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domingo, 8 de noviembre de 2015

La pasión de la espada, cap. XXVII

La pasión de la espada, cap. XXVII
Por Selene Ruiz de Vivar
Hicieron el amor de una forma en la que se transparentaba la rabia y la desolación por lo enardecido de las dificultades. La piel del rey se erizaba al más mínimo contacto de las manos de su amante, al más ligero toque, reaccionando desmesuradamente a la más suave o incipiente caricia. Luego buscaba que su fuego se apagara con las más violentas sacudidas, sin lograrlo, porque era como un volcán en erupción continua. Parecía a ratos un felino en celo y otros buscaba la atención y la ternura, pasando de un estado a otro sin transiciones, mostrando lo confuso y atormentado de sus sentimientos. Cuando su desasosegado ímpetu pareció calmarse, afrontó, no sin dificultades, la conversación que abrumaba su mente.
Tom descansaba entre las sábanas de lino y su cuerpo tapado a medias por las sábanas se mostraba en su esplendor, como el de un dios pagano.

—Thomas—el rey lo llamaba por su nombre completo cuando la ocasión lo requería—tu mujer—hizo una pausa dolorosa para ambos—tu…mujer procede de la llanura ¿no?

El noble se sorprendió tanto de la simple mención como del tono de Bill, que parecía el de un reo camino del patíbulo.

—Sí…sus padres murieron durante la plaga…lo ha perdido todo—respondió el barón tristemente. William se revolvió incómodo, recordando que en los peores momentos de la epidemia había ordenado incautar las cosechas de los habitantes del llano pensando que eso aliviaría el hambre en Arcadia; finalmente la medida había condenado al hambre a los incautados y no había bastado para paliar el de la gran masa hambrienta de la ciudad.

—Perded cuidado… a todos los que me habéis mostrado lealtad voy a recompensaros con largueza—el soberano se levantó de pronto, herido pero digno—yo….os lo devolveré con creces… ¡No quedará ninguna deuda pendiente por mi parte!

El rey se dio la vuelta y se vistió apresuradamente. Sin despedirse tomó el camino de la puerta, abandonando con premura los aposentos de su amante. Thomas lo dejó hacer, comprendiendo la magnitud de su dolor.


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El Salón de Audiencias de la fortaleza estaba decorado con toda la solemnidad que aquel significado momento requería. El Rey, acompañado de su Notario Real, otorgaba en aquellos momentos carta de naturaleza a sus nuevos nobles. Los traidores habían sido entregados a la justicia ordinaria, sin ningún tipo de privilegio por su condición de aristócratas, nombre que no merecían, y esperaban para ser juzgados: el antiguo chambelán  junto con sus secuaces y cómplices en las cárceles del pueblo y la condesa en arresto domiciliario hasta que hubiera sentencia firme.
William pronunció solemne las palabras que habían de sancionar el nuevo orden de cosas.

—Nos declaramos al hasta el día de hoy Regente de nuestros reinos Gary de Kuhdorf Chambelán de la Corte con las atribuciones que el nuevo Parlamento constituido por todos los estamentos le otorguen; y así lo firmo y declaro a los que esto oyeren y entendieren, y vengo en sancionarlo—proclamaba William solemnemente mientras su notario daba la fe pública—Damos en considerar asimismo a la Señora Von der Erde restituida de todas sus tierras y posesiones en la llanura y la declaramos condesa de las Tierras Bajas con derecho sobre  sus vasallos y pecheros a título propio sin perjuicio de sus otros títulos como consorte, así como declaramos sin efecto todas las incautaciones y expropiaciones realizadas durante el estado de excepción de la epidemia en tiempos de tribulación de este mi reino, y asimismo ordenamos que se restituyan las propiedades a sus legítimos dueños.—William hizo una larga pausa, pues aún quedaba lo más importante por decir. Lo más granado de su corte estaba allí desplazada, expectante al haberse extendido el rumor de que se iban a conocer nuevas de todo punto inesperadas.

—Asimismo declaramos a nuestro muy querido hermano, Thomas Nicholas, hasta hoy  Barón de Loitsche, como de nuestra misma sangre y en consecuencia por pertenecer por dicho derecho de sangre a la dinastía  real de Suburbia, así como por su condición de primogénito por nacimiento—William hizo otra pausa— es nuestro deseo  y obligación desde hoy asociarlo al trono que le corresponde por derecho.

Un murmullo ensordecedor se levantó por toda la Sala. Aquella declaración sobrepasaba con mucho la expectación levantada y suponía un vuelco total. Entre los asistentes comenzó a levantarse un tímido aplauso, que quedó en  intento ya que muchos aún no reaccionaban de la sorpresa.

La decisión del soberano con respecto a los derechos dinásticos de Thomas era muy generosa, ya que lo reconocía no  como bastardo legitimado, sino como ingenuo, como nacido Príncipe. El hecho de que hubiera dos reyes en el mismo trono devolvía a Suburbia a los tiempos de los antiguos reyes que se habían regido por los principios de la diarquía espartana antes de contaminarse con las costumbres del continente. El Príncipe a su lado había estado escuchando con una concentración impropia de su edad, consciente de la importancia de aquel momento en los destinos del Reino. William se levantó y se dirigió hacia Thomas, y ambos  se estrecharon fuertemente las manos. Los presentes estallaron, entonces sí, en vítores. William pidió silencio con un gesto autoritario de su regia mano.

—Desde aquí regiréis la regeneración de nuestro reino, Thomas. La sonrisa del rey era afable, y serena por primera vez en mucho tiempo. No dudo de que lo haréis con la entrega y fortaleza que ya habéis mostrado tantas veces. Señora—dijo al reparar en la proximidad de Selvagia a su esposo, inclinando cortés y caballerosamente la cabeza—Baronesa—añadió, llamándola por el título de su esposo. No comprendía por qué le pesaba tanto en los labios aquella palabra, como si se le hubiera instalado la angustia en la boca del estómago.

—A su debido tiempo, Thomas, espero que enviéis a la corte a vuestro vástago a educarse como príncipe con el mismo rango que Henry. Decidme, ¿cómo se llama vuestro hijo?

Los dos se miraron, tratando de controlar sus sentimientos.

—Brianda—respondió Thomas, mirándole a los ojos, sin poder evitar mirarlo intensamente—Es una niña.

Definitivamente, aquel era un día para las sorpresas. Por alguna razón, William ni siquiera se lo había imaginado.

—Huh…ejem…está bien. Os ruego tengáis presente que debe ser recibida en la Corte algún día no muy lejano, para ser allí educada como princesa de Suburbia.

—Se hará como decís, Sire—Thomas iniciaba una reverencia que fue rápidamente abortada por un rápido movimiento del brazo de William.

—Bien—dijo el rey, mirando hacia su hijo el Príncipe—ha llegado el momento de volver a Arcadia.

Y dicho esto dio la espalda sin más ceremonia.

Thomas quiso impedirlo, retener al soberano por un momento más, pero ya William, acompañado de su hijo, al que se le habían puesto los ojos llorosos ante lo repentino de la separación, se encaminaba a la salida; y él mismo fue rodeado por los nobles dispuestos a rendirle pleitesía.
El soberano salió a la explanada, donde estaba ya todo dispuesto, subió a uno de los carruajes reales al Príncipe y acto seguido espoleó a su corcel. No permitiría que las lágrimas le impidieran una cabalgada tan veloz como si se dirigiera al mismísimo infierno. Azuzó aún más a su caballo, dejando a todos atrás.
Thomas se había negado a recibir honores y había subido rápido como una saeta a la Torre del Homenaje, desde la que ya no acertó a ver sino el polvo del camino levantado por la comitiva real.

                                                            (Continuará)

6 comentarios:

  1. Nuestro gran soberano ha cumplido cabalmente con su deber, y se marcha con el corazón roto, como nos ha dejado a todas.
    Creo que huelga agregar que estoy desconsolada.

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    1. Me da mucho palo haberte tenido en esta sensación de perpetuo desconsuelo, Haru linda. Sólo espero que el conjunto de la historia te compense absolutamente los malos ratos. Un besazo, Y mil gracias por tu inestimable compañía.

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  2. La dignidad y la grandeza que ha demostrado su majestad de Suburbia no es consuelo suficiente para nuestro corazón destrozado. Se ha comportado a la altura de su rango y ha dado la espalda a lo que más ama.

    Espero que el nuevo soberano del recién programado trono bicéfalo sea, dentro de muy poco, el pañuelo de nuestras lágrimas.

    Gracias y un beso enorme, mi Selene~

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    1. Archange de mi amor, ha sido verdaderamente duro escribir eso, esa separación forzada. Es verdad que esa dignidad no nos consuela, pero es la única forma posible de salir de esa situación sin desmoronarse.Lo difícil de esta singular relación es que tienen que estar ambos a la altura de su posición como lo que son.

      Estoy tan contenta y feliz de que hayas estado conmigo en esto, querida reina de Arcadia :D

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  3. Se me "encogió" el estómago... ay Bill me doliste como no tienes idea. El momento en que llama Baronesa a ella fue el mismo momento en que sentí eso y se me cerró la garganta.
    Bill tuvo mucho valor para dejar a Thomas y se supone que hizo lo correcto pero aún así duele.
    Pensé en algún momento Thomas hablaría sobre su esposa y su condición o ella misma hablaría con "el hermoso" me quedé esperando esa escena, ese "enfrentamiento"
    Caray no todo se puede tener en la vida...
    Hasta el próximo Selene.

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    1. Yo algunas cosas las escribo con el corazón totalmente encogido también, es más, primero pienso las escenas clave que son las más duras y lo demás crece como si fueran las ramas de un árbol.
      Lo que esperas, claro que tiene que llegar. Si no lo ha hecho aún, pronto sabremos por qué.
      Adriana de mi corazón, voy a echar de menos la pasión con la que vives todas las historias, pero en especial ésta.
      Mil besos, mi linda :D

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