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domingo, 7 de diciembre de 2014

La pasión de la espada, cap II

Cap II  LA PASIÓN DE LA ESPADA
Sire—la llamada de atención de su chambelán le sacó de sus melancólicos pensamientos—la peste está llegando ya a los barrios altos de la isla…hay que pensar en poner a salvo al heredero. Es necesario salvaguardar el futuro de la dinastía.
                  Una sombra de preocupación ensombreció el rostro de William, que frunció el ceño, sombrío. Él nunca abandonaría la capital y los asuntos de estado, pero efectivamente era una imprudencia retener al príncipe en la corte. Tanto nobles como campesinos se estaban replegando hacia las montañas y en Arcadia se estaban dando ya los primeros disturbios: los ladrones y saqueadores habían comenzado a darse verdaderos festines expoliando y desvalijando los palacios abandonados incluso por los sirvientes.
 
Milord chambelán, haced llamar al barón Trümper inmediatamente—requirió el rey, apremiante—.
­                —No es necesaria la premura, mi Señor. El barón Trümper ya está aquí.
Los ojos de William the Handsome se posaron como águilas en el rostro arrugado de su mano derecha en la corte y brillaron por un momento.
                  —¿Cómo es que no tenía conocimiento del hecho?—inquirió—. Su tono era demandante y conminatorio, con un destello de ira controlada.
                  — Al parecer el barón desea casarse—respondió Milord Chambelán—ha venido a pedir vuestra autorización con vistas a obtener la mano de la condesa Sommerfeld.
El rey se removió en su trono, visiblemente molesto.
                 —No entiendo cómo alguien puede pensar en bagatelas así en un momento como éste—la silla del trono rechinó bajo su peso y la madera de cedro de los reposabrazos delicadamente torneados y preciosamente labrados emitió un ruido sordo al ser golpeada por las poderosas manos del rey, cuyos nudillos de repente se habían vuelto blancos—. Ensillad mi caballo—ordenó de pronto el rey, dirigiéndose a sus palafreneros.
                —Sire, es peligroso salir, el aire inficionado del puerto ha invadido ya la ciudad…Además los embajadores del continente y los nobles ya están esperando la audiencia de esta tarde…
—¡Ensillad mi caballo!—tronó el rey, con un tono que no daba lugar a réplica alguna. El Chambelán se retiró haciendo una larga reverencia, sin dar la espalda.

                 William the Handsome cabalgó durante horas con el rostro convulsionado sin importarle el viento helado de frente, hasta que los bofes de su caballo parecieron exhalar humo, hasta que  el noble animal casi cayó reventado por la presión inhumana que las bridas ejercían sobre sus exhaustos pulmones. William cabalgaba ya de vuelta pero no por ello más apaciguado.  Al notar lo que había hecho a su cabalgadura desmontó en un claro de los bosques que circundaban su castillo y acarició los flancos del animal, que se revolvió agradecido. William apoyó su frente sobre uno de ellos y lloró amargamente por Henry, por el viento infestado, por la desgracia de su pueblo. O eso creía. Había un lamento encerrado en su pecho al que su mente confusa no atinaba a poner nombre.
  
                 Los embajadores y los nobles barones de la periferia y la costa departían en corrillos en la sala contigua al Salón del Trono. Rarísimas eran las ocasiones en que se había roto el protocolo en la corte de Suburbia; de hecho, no se recordaba algo así desde el nacimiento de Henry, que había decidido venir al mundo impetuosamente obligando a su regio padre a interrumpir las audiencias: un hecho fausto que por desgracia pronto se había tornado luctuoso al morir poco después la reina de fiebres puerperales, que no distinguían entre la más humilde choza de pastores y el más alto de los palacios. Thomas Nicholas Trümper sonreía, ajeno a las miradas de admiración de las damas de la corte; cuando había cruzado casualmente la mirada con alguna de ellas sus sonrisas complacientes le habían hecho entrever una constante promesa de paraísos terrenales y satisfacciones sensuales, pero su mente se encontraba lejos de desear algo así en ese momento. A diferencia de otros nobles que sólo pensaban en guerrear— y en su tiempo de solaz holgar con sirvientas y campesinas—, Thomas, educado de forma refinada junto al príncipe en la corte de Suburbia, dedicaba su tiempo libre a la meditación y al estudio; un comportamiento por demás inusual entre los nobles de su época. Estaba escribiendo una relación de los grandes hechos y gestas de los barones de las montañas que creía  le haría pasar a la historia de los grandes cronistas del país; además también componía poesía cuando sus múltiples obligaciones se lo permitían, pero de nada de eso se les daba un ardite a las damas de la corte, que sólo veían su magnífico cuerpo bronceado por largas horas de ejercicio para los torneos y su rostro de hermoso perfil  enmarcado por sus largos cabellos oscuros y una incipiente y varonil barba. El lord Chambelán apareció rodeado por los alabarderos, que hicieron chocar sus metales, dando a entender que comenzaba la audiencia. Pasaron en primer lugar los embajadores extranjeros, y en un tiempo que se le antojó larguísimo no pasó absolutamente nada hasta que oyó cómo se le llamaba a presencia del rey con la majestuosidad que exigía el protocolo.
                —Su Excelencia el barón Trümper, señor de las montañas de Loitsche—anunció el maestro de ceremonias—
                Thomas Trümper avanzó seguro de sí mismo, con la prestancia de su juventud y su armónico y bien proporcionado cuerpo ejercitado en mil torneos, consciente de estar atrayendo todas las miradas y sin ceder un ápice de toda su dignidad de noble recién llegado a la corte, donde esperaba ser muy bien recibido después de su larga a ausencia. Al llegar a las escaleras del trono, hizo una profunda reverencia que duró un segundo más de lo estrictamente protocolario.
—Majestad, es para mí un honor…–exclamó, levantando a continuación sus ojos en dirección a su rey, pero también amigo, sonriendo.

William lo miró fijamente, lamentando en su interior, sin saber por qué, que su dulce
Thomas hubiera adquirido con los años un aspecto tan llamativo. Y es que la corte con la súbita aparición de la peste era presa del miedo, y el pánico a la muerte inminente estaba dando lugar a comportamientos cada vez más procaces y libertinos, perdiendo el miedo y el control de cualquier tipo de freno religioso o moral. El rey temió por su amigo en una corte que cada día que pasaba se volvía más y más abyecta.
    
                 —Sed muy bienvenido, Barón—William sonrió; al punto ambos sonrieron al unísono y sus miradas se entrelazaron como dos espadas afiladas.
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                                                     (continuará)


11 comentarios:

  1. ¿Porqué la bruja fea tuvo una estar aquí también? *berrea y hace berrinche como niña? Buen mozo y apetecible Barón Trumper, ¿porqué esa tan desatinada opción?... siendo tan perfecto ejemplar de un hombre adiestrado en combate y sumado una gran inteligencia y sensibilidad artística ¿porqué elegir a esa? ....
    Tal parece que a William el hermoso ha empezado a sentir algo que llamamos como "celos" aunque al parecer él no descubierto el porqué de esa sensación, de ese malestar al saber su amigo planea casarse y luego con esa que en lugar de condesa debo ser cortesana (sí me cae mal)
    Querida Selene y ya que la peste está rodeando el reino, no podría la "condesa" contagiarse de eso y salir rápido de la trama?
    Los amiga se han encontrado y se han mirado de una forma muy profunda y me hace preguntar ¿cuáles son los deseos y pensamiento del barón Trumper?
    Un placer la lectura aunque me hayas hecho sufren con la mención de no tan grata fémina e.e
    Besos y esperaré ansiosa el reencuentro entre William y Thomas

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    1. Mi Ady bella, veo que compartimos algunas fobias :D no sufras en demasía: hay personajes cuya breve aparición en la historia se justifica porque ejercen de catalizadores de pasiones latentes, dormidas o ignoradas... no me resulta una figura lo suficientemente inspiradora más que para esta intervención fugacísima; está así pensado desde el principio. Tus comentarios encendidos son un placer de lectura xD jajaja. Besos y gracias ♥

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  2. Buenas tardes dignísima dama!!! Tenga a bien vuestra merced concederme la gracia de recrear mis pupilas con tan delicado y refinado relato. Desde ya infinitamente agradecida estimadisíma milady-se retira haciendo caravanas-

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    1. Buenas tardes, hermosa Kätzchen: qué placer verte por aquí xD. Me ha arrancado una gran sonrisa un comentario tan inspirador :D
      Si Vd lo desea la etiquetaré :) Siéntase libre de venir siempre que quiera :) Un beso.

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  3. Bien dicen que las desgracias nunca vienen solas.

    Junto a la amenaza cada vez mas cercana de la peste y la consecuente crisis moral del reino, el rey William debe enfrentar a un dolor que lo atenaza sin tener él mismo muy claro (o negarse a comprender) su origen.

    Habrá que esperar para saber cuales son las verdaderas motivaciones tras el sorpresivo anuncio de boda, en una época tan turbulenta. Por lo pronto aquél intercambio de miradas da pie para suponer que quizá los sentimientos que (suponemos) alberga el soberano son correspondidos, si bien se ignora si con la misma intensidad.

    Temo por el rumbo que está tomando la historia, espero equivocarme y que no haya un final trágico.

    Haru.

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  4. ¡Haru querida! Es verdad que las cosas son complicadas y los sentimientos son antiguos y arraigados sólo que sus dueños, por increíble que parezca, no los han reconocido.
    No sé si te sorprende que ni yo conozco el rumbo que tomará la historia. Tengo la sensación de que los personajes han cobrado vida y que la historia se escribe sola. No sé si a ti, que eres una escritora de más largo recorrido, te pasa lo mismo.
    Un beso y muchas gracias :D

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    1. ¡Me pasa exactamente lo mismo! Una les da vida y luego ellos siguen sus propios derroteros, (y anda a intentar que hagan o digan algo que no sea de su gusto, porque se encargarán de hacerte saber su desagrado).

      Entonces el futuro de nuestros amantes ¿Platónicos? será una sorpresa para todas. Aunque su destino sea aciago, aquí estaremos para acompañarlos.

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  5. Haru: de platónicos nada XDDDD :D esto lleva camino de que cuando los sentimientos afloren a la conciencia el tema físico sea como la rotura de un dique xD

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  6. Querida mía: aunque las vicisitudes de la vida me han tenido apartada de vuestro encantador reino, aquí me tiene rindiendo pleitesía de nuevo a vuestra delicada fantasía caballeresca.

    Esperando con el corazón inflamado de ilusiones que al fin se crucen entre el hermoso rey y el varonil conde algo más que afiladas miradas, beso vuestra mano y vuelvo a mi morada, deseando regresar pronto a la que también siento mi particular Arcadia.

    *Reverencias y besos en la lejanía*

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  7. Y al concluir el arranque de ira, William -The Handsome- llora su confusión… ¡Bagatelas!, precisamente eso son los esponsales del aspirante a cronista.  ¿Pero por qué con esa condesa? XD ¡Por Dios Sele! ¡Qué acertada! :D

    Me ha llamado la atención el último párrafo en el que explicas el porqué del comportamiento “degenerado” de la Corte. Pienso que en realidad el temor no era en sí a la muerte (como la concibe el cristianismo medieval), porque además, habría que añadir que la edad promedio de vida durante la baja edad medieval oscilaba entre 45 y 50 años para los varones; un par de años más para las féminas. Creo que un motor que aceleró hacia una vida agitada que, además, estaba amenazada por enfermedades que al ser de origen desconocido se interpretaban más como maleficios externos –del “extranjero”-, fue la misma opulencia… Si, la famosa teoría del materialismo histórico…; el eterno ciclo decadencia-opulencia-decadencia… ¡Maldita dialéctica!

    Sele, es justo hacerte una confesión: con la lectura de tu historia he consultado más de lo debido el RAE, XD ¡Gracias por hacerme tan placentera la lectura! Besos!!! :D

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  8. XDDDDDDD mi Lia ahora caigo en que me han salido muy llorones mis héroes jajaja.
    Totalmente de acuerdo con que esta esperanza de vida anterior a la primera transición demográfica influye sobre la manera de enfocar la vida al ser el horizonte vital tan limitado. De hecho,-y esto es un spoiler brutal- es lo que había pensado como duración de la vida de William...en cuanto al materialismo histórico, efectivamente,se dará la dialéctica como tu perspicaz ojo de experta ya ha percibido...a la prosperidad de Suburbia le va a repercutir muy negativamente esta mortalidad catastrófica producida por la epidemia.
    En cuanto al diccionario, dudo que lo necesites jajaja xD a mí me pareces un verdadero lujo...besos, me alegra tanto verte por aquí :D

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