéndolos en mito, al fin por qué no, si han sido personas excepcionales sujetas a todo tipo de pruebas. Qué bonito que hayas recorrido todo este camino conmigo, mi Archange.
      Ya sabes que te adoro como no tienes idea (bueno, esto ha sido algo así como un oxímoron ¿no? jajaja

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  3. ¡Santa madre! ¡no lo puedo creer! ¡benditas supersticiones, benditos astros, benditas creencias que ya han puesto de su parte para que los hermanos, reyes y amantes unan su vida! De verdad que las estrellas lo saben todo! .
    Recuerdo que en Facebook te habíamos preguntado sobre el cómo se llevaría acabo la unión (pensando en un final feliz) de ellos sin que el tema del incesto fuera una cruz para ellos y nos dijiste que no tendría que ver nada con la iglesia (tipo "rompimiento" de Enrique VIII con ella) y nunca de los nunca se me pasó que la "voluntad" (aunada) a las creencias del pueblo, serian los artífices de esta unión y prácticamente bendecida por ellos! Si vieras la alegría en mi rostro por este acontecimiento! Pero no quiero cantar victoria y más cuando en esta ecuación de 1+1 que en lugar de darme 2 me dan 3... sí, Selvagia, ni Bill ni Tom han hecho algo en público por ella... cry, Señora váyase ya xD
    Esta es la luz que necesitábamos!
    ¡Gracias Selene, gracias por esta esperanza!
    Muakkkkk :*

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    1. Reconozco, Adriana de mi amor, que te he dado mil y una razones para dudar xDDD pero nunca pensé en una historia que tuviera que vivirse en la sombra o que tuviera como castigo la muerte de los amantes por no seguir las reglas establecidas o por tener que vivir al límite de todas las convenciones sociales; siempre pensé en algo que se convirtiera en leyenda, y, en cuanto a tu máxima preocupación, creo que el capítulo siguiente la resuelve por fin.

      Gracias a ti, tesoro, por tantos comentarios que me han hecho siempre sentir que estaba escribiendo una historia viva, con vibración. Un abrazo muy, muy fuerte :D

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  4. Bueno, bueno, bueno, bueno, bueno... No sé qué decir... No sé...

    Gracias Sele!

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    1. De nada, Lia querida. Es responsabilidad y obligación del que escribe entender e interpretar ese silencio de sus lectores. Un besote muy fuerte, reina :)

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