Por Selene Ruiz de Vivar
–Sed
bienvenido—los ojos del rey de pronto también sonrieron—querido Thomas.
Su sonrisa iluminó por un momento la estancia
ligeramente ennegrecida por el humo de los candelabros. Era invierno, la parte
del año con menos luz natural, y las chimeneas estaban encendidas. A los pies
del trono reposaba el lebrel preferido del rey, un hermoso braco de pelaje
blanco y negro de majestuosa alzada, que se hallaba dormitando.
El rey se levantó y bajó las escaleras
forradas de terciopelo carmesí de su estrado, en un gesto que se reservaba a
los invitados unidos por lazos de parentesco o a los más honorables. Para
sorpresa de toda la corte, se acercó a su amigo y le abrazó sin
contemplaciones. Will sentía su corazón sobrecargado. De pronto le pareció una
carga muy pesada la corona, su paternidad temprana, los años de soledad. Deseó
volver a tener doce años y correr con Tom hacia los portones del castillo abierto,
cruzarlos ante la mirada horrorizada de los alabarderos que no habían podido
evitarlo y temían ser castigados si algo le ocurría al príncipe. Se vio a sí
mismo contemplando el foso que rodeaba el castillo y lo hacía inexpugnable, con
Tom al lado. Se le antojaron los momentos más felices de su vida. Recordó no
haber deseado ninguna otra compañía. Y de pronto, había llegado la adolescencia
y su vida se había llenado de obligaciones, de horas de aprendizaje y de
sentido del deber. Y finalmente Thomas había sido requerido por su padre para
volver a su castillo de las Tierras Altas.
El
rey sintió que una emoción excesiva lo embargaba y se contuvo, ejerciendo un
férreo control sobre sí mismo que era una segunda naturaleza en él. Se dio
cuenta de que todavía estaba enlazado a su amigo, que sonreía, y deshizo el
abrazo.
—¿Habéis encontrado los aposentos a vuestro
gusto, Thomas?
—Demasiado lujosos
para mí, mi Señor. En las montañas no usamos sábanas de hilo ni camas con
baldaquino—respondió Thomas faltando ligeramente a la verdad por el momento de
azoramiento, ya que la cama de su cámara en Loitsche tenía un hermoso dosel. La
verdad era que se encontraba en estado de agitación por el prolongado abrazo y
contestaba sin pensar demasiado lo que decía.
—Thomas,
hoy compartiréis la mesa con nos—un murmullo recorrió el atestado Salón del
Trono, los cortesanos sorprendidos de la gran deferencia con la que el rey
trataba a su amigo—
Los amigos se
dirigieron al comedor acompañados del lord chambelán y de numerosos sirvientes
y pajes, y seguidos de cerca por el lebrel, que se había desperezado y movía la
cola animadamente.
Se sentaron a una mesa rica y lujosamente
aderezada, ya dispuesta con abundante caza mayor y frutas exóticas traídas por
los barcos que habían traído también la desgracia a Suburbia. Los jóvenes se
sentaron a la mesa, ocupando el ilustre recién llegado el lugar de honor a la
derecha del monarca.
—Hay tantas
cosas que deseo oír de Vos, Thomas. Contadme.
El joven iba a
responder cuando el lord Chambelán terció, obsequioso, y también algo molesto
porque la atención del rey estaba totalmente desviada hacia el noble montañés.
—Llegaron
credenciales de Loitsche para la petición de mano de la condesa Sommerfeld en
nombre del barón, Sire—dijo el chambelán, deseando sentirse útil y pronto en
informar al rey. Era un hecho que estaba entre las obligaciones inherentes a su
cargo y procuraba cumplirlo puntillosamente.
El rey sostenía un racimo de uvas en una mano
y una copa de plata delicadamente cincelada en la otra, llena hasta el borde
del mejor vino de las bodegas del castillo.
–Lamento comunicaros
que no podré concederos la mano de nuestra amada prima—replicó el rey, clavando
los ojos en un asado de faisán que tenía delante de sus ojos y evitando mirar a
su invitado—Ha sido prometida ya al conde Claster.
El Chambelán
tosió violentamente. Nada ocurría en la corte sin que él lo supiera, y ésta era
la primera noticia que llegaba a sus oídos acerca de este tema. Sintió que
enrojecía de la impresión.
Thomas miró a su rey
tranquilamente, aunque sin poder evitar a su vez cierta sorpresa.
—¿Con Alexander? ¡Pobrecilla! —no pudo evitar
exclamar
Alexander
Claster había sido el tosco compañero ocasional de juegos de los dos jóvenes.
Thomas lo recordaba como un jovenzuelo grandullón y de movimientos bastante
torpes y pesados y cuyo mayor peligro en los torneos era que se te cayera
encima y te quebrara todos los huesos. Sintió una tibia piedad por la joven
destinada a ser su esposa, pero su orgullo no se resintió en absoluto.
—Si….sire—
farfulló a duras penas el chambelán. El rey lo hizo callar con un gesto
autoritario de su regia mano, cuajada de anillos.
—Estoy al
servicio de Vuestra Majestad—respondió el joven noble, recompuesto ya de su
sorpresa—La verdad es que el hecho supone una liberación para mí. La petición del enlace fue idea de mi padre Gordon antes de morir, pero yo—y al decir
esto clavó los ojos en su rey, desafiante— deseo elegir a la persona que
comparta mi vida por mí mismo.
Por segunda
vez en la noche, las miradas de ambos hombres se entrelazaron, mientras las
llamas de las velas brillaban en sus pupilas. Las palabras del joven podían
disculparse por su inexperiencia de la vida en la corte, pero eran un desafío
en toda regla. Nadie con el rango de noble contraía matrimonio en la corte sin
la autorización del monarca. Era un modo de mantener el control de los nobles y
barones con aspiraciones excesivas de poder,
que habrían podido reforzar con estratégicas alianzas matrimoniales. William
sabía cómo frenar la ambición de su
nobleza más díscola y asegurar la estabilidad de la corona.
—Confío en que
sabréis actuar de la manera más juiciosa– el rey miraba en ese momento a su
interlocutor con acerada dureza.
—Siempre me
tendréis a vuestros pies, Señor, y pronto a obedeceros en todo—contemporizó el
joven noble, aligerando la tensión del ambiente en la que no ayudaba nada la
mirada horrorizada que el chambelán le había dirigido al oír la inicial osadía.
La mirada del rey se suavizó.
—Ojalá
vuestros deseos puedan ir parejos a vuestras obligaciones—contestó el rey, al
que una sombra de tristeza le nubló el rostro al pensar en sí mismo.
Lo cierto era
que su decisión era muy generosa y que había pensado en la felicidad de su
amigo al tomarla. La condesa Sommerfeld, prima lejana del rey, era una de las
damas más casquivanas de la corte. La verdad era que el enlace tampoco habría
aportado al hermoso montañés una señalada alianza ni una posición en la corte
mejor de la que ya tenía. William miró a Thomas y pensó vagamente en
recompensarle de este aparente desaire. El joven sorprendió su mirada y sonrió. Will, aunque avezado
en mil devaneos cortesanos, se ruborizó como un muchacho. Al darse cuenta de ello
miró para otro lado, intensamente avergonzado.
—Condenado
Thomas—pensó para sus adentros—me vengaré de Vos.
El lebrel
saltó, consciente de que el instinto de cacería de su dueño se había
despertado.
(Continuará)

Buena jugada del rey William. Al menos ahora sabemos que Sir Thomas no tenía interés romántico en la condesa.
ResponderEliminarMe parece (aunque puedo equivocarme) que sir Thomas tiene algo más claros sus sentimientos que nuestro querido monarca. Al menos es lo que me pareció ver en su mal comprendido "desplante" sobre su deseo de escoger por si mismo con quien compartir su vida.
Si esas miraditas continúan tendremos un incendio en la corte antes del primer roce.
Ojalá que nuestros héroes tengan espacio para el romance en la época tan convulsionada que les ha tocado vivir. Aunque es en las crisis cuando las personas se atreven a luchar por aquello que realmente mueve su mundo.
Me da gusto que las actus sean seguidas, porque los capis se me hacen cortos.
Hasta el próximo chap. Bxs, Haru.
Haru querida, desde luego Thomas parece mucho más dueño de la situación. El rey está tan sorprendido como si no se pudiera creer que va a ser arrastrado por una pasión (además, largamente diferida y casi podríamos decir semienterrada) pero esto va a ser una verdadera tormenta en el desierto. Cuando llegue el momento, tendrá que ser honesto :D Besos, reina.
Eliminar¡¿Ria y Alex?! XDDDD Eso tengo que verlo!
ResponderEliminarDisculpa Sele, no pude evitarlo XD, queda pendiente hacer mi comentario en forma.
¿Te los imaginas? jajaja xDDDDD
Eliminar“¿Con Alexander? ¡Pobrecilla!” ¿Pobrecilla? Pero si era “una de las damas más casquivanas de la Corte”! XDDD Pobre de Alex!!! Enorme cornamenta le saldrá desde la noche del casorio! XD
EliminarJajajaja, pues Will no se va por las ramas: “El lebrel saltó, consciente de que el instinto de cacería de su dueño se había despertado.” Me fascinan tus cierres de capi!!!
Jajajaja. Gracias!
El tiempo parece volar entre un capítulo y otro, al igual que las miradas cargadas de sentido entre nuestro querido rey y su hermoso y noble amigo.
ResponderEliminarReconozco que he lanzado un suspiro de alivio cuando William, ejerciendo sus atribuciones reales, ha "liberado" a Thomas de su obligado compromiso. Tengo la sensación de que esto va a crear más de un problema en el futuro, pero también abre las puertas a la explosión de un romance que ya parece incendiar el aire.
(La unión de la joven casquivana con el torpe amigo de la infancia, y su analogía con el mundo más allá de Suburbia, me ha hecho mucha, mucha gracia ^ o ^)
Estaré esperando con ansias la continuación de la que ya es NUESTRA historia <3
Un grandísimo abrazo, cariño.
(Con permiso, quisiera añadir una pequeña recomendación: La lectura de la obra ganaría si pudieras cambiar la fuente del blog. Es demasiado dispareja y en algunas ocasiones se "pierden" los signos de puntuación, haciendo creer al lector que las oraciones están mal construidas, cuando no es cierto.
ResponderEliminarVersos, besos <3)
Efectivamente, Mi Archange adorada! ya lo habíamos hablado con Haru también, el hecho de que la fuente es totalmente inadecuada, algunos signos de puntuación totalmente ilegibles y no ayuda nada al lector. Luego están algunos retoques que tengo que hacer, pequeñas mejoras estilísticas, evitar algunas repeticiones...en fin, cosas de aprendiz. Es emocionante leer tus comentarios, y sí, estás para siempre dentro de esta historia ♥ ♥ ♥
EliminarOh mi Dios, tarde pero bueno las circunstancias así se dieron.
ResponderEliminarBueno, soy una persona, una lectora que se mueve conforme a los sentimientos que despierta una lectura y bueno dirás "¿ y a qué viene todo esto?" Pues viene a que quería dejar un comentario a la altura de la lectura, pero como dije me ganan las emociones y la verdad es que me vuelvo intensa para comentar y ni modos, te tocó Selene ser "presa" de mis delirios xD
¡lo sabía! A esa "señorita" de cascos ligeros le tendría que tocar un "señor" a la altura de ella y me da gusto que nuestra alteza haya tomado esa decisión de apartarla del camino de Thomas porque no era un matrimonio " ventajoso" para él. .. (ay aja, y yo hago como que le creo su Alteza su "bondad" cuando está más claro que eran por celos, no aceptados toda vi pero celos)
¿Ay su linda boca (cofcof) Sir Thomas, su linda boca de la cual salió esa frase de "desafío" para con William, pero me da la impresión que no es por la autoridad de William en esos menesteres, sino a que Thomas sabe que a quien quiere es a William como la pareja para despertar todas las mañanas junto a él♥♥♥♥
Ese juego de miradas, cargadas de tensión, de "dominio" y si el hermoso braco ha sentido una nueva pasión crecer en su amo, quiere decir que talvez William sea el que de el primer paso a algo que quizá todavía el no entiende bien y es su instinto el que lo llevará a descubrir lo que siente por el noble montañés. .
Todo esto relatado me hizo transportarme a uno de mis libros favoritos "Enemigos Apasionados"♥
Querida Selene, me pregunto si tendremos el gusto o mejor dicho William el hermoso el "placer" de conocer la cama con hermoso dosel al que haces alusión ¿tendrá su alteza la oportunidad (es) de sentir su comodidad y calidez *tose*
Espero leer mañana el siguiente capítulo!
Muakkkk♥