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domingo, 28 de diciembre de 2014

La pasión de la espada, cap. V


LA PASIÓN DE LA ESPADA, CAP. V
Por Selene Ruiz de Vivar

El palafrenero murió aquella misma noche. Los aterrados habitantes del castillo hubieron de habilitar una parte de las caballerizas  para recluir allí a todos los que habían estado en contacto con él, incluyendo el ayuda de cámara del rey. En el patio se colocó la pira funeraria del desdichado caballerizo. El resto se refugió en el atestado Salón del Trono,  antiguo testigo de bailes y fiestas, que poco a poco iba perdiendo su lustre. Todo el mundo se afanaba en trabajar incansablemente hasta que llegó un momento en que no había nada que hacer, salvo esperar. Las muertes fueron sucediéndose con tal rapidez que los sirvientes y criados no daban abasto a transportar cadáveres al patio de armas. Además muchos se negaban siquiera a acercarse a los muertos.
Curiosamente la enfermedad no parecía afectar tanto a los antiguos esclavos que habían venido en los barcos para ser vendidos en Suburbia, barcos que habían sido requisados por orden del rey y ante la imposibilidad de devolverlos a sus lugares de origen, se había terminado por emancipar a todos ellos, librándolos así de su penoso destino. Muchos habían quedado como sirvientes en el castillo al no tener adónde ir. Su procedencia era variada: había negros, hindúes, nórdicos y eslavos, y muchas mujeres entre ellos, reclutadas para ser vendidas a los burdeles. Ellos se ocupaban de los cadáveres y estaban exhaustos por el contacto diario con la muerte.
                La tarde que murió su ayuda de cámara, apenas un muchacho que llevaba dos años a su servicio y dormía en la habitación contigua a su cámara, William lloró de rabia, y encendió él mismo la pira. Vio las llamas levantarse hacia el cielo y se sintió extremadamente impotente contra esta injusticia de la naturaleza. Fue consciente de pronto de la insignificancia de la dignidad real y del dinero, lujo y oropeles, así como del resto de las vanidades humanas, que se le antojaron bagatelas. Llamó a Thomas a su lado.
                El barón también parecía inmune a la enfermedad. Había ayudado a transportar enfermos, les había dado de comer con sus propias manos, y sin embargo no se contagiaba. William contemplaba con admiración la humanidad de su amigo pero se encontraba demasiado cansado para hacer lo mismo, para siquiera aproximarse. Le dolían las manos por haber estado acarreando toda la tarde ramas y troncos para la pira. Empezaba a escasear para calentar las chimeneas y era imposible calcular cuánto durarían el agua y los víveres. Se sintió repentinamente mareado. Thomas se acercó con su bello rostro contraído por la alarma.
—¿Os encontráis mal, mi señor?—dijo acercándose lo más deprisa posible, pero a duras penas le dio tiempo a sostener al rey, que se desplomaba.
—¡Llamad al físico! —tronó el angustiado joven tomando en brazos a su rey y llevándolo a toda prisa al castillo. Se sorprendió de lo liviano de su peso en un hombre de tamaña altura y voló hacia el interior sin pensar en otra cosa que no fuera salvarlo.

              William se despertó en su lujoso lecho, rodeado de cojines. Llevaba puesto sólo un pantalón y una ligera camisa de dormir de batista y seda. El físico y dos sirvientas estaban a su lado. Echó de menos a Thomas a quien recordaba a su lado poco antes de perder la conciencia, y preguntó al médico por él con voz apagada.
              —Perded cuidado, Sire. El barón ha estado todo el tiempo a la cabecera de vuestra cama pero se ha visto obligado a bajar al Salón del Trono. Cortesanos y sirvientes han entrado en pánico cuando se ha corrido la voz de vuestro desmayo y se han congregado todos allí, armando un gran tumulto. Su Excelencia ha tenido que poner orden. Al conocerse que lo vuestro no era de cuidado se ha improvisado una especie de fiesta, dentro de lo que las circunstancias lo permiten—el físico se interrumpió, circumspecto—. Señor, no hagáis ademán de levantaros. Os he suministrado un fuerte opiáceo.
William hizo caso omiso y se incorporó bruscamente, consiguiendo solamente que la cabeza le diera vueltas. No se sentía plenamente despierto y le martilleaba la jaqueca, produciéndole  un dolor sordo, pero tenía la firme intención de bajar. Las protestas del médico no sirvieron de nada. Se quitó la liviana camisola de dormir y la arrojó a un lado. Salió de la estancia, tambaleante. Al pasar por delante de la recámara de su antiguo asistente sintió una indefinible sensación de angustia y una sensación de escozor  en los ojos. Se dio cuenta de que su torso estaba desnudo y tomó su capa de armiño que su ayuda de cámara se encargaba de vestirle como última prenda los días de audiencia y recepciones. Bajó las nobles escaleras con toda la dignidad que su estado le permitía. Comprobó que los músicos de la corte estaban tocando. Le pareció reconocer una melodía de violines que recordaba haber oído cantar a las esclavas manumitidas, en una antigua lengua que no lograba descifrar.
                Al entrar en el Salón, una sensación de irrealidad se apoderó de él. No se sentía rey en ese momento, sino uno más entre esa humanidad doliente, deseando sobrevivir a tanta destrucción, buscando todavía una vía de escape para huir del horror. La corte se había vuelto libertina, de eso no cabía duda, pero había razones poderosas, inconscientes, que la racionalidad no podía entender ni abarcar. No quería juzgar, sólo dejarse llevar por la alegría momentánea de estar vivo en ese preciso instante. Las cortesanas y las antiguas esclavas ofrecían sus favores por doquier, sin los diques que el decoro hubiera impuesto en otras circunstancias. William se aproximó a su trono pero no lo ocupó, dedicado a vagar sin rumbo.
 Su conciencia se hallaba tan obnubilada que respondió al beso de bienvenida de una esclava de origen nórdico, de pelo casi albino, mientras otra de color le acariciaba por detrás. Sus lenguas se encontraron y juguetearon brevemente. William no quería pensar, sólo sentir: sentir que estaba vivo, que la sangre caliente fluía por sus venas. Thomas lo vio de lejos y soltó su espada, que ya no era necesaria, pues el tumulto había cesado, dando paso a una vorágine de comportamientos inesperadamente erotizados, vividos  como liberadores, como catárticos. Tomó el laúd de uno de los músicos y comenzó a tocarlo furiosamente, sin querer mirar nada más ni involucrarse en aquella espiral de búsqueda enfervorizada del placer.
                 William se sentó en su trono, mareado. Sus sirvientes y cortesanos le rodearon sin distinguir raza ni sexo. Los besos se sucedían sin excluir a nadie y todos buscaban complacer al rey, hombres y mujeres dispuestos para el placer. William se besó con la antigua esclava negra y con una cortesana cuyo rostro recordaba aunque su mente no lograba encontrar su nombre.
Empezó a confundirlas con otras mujeres con las que había aliviado su soledad, lavanderas y campesinas. Un joven de pelo oscuro le acarició los hombros y depositó pequeños besos en los lóbulos de sus orejas sin encontrar resistencia por su parte. Sentía que su cara era zarandeada a uno y otro lado para obtener besos y caricias consentidas o robadas sin saberse muy bien dónde estaba la frontera. William se levantó como buscando a alguien. La atmósfera tenía un tono extrañamente azulado, como de ambiente congelado. Sintió que su corazón palpitaba más despacio, al borde del desplome. Varios de los presentes lo ayudaron a sentarse otra vez y comenzó de nuevo el juego que no se sabía cómo iba a acabar. Thomas ni siquiera miraba. Hacía rato que se había abstraído en sacar acordes de aquel laúd que se llevaba su rabia, su saña, sus deseos de marcharse de allí, de galopar sin descanso hasta llegar a las montañas.
El rey se dejaba hacer, en ese estado sin nombre entre la vigilia y el sueño, sin participar activamente del placer ni tampoco rechazarlo. Una mujer le asaltó la boca, recorriendo sin descanso su interior con la lengua. William lo vivió como una especie de saqueo. Mientras, un joven de raza indefinible desabrochaba los cordones de sus calzas y jubón. El monarca suspiró y se rindió sin oponer resistencia. El estado alterado de conciencia que le había producido la potente droga le producía una sensación de fatalismo que no se sentía capaz de remontar. Cerró los ojos mientras su boca de labios sensuales y carnosos era atrapada de nuevo por alguien desconocido.
       (Continuará)


5 comentarios:

  1. Vuelvo de nuevo a su Arcadia, Señora, para seguir la historia de estos hermosos caballeros y de su desdichado Reino.

    Pronto ha llegado la peste, y la niebla del dolor y la desesperación a cubierto las calles y los hombres. La danza de la muerte se mezcla con la lujuria más descarnada, y todo ello bajo el manto del terror y el deseo de aferrarse a la vida. Nada espanta a la muerte como el placer, por lo tanto es comprensible que el buen William, trastornado por el dolor y las drogas, se abandonara a la concupiscencia en su propio salón del trono. Su torso desnudo, únicamente cubierto por las pieles que simbolizan su dignidad como rey, sus labios arrebatados por otros labios sin resistencia... todo eso tuvo que ser para Thomas la más cruel de las torturas.

    (El paralelismo con el video de LWLYB no puede ser más perfecto. Amo ambos capítulos <3)

    La dejó con una reverencia, mi señora. No seguimos encontrando tras la huella de estos gentiles caballeros.

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    1. Mademoiselle Archange, cómo me gusta que me acompañe Vd en esta travesía. Sus comentarios son como música para mis oídos.
      Imaginarse lo que siente Tom es difícil...lo que es seguro es que servirá de potente catalizador... a veces me gustaría precipitar todo, pero la historia fluye a su propio ritmo...
      Hay cosas del video que todavía tienen que encajar...estoy en ello.
      Mil besos, amor de mi alma, y gracias por venir a visitarnos al reino de la fantasía ♥

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  2. No me perdono por pasar tan tarde a comentar, no daré excusas así que mejor me pongo a ello.
    Me siento como el verdadero Tom Kaulitz al decir en una entrevista que él no podía ver el vídeo de LWLYB porque para él era perturbador ver como Bill era besado...y lo mismo le sucede a nuestro barón ante semejante espectáculo que se desarrolla ante sus ojos y que a él no le queda más que remedio que presenciar (aunque eso es masoquismo puro porque si yo fuera él ya me hubiera ido) y nuestro rey afectado por las drogas solo se deja complacer...*se larga a llorar*
    Me encanta como relatas los acontecimiento tal como si estuviera viendo el video.
    Oh pobre barón que no sabe que inconscientemente a quién el rey busca
    es a él aunque imagino que tampoco el rey se ha dado cuenta de ello.
    Me tienes intrigada con lo que pasará después ¿se dejará llevar el rey ante esas nuevas caricias o Thomas hará por fin algo?
    Feliz año mi guapa Selene, que las bendiciones te lleguen a mil♥

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    1. Tú no tienes que perdonarte nada, mi adorable Adriana; no olvides que nada de esto estaría pasando de no ser por tu insistencia, así que no te imaginas cuánto te debo, porque estoy disfrutando mucho haciéndolo.
      Tú me entiendes de maravilla, ya que efectivamente en Behind the scenes la incomodidad de Tom es más que manifiesta y luego lo verbalizó claramente, que se sentía superincómodo... no sufras por el rey, no ha llegado a mayores con nadie, mi mente fluffy no podría soportarlo.
      Es un gran placer leer tus comentarios y comprobar tantas afinidades ♥ love U

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  3. “…que la racionalidad no podía entender ni abarcar…”; aun con esta advertencia, has escrito espléndidamente el episodio que inspiró tu historia  Bill es el rey (también en el video XD), es la figura central, es el objeto de adoración y complacencia de quienes le rodean, mientas que Thomas está aislado de lo humano, entregándose a la música como única pasión. Bill y William “están y no están”; Thomas está, y desaprueba…

    “Las cortesanas y las antiguas esclavas ofrecían sus favores por doquier, sin los diques que el decoro hubiera impuesto en otras circunstancias”. Añadiría: sin los diques que el propio Estado (en manos del rey) hubiese impuesto; anotación acertada para “explicar” esa diversidad racial y de género que vemos en la escena. Desde que vi el video por primera vez me referenció lo que pudiese ser más una tribu que un grupo de chicos reunidos para el desenfrene XDDD

    Un abrazo de felicitación a la escritora!!! Besos!

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