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domingo, 30 de noviembre de 2014

Totally caught (Oneshot)





                                             TOTALLY CAUGHT   

                                              por Selene Ruiz de Vivar

                         

                                                                          Nobis cum semel occideret brevis lux…



                 Estaban en París, buscando localizaciones para el videoclip de lo que iba a lanzarse como su primer single. Apuró su vodka solo, sonriendo para sus adentros. El alcohol corría por sus venas, desinhibiéndolo y haciendo que se sintiera libre. No era tan malo, después de todo. Al fin y al cabo, todo acababa en esta vida; y precisamente ésa era su belleza, el carácter efímero y  pasajero de muchos de los acontecimientos de la existencia que en su momento fueron vividos y percibidos como de desmesurada importancia. Se habían hecho mayores y ya no habría tenido ningún  sentido seguir viviendo reconcentrados sobre sí mismos: en eso consistía ¿no? el secreto de la perpetuación de las especies: uno abandonaba a su propia familia, la seguridad del nido, y volaba a cortejar y aparearse con hembras a cielo abierto mientras alrededor estallaba la primavera…
  

       La seguridad del nido…recordó con un punto de nostalgia cómo eran: dos personas idénticas viviendo dentro de su propio sueño, arrojados a la vorágine de la fama, nadando entre tiburones, rodeados por la locura desenfrenada de sus jovencísimas fans. Recordó el concierto multitudinario que había tenido lugar a poca distancia de donde se encontraba en ese mismo momento, los momentos de emoción y gloria, lo orgullosos que se habían sentido, cómo la adrenalina corría por sus venas como la más potente y tóxica de las sustancias prohibidas cuando volvieron al hotel; y cómo al dirigirse a sus habitaciones contiguas le había agarrado por el brazo y empujado al interior de la suya, cómo apenas había dado un puntapié a la puerta para cerrarla y ya le agarraba de la cabeza apoderándose de sus labios húmedos como una fruta fresca…sintiendo la excitación de su propia dominación que le redoblaba las fuerzas como una auténtica voluntad de poder.
     Cuando se había dado cuenta de sus sentimientos se había apoderado de él una sensación de pánico de la que sólo se sentía libre en el escenario. Lo que en un contexto ordinario se habría vivido con culpa y vergüenza, escondido como un inaccesible secreto, salía de golpe a la luz y era armoniosa e intensamente coreado por miles de voces suaves que le hacían el efecto de cantos de sirenas y le inoculaban una sensación de euforia que derribaba hasta la última de sus defensas, prejuicios y barreras. Su amor emanaba como una fuerza del Universo y él se sentía vivo y sobre todo, se sentía él. De esta sensación (siempre acompañada del inevitable miedo a la pérdida), salieron las más bellas de sus composiciones.
   
      En su cerebro se posó el recuerdo de la gloria de aquel cuerpo bello y desnudo. Casi sin transición apartó como pudo esos pensamientos de su cabeza, sonrojándose avergonzado. Se forzó a  pensar en otra cosa. Vinieron en su ayuda recuerdos de otra estancia en París en la que desde el balcón de aquel  mismo hotel había enseñado a un diseñador extremadamente famoso de su país la explanada testigo de su antiguo y multitudinario éxito. Quinientas mil personas habían coreado allí su nombre y aquel pedante se empeñaba toda la noche en ningunearlo sacando a paseo su título de Licenciado en Psicología por Braunschweig y preguntando insistentemente por su currículo académico hasta forzarlo a reconocer que sólo había tenido tiempo de graduarse en la secundaria. Insufrible tipo; no callaba, su logorrea no tenía fin. Haciendo gala de su vena más masoquista, se había avenido a compartir con él un cigarro que había hecho arder a sus fans más aferradas. Su mente le traicionó haciendo que recordara lo solo que se había sentido en París sin su alter ego.
      Volvió a pensar de nuevo en el presente y en cómo las cosas estaban bien como estaban. Sí. Ahora eran adultos. Ya no había aquella imperiosa necesidad de cuidado, de protección del uno al otro. Esa necesidad física de verse, de estar cerca, de tocarse, siquiera fuera levísimamente, de quedarse prendido el uno del otro. Como adolescentes había sido bello, como hombres barbados habría sido otra cosa, con un punto incluso incómodo. Se revolvió en su silla, evocando aquella necesidad que había llegado a hacerle sentir enfermo y cansado, y, exorcizando sus demonios interiores, intentó olvidarse de lo adictiva que había sido para él.

       Pensó que él también debía, en este sentido, resolver su vida. Se contempló en las paredes forradas de espejo de la sala, sólo un momento. Su masculina belleza, el perfil perfecto, los ojos dominadores. No tendría ningún problema, como nunca lo había tenido. Cualquiera se sentiría privilegiado a su lado. Sus veinticinco años le habían esculpido magníficamente, convirtiéndolo en un ejemplar de hombre joven maduro y deseable. Desde su emplazamiento en el salón tenía acceso a unas vistas espléndidas de la ciudad a vista de pájaro.  Se sentía, hasta cierto punto, contento; incluso pletórico.



    Al girarse ligeramente, pudo apreciar cómo su hermano subía de la mano de aquella mujer. Intentó sonreír. Ella estaba muy arreglada y maquillada y él estaba, estaba… ¿cómo estaba? Su mente no logró precisar la palabra, simplemente porque no le respondía. En su lugar, era su estómago el que había tomado el mando. Le había dado un vuelco que en un primer momento no logró asimilar: le resultó incomprensible. Sentía ganas de levantarse, de expulsar todo el vodka que ahora le provocaba una molestia ardiente.
       
        Reconoció la sensación al poco tiempo porque era la misma, la misma de siempre; no cambiaba nada, y no tuvo más remedio que reconocerlo ante sí mismo. A pesar del alcohol, de los esfuerzos de autoconvencimiento, de los discursos de la perpetuación de la especie y el instinto de supervivencia…su estómago, su corazón, se negaban a seguir a su mente y sus pensamientos, y seguían dando un vuelco cada vez que veía a su hermano. La hermosa ciudad, la ciudad del amor, le regalaba una hermosa neblina azulada, mezclada con un olor a jazmín que parecía invitarle a disfrutar de la belleza y el placer. Le resultó tan irónico que estuvo a punto de escapársele una perversa carcajada que reprimió haciendo acopio de todas sus fuerzas. Su humor de pronto se desplomó.


        Se giró de nuevo tristemente y encendió un cigarrillo. Inspiró y exhaló fuertemente el aire de sus pulmones. Las volutas de humo se perdieron en la inmensidad del cielo de París mientras oía las risas ahogadas y los besos que aquella mujer le robaba a su reflejo.
    
         
 

       

2 comentarios:

  1. Oh! por dios! que bello y a la vez triste relato "Es mejor haber amado y perdido, que nunca haber amado"... esa frase tan conocida, se ajusta a tu escrito? Creo que si y siempre una pérdida es angustiante, dolorosa sobretodo si se ha amado por tanto tiempo y tan intensamente... :'( :'( :'(

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    1. Hola Kätzchen querida!!!! hasta hoy no había visto este hermoso comentario, para mí muy valioso!!!! síiiiiii se ajusta esa frase de Tennyson muy bien a esta historia, como un guante. La pérdida siempre nos acompaña, hasta el último día de nuestra vida. ¿Qué podemos hacer? Disfrutemos el momento, aferrarnos a los momentos de felicidad y buen humor. Un besooo, eres una lectora fantástica ♥

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