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lunes, 12 de octubre de 2015

La pasión de la espada, cap. XXIV

La pasión de la espada, cap XXIV
Por Selene Ruiz de Vivar

El chambelán cabalgaba nervioso ante la vanguardia de la tropa, sujetando al caballo por el freno sin conseguirlo del todo. Le estaba costando trabajo hacerse con el control de la situación; malditos bastardos, no le perdonaban su fulgurante ascensión en la corte ni su pasado como ayuda de cámara y camarero del rey, que había sido su función original en  Arcadia. Envidiosos, pensó con rabia, los haría azotar hasta la extenuación si pudiera. La situación se había puesto peor desde que habían llegado mensajeros enviados por el pueblerino aquel que hacía las veces de regente, anunciando refuerzos. Puesto que ya habían llegado a su destino, eso significaba que habían salido poco después que ellos. ¿Qué estaría tramando aquel corpulento gañán? Se revolvió inquieto, sintiendo las ardientes escoceduras de la entrepierna como si le llegaran a los huesos.
Enardecido por la calentura, se decidió de forma temeraria a hacer un último esfuerzo. Aunque su voz atiplada no ayudaba, la alzó sobremanera para hacerse oír hasta la retaguardia, adoptando un aire de autoridad que en él resultaba una cómica pose. Estaba lejos de su zona de seguridad, de los pasillos donde se fraguaban en la oscuridad las intrigas de la corte, y todo en él resultaba falso e impostado como las plumas de su casco.
—¡Soldados reales! Los trabajos de zapa para socavar las vías de agua no han dado el resultado esperado. Debemos trepar por las murallas y arrojar  teas ardiendo. Aunque muchos morirán, ¡no queda otra solución sino sacrificarse por el rey!
Un silencio gélido siguió a aquella imprecación. El chambelán se rascó en la silla las pústulas de sus heridas. Nadie se movió, salvo el propio segundón del rey agitándose en su silla.
—¡Perros! ¿Acaso tenéis la intención de vivir eternamente?—bramó fuera de sí.

—Lo que proponéis, aparte de suicida, es sumamente peligroso para la propia familia real—replicó uno de los caballeros.

—¿Es que no os dais cuenta de que para el rey es preferible morir que seguir secuestrado por quien ha intentado asesinarlo? ¡A saber a qué tipo de torturas y suplicios lo estará sometiendo ahora mismo! ¡No quiero ni imaginármelo! —su pensamiento rabioso se dirigió, sin quererlo, al otro tipo de torturas, mucho más placenteras, que estaría recibiendo el rey en aquel momento en el mullido lecho de plumas del barón. Sin duda lo estaba torturando, sí,  haciendo todo lo posible por retrasar su placer para hacer que gozara aún más y más y más, hasta el paroxismo. Apretó las piernas y las heridas lo quemaron, acrecentando su rabia. Viendo su liderazgo hecho añicos, si es que alguna vez había siquiera existido, se resolvió por otra solución bastante menos airosa.

—¡Perros cobardes, ya que rehusáis el combate, yo mismo iré al rescate de nuestro soberano, que, no dudéis, os hará pagar por esto! En dos lunas colgaréis todos de las almenas—anunció como un ave de mal agüero.

Entre las filas se extendió un murmullo de desaprobación que parecía presagiar una algarada. Presa de la indignación y sintiéndose acuciado por el miedo, se dio la vuelta, y cabalgó en torno a la muralla circular, desapareciendo del ángulo de visión de los caballeros. Pero en cuanto estuvo seguro de que ya no les alcanzaba la vista, en lugar del heroico rescate, se dio a la más vergonzosa de las huidas. Ya se las arreglaría para explicar aquello. Hasta ahora la suerte no le había abandonado, y si seguía siendo su aliada, todo saldría según sus planes, a pesar de estos pequeños inconvenientes. Pronto sería el único dueño de Suburbia y entonces sonaría la hora de su venganza.

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Bill reposaba sobre el lecho, entregado a mil pensamientos sombríos. Ni siquiera su cuerpo saciado tras las interminables horas de amor con el barón lograba darle descanso a su conciencia. Y sobre todo, le atenazaba la duda, convirtiéndolo en otro Hamlet, torturando su mente y su corazón hasta extremos impensables. Él y Tom se deseaban, se deseaban desesperadamente, de eso no cabía ninguna duda: sabía que Tom no fingía, no podía fingir aquella forma apasionada de entregarse. Pero al mismo tiempo estaba con una mujer, una mujer que lo había ayudado a escapar después de una tentativa de asesinato que todos juraban haber visto, incluso se había vinculado a ella sancionando su unión y concibiendo un hijo. Bill echó mano a su daga, de la que nunca se separaba. Miró hacia su compañero. El hermoso cuerpo de proporciones griegas mostraba sus miembros laxos por el descanso después de la larga lucha amorosa en la que habían sido sucesivamente cazador y presa. Cuando el joven se despertó, tenía la daga del rey peligrosamente cerca, presionando su yugular.

—Barón—dijo el rey, aproximando su cuerpo de modo que prácticamente quedó encima, sin soltar la daga. Thomas se quedó muy quieto. El arma era extremadamente afilada y se encontraba a menos de un milímetro de seccionar su garganta: un pequeño movimiento en falso podía ser fatal.

—Estaba tratando de ponerme en vuestro lugar, y averiguar qué se siente cuando se está a punto de matar lo que se ama. ¿Es tal vez una especie de liberación, Excelencia?

La daga bajó, rasgando levemente la carne. Un hilillo rojo apareció en la suave piel tersa, enardeciendo en el soberano unos instintos primitivos, atávicos, que incluso para él mismo resultaban desconocidos. La daga siguió su camino, esta vez sin herir, cortando los hilos de las calzas y la propia tela. La virilidad del barón quedó al descubierto, para colmo despertándose incluso en aquel momento de extremo peligro. Bill miró hacia abajo, sorprendido y satisfecho, y luego a su amante a los ojos. El barón volteó el rostro, avergonzado. El rey volvió a maravillarse de que su amante aún tuviera la capacidad de sonrojarse en momentos así, a pesar de que ya habían llegado tan lejos. Arrojó la daga al suelo y el tintineo metálico de su caída rompió brevemente el silencio. William atrapó el cuello de su compañero y su lengua se estremeció en el momentáneo contacto con la sangre. Sintió que la suya se acumulaba en otro lugar de su cuerpo mucho más recóndito.

—He estado a punto de cercenaros el cuello, Milord, y ni siquiera habéis intentado huir. Vuestra fuerza y rapidez podrían haber detenido mi mano. ¿Tal vez en el fondo deseáis que os mate? ¿Os excita la idea, Señor?

Thomas no contestó. Simplemente era incapaz de articular palabra. Se llevó la mano a los labios, intentando acallar un gemido. El rey bajó hacia su intimidad y la atrapó con la boca. En ese momento el joven se mordió la mano con fuerza, hasta hacerla sangrar. El olor de la sangre remozada llegó hasta el rey, que soltó momentáneamente su presa, pero con sus sentidos de depredador excitados.

—Nunca debisteis dar a nadie lo que era solamente mío. —dijo con una voz ronca y con matices desconocidos, aunque a Thomas no le pasó por alto el despecho e incluso la saña con que se estaban pronunciando aquellas palabras.

—Poniendo al servicio de otros lo que solo puede pertenecerme a mí —añadió el rey con rabia, y esta vez como hablando para sí. Por su mente  pasó, rápida como una flecha en el viento, la idea de matarlo allí mismo, dejando un pesado rastro de conciencia culpable. Volvió a su labor sin delicadeza, lo que hizo que su compañero profiriera un grito de dolor. Poco a poco el monarca sustituyó su fiereza por suavidad, de tal modo que los jadeos no tardaron en llegar, al principio casi inaudibles, luego imparables. Cuando el estallido del orgasmo era inminente, lo sujetó con fuerza.

—Bill, no seas cruel. Déjame venirme —suplicó el joven, agarrando la mano que lo impedía y sintiendo que se ahogaba.

—No— replicó el rey, implacable, y lo tomó con fuerza, sin avisar. Las embestidas del monarca a su caballero eran tan fuertes que el dosel de la cama de madera labrada empezó a temblar.  Se prolongaron tanto que Tom perdió la noción del tiempo y pensó que iba a morir allí mismo, sofocado por el cuerpo de su amado en medio de vaharadas de placer. Las columnas talladas de fuerte roble se agitaban como si fueran simples juncos mecidos por el viento.

—Lleguemos juntos—balbució el rey a punto de proferir un alarido ante la llegada del clímax más intenso de su vida. Ambos gritaron al unísono antes de que Bill se desplomara sin fuerzas, después de haber sentido en cada centímetro de su cuerpo que el placer lo atravesaba como un rayo, dejando correr su esencia por completo en el cálido interior de su apasionado amante, que le arañaba con fiereza la espalda. La sangre, aquella sangre que compartían , hizo su aparición de nuevo aquella noche en la espalda del soberano, como si quisiera unirse con la que había brotado del cuello de su hermano, como si protestara por haber estado a punto de ser derramada.
                                  (Continuará)






8 comentarios:

  1. No culpo a Bill, en absoluto. Actua movido por la irracionalidad de su pasión, que está nublada por la certeza (a sus ojos) de la traición reiterada. Podría parecer desquiciado, pero finalmente esta exteriorizando sus sentimientos, como el los experimenta, confusos y entremezclados. La pasión desmedida de la msno del deseo de scabar con la vida de aquel que tanto dolor le causó.

    Por otra parte, la huida del cambelan es en absoluto una buena noticia. Bill y Henry están a salvo bajo la tutelas del baron, pero el reino ha quedado a merced de las intrigas.

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    1. El problema de Bill ahora mismo, querida Haru, es que todavía no tiene en su mente el puzzle completo de lo que ha pasado; es como si sólo oyera algunos instrumentos de la orquesta y no la sinfonía completa, por eso está tan confundido, perdido, y airado. Luego hay otra cosa los sentimientos contradictorios y ambivalentes que están presentes en la vida de todos nosotros ante las cosas que no podemos comprender ni aceptar pero tampoco desasirnos de ellas.
      El reino pronto sufrirá una convulsión, un cambio, pero porque sea acéfalo aparentemente ahora mismo, no por eso es débil.

      Muchas gracias por leer. Esta historia no existiría sin vuestro empuje. Un beso :)

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  2. ¿acaso el Chambelán está infectado por la enfermedad? Si es así, eso sería justicia divina y lo tendría bien merecido por ser tan ruin y patán.
    Atendiendo a tu advertencia en el Facebook sobre no odiar o juzgar a su alteza, pues no, tampoco lo puedo culpar porque ante él hay "pruebas" de la traición de Thomas con la... con esa mujer. Más sobre el intento de homicidio no está tan seguro de ello y todo eso es un debate interno porque después de haberse amado como sólo ellos lo hacen (que me faltó descripción jeje, disculpa por "acorrentar" el comentario n.n) le entra ese terrible dilema y como no hay otra manera de expresarlo que no sea amandolo tan intensamente, tan desgarrador, tan pasionalmente que aunque no lo creas a mí me duele su situación.
    La sumisión de Thomas ante William es creo de las mejores muestras de amor que él le puede dar a Bill. Un amante entregado, pasional que no metería ni las manos aunque su vida esté en peligro y espero no equivocarme pero creo que Tom está esperando el momento adecuado para hablar de Bill sobre su "traición" con la mujer que creí lo haría mientras estaban en el lecho.
    Y me encantó la posesividad de Bill ante lo que es suyo...wooooow ese monólogo me dejó hiperventilando...es hora de que el rey reclame lo suyo!
    Besos querida Selene, si se me escapa algo vuelvo a comentar!

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    1. Mi Ady, el chambelán no es que tenga el cólera, es que está todo escocido de cabalgar jajaja el hombre no está acostumbrado a los esfuerzos xD y con todo el mundo deseándole lo peor de lo peor :)

      Comprendo que te duela ver la sombra que se interpone entre ellos incluso cuando se están amando ;; pero estos actos de amor yo los veo más como una tregua en su sufrimiento, por eso aunque con dudas son tan intensos y con una pasión tan exacerbada.

      Las revelaciones de lo que Bill aún no sabe tendrán que llegar y veremos por qué vía :D no puedo decir aún :) pero antes de lo que pensamos, eso sí.

      Es muy dulce estar tan bien acompañada en este camino por los bosques y castillos de Suburbia. Nunca te estaré lo suficientemente agradecida en esta vida de haber sido el "Hada madrina" de este bebé :D

      Y como sé que me acompañarás hasta el final me despido hasta dentro de muy poco...mil besos, mi linda ♥

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  3. ¡Podrido! Por dentro y por fuera... Si bien es cierto que la higiene no acompañaba a los guerreros durante sus campañas, se me antoja que el chambelán no era nada pulcro ni en épocas de ocio o displicencia XD No quiero imagina a qué olía! XDDDD Y encima de todo, cobarde ...

    Se ama de tantas formas ... La batalla se libró en los aposentos del barón, no se si fue justa, no se si ambos están emocionalmente satisfechos. Se dice que la cama no es el mejor lugar para llegar a acuerdos porque las necesidades corporales ofuscan a las necesidades de la razón y aunque los sentimientos continúan siendo los mismos, la confusión crece y las dudas -que están presentes en cada momento- no desaparecen. Rabia, eso es lo que se me antoja que Will sienta después de concluida esta escena, rabia de sí mismo y las circunstancias en las que ama cuando tiene que odiar, y Thomas, ¿se sentirá vejado? ... ¿De esas humillaciones que se consideran injustas porque aunque él sabe que su soberano no conoce la verdad, considera que Will no lo ama al grado de creer ciegamente en él? ... Magnífico capítulo Sele, como nadie lo puede escribir, sólo tu! :) Gracias!

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    1. Tu comentario sobre el olor fétido del chambelán era tan vívido que hasta me ha llegado una vaharada de olor nauseabundo jajajaj y es que el pobre hombre entre la halitosis y las heridas sin desinfectar va por ahí apestando XD. En fin, ahí lo tenemos huyendo para llegar hasta el fondo de la bellaquería más inmunda. Pero no es paar nadie un secreto que todos mis personajes originales me inspiran cierto oscuro afecto, en el caso del chambelán su abierta desfachatez y su inagotable optimismo creyendo incluso que puede atraer a Tom xD.
      Tienes razón en que hay como una tercera ocupante de ese lecho y me refiero a la culpa, siempre presente, pero de una extraña y alambicada manera, sirviendo también de acicate a la pasión :D

      Esta última frase tuya "como nadie lo puede escribir, sólo tú" la he leído mil veces, es lo más satisfactorio que mis ojos hayan visto, no sé si te refieres al estilo, al léxico arcaico, a mi concepción tan física del amor, o a cualquier otra razón,el hecho es que me ha hecho el año jajajaja

      Un besazo mi Lia, qué bueno que te decidieras un buen día a leer mi modesta cosilla :D yo pues contentísima de ello :)

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  4. Querida mía: la escena entre los amantes me ha dejado una sensación de intensa carnalidad, casi podía verlos frente a mi enredados, pulsando sus instintos entre caricias y quejidos, midiéndose las fuerzas en el mejor campo de batalla.

    La sumisión que ha demostrado Thomas en todo momento es un invaluable regalo de amor, y el soberano se ha dado cuenta de ello… Lástima que la sombra de la culpa esté presente en su lecho como la metafórica espada que usaban caballeros y doncellas en épocas medievales para garantizar la castidad. En este caso, la sensualidad se desborda y las emociones se encarnan en heridas y caricias cargadas de mensaje .

    (Del hediondo chambelán ni siquiera quiero pronunciarme: es tan repugnante por dentro como por fuera)

    Gracias por este hermoso capítulo, mi Selene. He tardado más de lo previsto en disfrutarlo, pero siempre merece la pena.

    Un beso, princesa de nuestra Arcadia.

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    1. ¡Es cierto, mi Archange!, me encanta la referencia que has hecho a la espada interpuesta; primero porque la espada está presente como elemento simbólico en el título y luego porque enseguida me vino a la mente la que Arturo interpuso entre Lancelot y la reina Ginebra cuando los sorprendió durmiendo juntos, y Gerineldo en el Romancero xD.
      Bueno, tú siempre me abres los ojos a tantas cosas ♥

      Otra cosa en la que tienes toda la razón es que es un amor muy físico, una pasión a la que hay que dar rienda suelta como si les fuera la vida en ello, ah, mis apasionados caballeros :D

      Cuando no estás, siempre me calmo pensando que vas a volver. Y siempre es así, renovando mi alegría, ya sabes que considero tu amistad un tesoro que no tiene precio.

      Ya me queda poco, mi Archange, pido a los dioses que me ayuden a contar el desenlace :D Gracias de todo corazón por tu presencia. :)

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