Advertencias: slash, AU, twincest no relacionado
La pasión de la espada
Por Selene Ruiz de Vivar
“Yo, William, Rey de la
isla de Suburbia por la gracia de los
antiguos dioses, defensor de la antigua religión, en cuyo seno deseo vivir y
morir, declaro ante el Notario Real mi decisión de que si se produjera mi
deceso en la batalla o los dioses decidieran llamarme a ocupar mi lugar a su
lado en las Islas Afortunadas, sea regente durante la menor edad de mi hijo
Henry Fitzroy nuestro muy estimado y amado barón Trümper, fiel compañero y defensor en el combate, que ha de
saber regir los destinos del reino como yo mismo, y cuando llegue el momento, entregar
el cetro a mi amado hijo. Es asimismo mi deseo que todos los deberes, derechos
y prerrogativas de mi real condición pasen a él como Protector y Regente del
Reino de Suburbia así como que se le entregue el honor y la responsabilidad de
cuidar de mi amado pueblo…”
Sumamente complicado—suspiró—evitar la palabra maldita…
Cierto—replicó el lord chambelán—peste, Sire, es una palabra que nadie
desea oír en la Corte.
Ha sido la mejor decisión mi proyecto de enviar a
mi heredero a las montañas—el rey casi hablaba para sus adentros—no puedo imaginarme perderlo también a él.
Los hermosos
ojos del rey se entristecieron y apuntó una lágrima que quedó suspendida por un
momento como una fugaz joya transparente.
La pacífica, casi
bucólica vida de la isla de Suburbia se había visto ensombrecida por la llegada de una mortífera
enfermedad transmitida por los barcos
que llegaban a puerto cargados de provisiones pero también de ámbar del Báltico
y piedras preciosas. William no podía dejar de lamentarse de que su reino, que
gracias a sus riquezas naturales había sido durante siglos autosuficiente,
hubiera alcanzado un nivel de prosperidad nunca conocido antes, que había
apuntado ya en vida de su padre, el rey Jörg, pero había alcanzado su culminación
en su propio reinado. Este hecho le habría debido hacerse sentir orgulloso,
pero en su interior lo lamentaba profundamente, pues su inteligente y acertada gestión de los asuntos del reino había
abierto las puertas a la necesidad cada vez mayor de lujo y ostentación de sus
súbditos, había atraído a codiciosos de toda índole y le había obligado a
reforzar las fronteras naturales de la isla con defensas hasta entonces
innecesarias por los escarceos y la piratería del resto de las islas del
archipiélago a las que la bonanza económica de Suburbia había llamado la
atención. Hasta entonces había sido una isla menor; su mismo nombre hacía
referencia a su relativa poca importancia para el resto de las islas y el
continente. El rey William, apodado cariñosamente Will the Handsome por sus
súbditos, que lo idolatraban, sentía con amargura en su corazón que sus buenas
intenciones y su inteligencia estuvieran dando estos frutos. Su fugaz
matrimonio concertado con una princesa del continente, a la que su buen corazón
había permitido amar tiernamente aunque sin excesiva pasión, había dado como
fruto lo que más amaba en el mundo, su hijo Henry. Por desgracia la reina había
muerto poco después de dar a luz, dejándolo en la más completa desolación, pero
espoleado por tener a una criatura a quien cuidar, a quien dar todo su amor. En
el lecho de muerte le había prometido a
su hermosa Margaret, cuya palidez ya indicaba que la Parca estaba a punto de
cortar el hilo invisible de la existencia, que cuidaría de su hijo hasta el final, empeñando su vida si fuera necesario. Cuando llegó la peste Henry tenía tres años y
su mayor diversión era jugar con su cariñoso perro, (un cachorro de bulldog inglés
que lo seguía a todas partes) y con su espada de madera, con la que gustaba de
emular las hazañas de su padre en los torneos. William era un consumado
espadachín y un guerrero famoso por su fiereza, pero también un poeta, un rey
con alma de trovador. Su madre, la reina Charlotte, había traído a Suburbia el
refinamiento del continente y había sido la encargada de proporcionar a William
una esmerada educación que incluía el francés, la música- el joven tocaba el
arpa y el clavicémbalo- y la lectura de los más exquisitos poetas del mundo. Para que su vástago no se sintiese solo había llamado a la corte a los
hijos de los levantiscos barones de las montañas. La brillante Charlotte
pretendía también, y de hecho consiguió, afianzar así la futura lealtad de los herederos
de las baronías para con su hijo Will. Los barones eran famosos por ser díscolos y salvajes,
pero en Arcadia, la capital de Suburbia, sus hijos se habían contagiado de las
maneras cortesanas sin descuidar sus obligaciones guerreras. El más destacado
de todos era Thomas Nicholas Trümper, el descendiente del más poderoso barón, el
sanguinario Gordon Trümper, antiguo rival de Jörg. Thomas había sido el mejor
amigo de la infancia de Will, el más avezado en esgrima-dominaba a la
perfección el sable, el florete y la espada- y también un consumado maestro que
tocaba a la perfección el clavicordio, el laúd y la viola da gamba, en la que
era un verdadero virtuoso. William se había sorprendido más de una vez a sí
mismo escuchando boquiabierto aquellas melodías que parecían provenir de los propios ángeles mientras miraba sin pestañear el instrumento
entre las piernas abiertas de su íntimo amigo, sin poderse creer que manos
humanas pudieran arrancar esos acordes.
La vida había transcurrido demasiado deprisa y de paso había ensimismado en sus obligaciones a William, que había contraído matrimonio muy
joven y se había visto obligado a asumir las tareas de gobierno siendo apenas
un adolescente tras la temprana muerte de sus padres, a los que siempre
recordaba como modelos a seguir, además de tener la íntima certeza de que no
había logrado en su breve y fugaz matrimonio la armonía de cuerpo y alma que
había envidiado en ellos y deseado para sí mismo: tener a su lado a alguien que
le ayudara a llevar el peso de la corona -a veces una verdadera espada de
Damocles sobre su cabeza- a la par que fuera compañía para su alma y fuego en
su lecho. Will se daba, (aun a despecho de su juventud), por desistido del
amor, ese regalo de los dioses.
(To be continued)


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Oh Dios, mi querida Selene.. ¡Qué bello escribes! No sé cómo definirlo pero me gusta tu estilo, tan rico, es como apreciar y tocar las diversas texturas.. te digo de antemano que ya me tendrás aquí.
ResponderEliminarUna historia de la época antigua, con Reyes, príncipes, la música, el ambiente de aquella época, las guerras propias de la misma pero también las enfermedades que llegaban a devastar localidades enteras. Y es aquí dónde en un reino se levantará una gran historia de amor, ¿quién me lo dijo? ¿un pajarito quizá? O quizá el intuir que al hermoso y noble Rey William no le es o será tan indiferente el barón Trumper...
Querida Selene, mencionas que Will es un joven Rey y aunque tenga un hijo fue por su matrimonio a temprana edad ¿podrías decirme por favor las edades y apariencias de los chicos?
En serio me has atrapado y agradezco de antemano el que te hayamos "obligado" a escribir y espero que tus musos no te abandonen en esta aventura por el Reino de Suburbia....
Besos y abrazos! ♥
Mi Ady adorada, eres extremadamente generosa y es por eso que te he dedicado la historia xD Las edades de ellos son más o menos las que tienen actualmente y sus apariencias las de LWLYB ya que todo nace de una especie de fogonazo que tuve con el video XD.
EliminarAl final hacerte caso ha sido un gran placer y me siento en deuda...besos, mi linda ♥
Bendita la hora en que te pedimos escribir, mi Selene. Extrañaba muchísimo el refinamiento, la exquisitez, la delicada sensibilidad que tienen todos sus escritos, hasta el más pequeño estado de facebook.
ResponderEliminarReyes gentiles, nobles y eruditos cortesanos, la pluma y la espada en un reino de belleza cercado por la enfermedad y la muerte. El planteamiento es hermoso, estoy deseando saber qué ocurre.
Y por supuesto, nuestra Arcadia como corazón de Suburbia. Cariño mío, no podía ser de otra manera <3 gracias.
Un beso ¡Aquí me tendrás en cada nuevo capítulo!
Mi Archange, cualquier alabanza que venga de ti, que eres grande entre las grandes, aunque no me la merezca la recibo con muchísimo alborozo. Un beso, mi amor, sólo espero que estés bien ♥ Tienes la dedicatoria y mi pequeño homenaje con el nombre de la capital de Suburbia, aunque ninguno sería suficiente para expresar mi cariño y admiración :)
EliminarSele, había tenido la fortuna de leer algunos pequeños trazos de tu pluma, pero con este fic, finalmente me has concedido el placer de introducirme entre tus redes mentales, entre la percepción de tu mundo con ese enorme bagaje que encierra tu memoria y tu experiencia de vida en comunión con los sentidos. De antemano gracias por compartir -un poco bajo presión- tu creación, tu representación. "La imaginación es la capacidad humana para formar nuevas ideas, nuevos proyectos, abrir puertas a mundos infinitos. Es mirar más allá de lo que nuestros ojos pueden ver. Es observar, escuchar, tocar, oler, degustar algo más allá de lo que vemos; es atreverse a lo invisible, a lo ausente para crearlo."
ResponderEliminar¿A quién si no es al ser más amado, le dejarías la enorme responsabilidad paterna de la vida, felicidad, poder y fortuna de tu vástago? :) Fascinante introducción a la historia..., ya me enamoré de ese Rey (bastó con definir su personalidad sin necesidad de describir su físico...) <3
Estoy preparada para una explosión de pasiones humanas, las propias de los tiempos de reinos y guerras, de hombres y mujeres valientes que luchaban por un trozo de tierra, por el poder, la defensa del honor y de los símbolos de pertenencia -aun sin existir Nación alguna-, en donde la mayor valía era contar con la lealtad y fraternidad incondicional de algunos entre un mundo de traidores.
Con el primer párrafo me hiciste recordar mis tiempos mozos, cuando leía a diario: "Sepan cuantos esta carta vieren..." Los registros notariales queretanos y guanajuatenses de los siglos XVII y XVIII XDDD
¡Espero con impaciencia el siguiente capítulo de Will the Handsome! :D De nuevo: ¡GRACIAS!
Este comentario, mi Lia, me veo casi incapaz de responderlo, porque me parece mucho mejor, mil veces mejor, infinitamente mejor, que cualquier cosa que yo pueda escribir ;_; pero bueno ¿qué se puede esperar?, eres una lectora de lujo, siempre lo supe, y siempre lo dije. Un beso muy fuerte, como digo eres un bien preciado que espero disfrutar siempre. :D
EliminarBueno, aquí voy.
ResponderEliminarDebo confesar que no me había atrevido a comentar, a veces me pasa que no se como poner en palabras las emociones que me despierta un texto.
Si finalmente lo hice fue porque resultaba injusto que, considerando lo mucho que lo disfruté, yo me quedara con esa sensación hermosa y no te lo hiciera saber. Un poco como un ladrón de galletas, que las saborea a escondidas, sin que nadie se entere y, desde luego, sin pagar.
Me gusta la manera en que las ambientado, el cuidado por los detalles (en especial el testamento del rey) y la forma en que se expresan, te transportan a la corte de Suburbia, hace todo mas creíble.
En principio creí que El rey William y el Noble Thomas (amé que usaras su "nombre completo") tenían una relación secreta, pero al final comprendí que no y me dio mucha tristeza, porque en medio de la crisis que viven ese amor (en el momento en que llegue a manifestarse) puede estar condenado de antemano.
Hay un solo detalle que me permitiré criticar, la fuente. Comprendo que va acorde al tenor del fic, sin embargo dificulta un poco la lectura. aunque eso se puede deber a que soy bastante miope. Pero lo solucioné copiando el texto en word y pasándolo a Arial.
Ha sido un placer leerte.
Haru.
Haru bella, me identifico totalmente con ese placer de lectora oculta porque lo he experimentado muchas veces. Si has visto la introducción, esta historia está dedicada a vosotras, a vosotras cuatro, ya que sin vuestro acicate ni siquiera habría nacido, a pesar de que rondaba en mi mente su esbozo mucho tiempo, prácticamente desde la salida del video.
EliminarRespecto a la fuente, tienes toda la razón, y he pensado varias veces en cambiarla. Por ejemplo, hace tan borroso el punto y coma que me deja algunas oraciones con aspecto de gramaticalmente incoherentes. Además, quisiera hacer algunos pequeñísimos, imperceptibles casi, arreglos estilísticos. Me ha alegrado inmensamente verte por aquí :D un beso enorme.