Por Selene Ruiz de Vivar
Los ojos del barón se apartaron
momentáneamente del rey y abarcaron la
planicie, captando con nitidez hasta el más nimio de los detalles. Obligó a su
mente a trabajar a toda prisa para decidir el siguiente paso sin equivocarse.
Sabía que su vida (y la de muchos inocentes) estaba en juego, aunque su
prioridad seguía siendo la salvaguarda del soberano. Como avezado jugador de
ajedrez decidido a salvar la pieza principal de la que depende la continuación
del juego, su mente de águila sobrevoló sobre las diferentes posibilidades. Decidió
ser sibilino. Sabía que no podía jugar sin arriesgar. Todos los hombres estaban
armados y cualquier paso en falso resultaba sumamente peligroso. Era muy
probable que el segundo hubiera infiltrado a alguno de sus secuaces en la compañía
del rey. Si decidía dar la voz de alarma gritando a los cuatro vientos que el chambelán era
un traidor y un felón, se provocaría una algarada. Podía ocurrir que, a una
seña del chambelán, el más que probable asesino a sueldo atentara contra el rey
y en la confusión que seguiría a a sus palabras, la muerte del monarca sería
una “obra negra” atribuible a la confusión y no a la intencionalidad. Decidió
arriesgarse para atraer a William a lugar seguro.
—¡Majestad! —gritó—es cierto que el
infante está aquí, conmigo. Pero si queréis llevároslo, tendréis que venir a
buscarlo vos mismo! ¡Os ofrezco un canje! Vuestra libertad por la suya. Podréis
elegir a un leal que lo lleve a un lugar seguro que Vos mismo elegiréis. Pero
no se lo entregaré a nadie más que a Vos en persona, ¡y solo!
Hubo un murmullo general, un
entrechocar de armas mezclado con relinchos de caballos. El Rey alzó la mano en
un ademán imperioso que hizo callar a todos.
—Me habían llegado noticias de que erais
un traidor, pero no imaginaba que lo fuerais hasta tal punto.
La voz del rey seguía siendo recia;
pero se apreciaba un ligero quiebro de desilusión que no había tenido su
llamamiento anterior. Thomas se sintió profundamente herido, pero no contestó
nada.
—No lo hagáis, Sire—dijo el
chambelán—¡acabará con ambos! —exclamó a gritos, sin reparar en que aquellas
palabras revelaban en realidad sus propias intenciones.
El rey avanzó, haciendo caso omiso. Hizo
un signo a sus caballeros, que se replegaron, y tomando con fuerza las riendas
de su caballo, enfiló hacia la puerta. El puente del foso se deslizó, las engrasadas cadenas girando con un ruido
chirriante. La reja se abrió y el corcel del soberano con sus ijares cubiertos
de terciopelo carmesí la atravesó al
galope, desapareciendo tras ella en medio de una nube de polvo.
§§§§§§§
El chambelán se agitó en su
cabalgadura. Ya no era un niño y sentía sus pantorrillas arder como antorchas humeantes a causa de la fricción con la silla. Habría dado cualquier cosa por
estar en su confortable residencia, atendido por criadas obsequiosas y con algún
jovencito complaciente ofreciéndole su copa de Calvados, licor exquisito que se hacía traer de
Francia y del que había hecho buen aprovisionamiento en sus bodegas antes de
que comenzara la epidemia, cargando su elevado precio a las arcas reales. Lo
consideraba ¿cómo diría? una recompensa por sus buenos servicios. Se volvió a
colocar sobre la montura, inquieto. Sentía que la situación se le escapaba de
las manos. Malditos bastardos, eran más listos de lo que él había creído en un
principio. Había pensado erróneamente que su juventud seguramente los hacía imprudentes, impulsivos y manipulables. Cuando Tom se expuso, habría podido
hacer que el ballestero mercenario, en realidad asesino a su servicio, a una
señal suya, le hubiera disparado una certera flecha y acabado así con el dolor
de muelas que suponía ese joven desde que había hecho su primera aparición en
la corte. Ya habría justificado él luego que se trataba de salvar a su señor,
que el fulgor del sol le había hecho ver una jabalina en las manos de Tom, o
cualquier otra argucia que disimulara su indignidad, cosa que ya le iba a
importar muy poco cuando lo ocurrido fuera irremediable. Pero no, el astuto
Thomas había asomado a las almenas cubierto con su casco y armadura, frustrando
sus planes. Maldito, maldito, más le hubiera gustado tenerlo debajo del dosel
plegándose a sus deseos, pensó rijoso, pero el muy imbécil le había puesto en
la tesitura de tener que matarlo sin haberlo disfrutado siquiera; sin embargo, lo
que él no había llegado a probar el rey lo había gozado a su antojo y sin fin
entre las sábanas hasta saciarse. Sintió que la rabia le ofuscaba. Ahora, los
dos estaban a buen recaudo dentro de la fortaleza. La única noticia buena era
que él quedaba momentáneamente a la cabeza del ejército real, aunque éste era
más bien exiguo. Ya se las arreglaría para rendir la fortaleza. Pondría
enseguida a trabajar a los zapadores para localizar y cortar las vías de agua.
No resistirían más de tres días la sed, se dijo, y sonrió para sus adentros.
§§§§§§§§
Los caballerizos de Thomas tomaron
con delicadeza las riendas de la montura real de la que su dueño acababa de
descabalgar con presteza en el patio de armas. Dos caballeros montañeses
escoltaron en medio de reverencias al rey hasta la Sala del Homenaje de la fortaleza,
donde Thomas esperaba. William comprobó a la primera ojeada que se había
quitado la armadura, llevaba los elegantes ropajes propios de su condición e
iba totalmente desarmado. Su mirada subió hasta su rostro y se apartó
rápidamente de él, pues la visión de los cabellos sueltos y su semblante amable
y sereno, a la par que expectante, le resultó a su pesar poderosamente atractiva. Se dominó como lo que
era, apartando de su mente recuerdos que en aquel momento sólo le habrían obligado a ser débil. Se irguió aún más y su gran altura sobresalió imponiéndose sobre todos
los presentes.
—Barón—exclamó—he cumplido mi parte.
Dadme a mi hijo.
—Vuestro hijo el Príncipe está
avisado de vuestra presencia en Loitsche y deseando veros. Sin embargo—al decir
esto sus ojos buscaron los de Bill con inusitada firmeza—no voy a entregároslo.
Los dos quedaréis aquí, bajo mi custodia.
Al oír aquellas palabras, Bill,
enfurecido, echó mano a la espada. Los caballeros se pusieron en guardia,
dispuestos a detenerlo, a pesar de que habían recibido órdenes expresas de no
desarmar al rey y tenían prohibido reducirlo ni agredirlo por ningún medio.
Thomas ni siquiera hizo ademán de defenderse cuando William se le abalanzaba, e
hizo un gesto a los caballeros para que se detuvieran. En ese momento, se
produjo la entrada de Selvagia con los niños en el salón. Al ver la espada de
William en alto, todos retrocedieron aterrados.
William posó sobre la mujer una
mirada desdeñosa y cargada de odio. El Príncipe, que avanzaba hasta ese momento
orgulloso y expectante al encuentro de su padre, se aterrorizó hasta el punto
que corrió a refugiarse entre las faldas de la joven, que perdió el equilibrio.
Su doncella sostenía un bebé que se echó a llorar desconsolado. Thomas hizo una
seña y todos hicieron una rápida reverencia y se retiraron a toda prisa menos
el Príncipe, que quedó de pie ante su padre, digno, pero temblando como una
hoja. Se acercaba a los cinco años y consideraba a los de Loitsche su familia,
y no entendía por qué el rey estaba blandiendo la espada contra quien él
juzgaba no sólo su segundo padre, sino también su héroe. Bill la apartó de
inmediato cuando comprobó alarmado el miedo de su hijo.
—Henry—dijo emocionado—tu padre está
aquí. Estás a salvo—y abrazó a su hijo con tanta fuerza que le hizo daño. El
niño se quejó levemente. Nada estaba resultando como su mente infantil había
imaginado, su progenitor estaba fuera de sí y él no entendía de qué tenía que
estar a salvo.
—Príncipe—terció Thomas al ver el cariz
que tomaba la situación——nuestro rey y padre vuestro ha hecho un largo viaje y
está cansado y agitado. Luego irá a daros las buenas noches a vuestros
aposentos: despedíos por el momento.
El niño entre confundido y aliviado
obedeció a Tom y se retiró haciendo una graciosa reverencia.
Los dos hombres se miraron fijamente
al quedarse solos, ya que Thomas había hecho entretanto salir a los caballeros, que quedaron no obstante apostados ante la puerta.
—No sólo sois un traidor—dijo Bill
tristemente—sino que también sois un cobarde y un perjuro. Habéis faltado a
vuestra palabra de caballero—y susurró como para sí mismo—Nunca lo habría
creído posible en Vos.
Thomas se agitó, dolido. Aquellas
palabras le herían más de lo que habría podio hacerlo cualquier daga. Pero ya
los dados estaban echados en aquella partida.
—Ahora soy vuestro prisionero—añadió
el rey, y además tenéis a mi hijo, a
quien, como se ha visto, habéis enajenado de mí—la sangre del rey hervía de rabia
al recordar el cuadro de familia que formaban su hijo y el hijo de Tom con
aquella mujer innombrable—Os odio, y os desprecio—añadió, cruelmente.
Thomas sintió que sus piernas se
doblegaban, pero su voz sonó firme al responder.
—No sois mi prisionero, sino mi
huésped—dijo, sin que se le notara en la voz la amargura—y en Loitsche no hay
mazmorras ni prisionero alguno. Ocuparéis mis dependencias, que son las más acordes a vuestro rango. Es cierto que no podéis salir de ellas, pero es por vuestra propia
seguridad, os lo juro.
William sonrió desdeñosamente al oír
esa palabra en boca de quien ahora consideraba un maestro en el arte de la
perfidia. Thomas sintió que tal vez sentir el deshonor sobre sus hombros era su
justo castigo. Miró al rey, de quien seguía profundamente enamorado, sintiendo
la pérdida. William le dio la espalda, y salió, sin advertir las lágrimas
humilladas que asomaban a los ojos de su antiguo amante.
(Continuará)

¡No, no, no, no por favor! No puedes dejarlo ahí no así. Juro que no es mentira al escribir que mis ojos terminaron humedecidos al leerttodo el capitulo... ¿porqué ese amor tan avasallador tuvo que terminar así? Un rey dolido y creyéndose traicionado por el amor de su vida y ahora pensando que poco querido y agraciado ante los ojos de su heredero. Un rey o mejor dicho ante todo viendo el resultado de la "traición" de su amante al ver a la fémina esa llevando a su hijo el príncipe y al fruto de su "amor" con el barón; un bebé supongo hermoso pero que ante los ojos de Wiliam es y será para siempre el fruto de "promesas incumplidas" . Me duele por su alteza, me llega su dolor.
ResponderEliminar¡Pobre barón" ¿le alcanzará el tiempo y los hechos demostar sus sentimientos a William? ¿porqué no le dijo que lo amaba?...¿porqué el rey no puedo ver en sus ojos el amor que todavía le profesa? ¡caramba que tengo un nudo en la garganta! Lo siento si no hay coherencia en lo que escribo, creo que ya sabes que actuó/escribo impulsivamente y este capítulo no fue la excepción. ¿sabes? Mientras leía que el barón estaba desde lo alto de su fortaleza viendo el panorama ante él con su alteza mirándolo fijamente decidiendo aún en ese ambiente hostil por proteger a su amor ante todo, recuerdo unas palabras que le dediqué hace algunos capítulos diciendo que era un cobarde y pues no, a pesar de todo y su dolor Thomas sigue siendo un hombre de honor y de noble corazón, esperemos que el destino sea bueno y les de calma y felicidad a esos hombres enamorados.
¡Asqueroso y ser repugnante chambelán! Espero que su cuerpo quedé reducido a nada, que sea consumido por las aves de rapiña o que tenga una muerte merecida. No hay calabozos en la fortaleza pero no sé su muerte tiene que ser al grado proporcional a su maldad y bajeza ¡Deseaba a Thomas! ¡cerdo sin escrúpulos! (Pobres cerdos no merecen semejante comparación) ese tipo me altera, de verdad hasta lo imagino repugnante.
Ahora más que nunca estoy de acuerdo con la frase de John Lenon "haz el amor y no la guerra".
Se me olvidaban las lineas a Selvagia. No gastaré mucho solo que espero que la dignidad le haga actuar bien.
No sé qué más escribir, solo que me dejas con más ganas de leer.
Besos querida Selene, lograste tu cometido porque lloré.
Mi querida Ariana linda, pero...¡mi objetivo no era ni mucho menos que lloraras! Nunca hubiera querido eso.Pero no puedes creer que un amor tan avasallador como tú dices, ¡termina! sí es cierto que ha pasado por muchas más dificultades de las que un ser humano puede soportar, pero su largo túnel oscuro no puede ser eterno! te diría tantas cosas para consolarte pero...todavía no puedo! sólo te diré que el hecho de que estén juntos y próximos hará que se vea un amor que por su carácter de inmenso no puede permanecer oculto.
EliminarDe verdad que tu apasionamiento es impagable, y me sirve de motor para mantener viva la llama de esta historia :D
Muchos besos y perdóname, espero compensarte todo :D
La jugada ''de ajedrez'' del noble Thomas fue acertada, y a su manera generosa, porque sabía que al primer movimiento su corazón quedaría destrozado. Aun así siguió adelante: debía analizar la situación de las piezas sobre el tablero bicolor y hacer lo más conveniente para todos. Confiábamos en su buen juicio y no nos ha defraudado, a pesar del dolor de sentir a su amante, a su hermano y su rey como un enemigo en su propia casa.
ResponderEliminar¡Que dolorosa la visión del pequeño, al ver a su añorado padre atacar salvajemente al hombre que lo había protegido!¡Qué terrible imagen tuvo que soportar William, al ver a su hijo asustado de su presencia y en compañía del bastardo de su amante! ¡Qué silencio tan honorable ha debido de guardar Thomas para que el equilibrio de la balanza volviera a sus vidas! Amor verdadero enmascarado de falsa traición.
El chambelán, por otro lado, disfraza de amor su traición en esta mascarada. No puedo decir más que lo aborrezco cada vez con más intensidad. Ese gusano no merecen las palabras.
¡Que caigan las máscaras y brille la verdad!.
Muchas gracias, mi querida Selene. Una vez más me he enamorado de esta historia.
Un beso enorme y nos vemos en Arcadia.
Archange de mi vida:
Eliminarentre todas las palabras del mundo has elegido las adecuadas para expresar los hechos con tal claridad y belleza, que no puedo mejorarlo. Ya sabes que tu mirada penetra desde siempre en lo que pienso como si fuera una flecha salida a gran velocidad de las saetas del castillo de William.;D Y sí, la jugada maestra de Tom conlleva un sacrifico tan heroico y callado, que va siendo hora de que el destino se alíe con su suerte.
Sí, cariño, nos vemos en Arcadia, nuestro lugar común, nuestro querido lugar de encuentro.
Ayyyyy! Sele!!! Se me han borrado los comentarios!!! XDDDD ¡Soy tan torpe! Jajajaja. Bueno, deja intentarlo de nuevo...
ResponderEliminarMe encuentro dos sorpresotas!!!
Nunca me hubiera imaginado que Thomas resolviera momentáneamente el asunto evadiendo una batalla que pudiera ser peligrosa para ambas partes... Perdí el norte, olvidé que es el mejor guerrero de Suburbia, tan astuto que bien pudiera ser él la inspiración de Maquiavelo y no César Borgia... De pronto me descubro igual o peor que el lujurioso chambelán XDDD Ya estaba pensando en una batalla sangrienta... XDDD ¡Excelentes argumentos los del barón!
La otra: ¿Hubo consecuencias del acto febril entre Thomas y Selvagia? "0.0" Se complica! ... Creo que tanto Gary como ella tendrán una participación decisiva para que esta historia retome los tiempos idos de felicidad ...
Es el capítulo más doloroso que he leído. Predominan las apariencias de ambos personajes: Uno, emocionalmente herido hasta la muerte por el veneno que el chambelán ha depositado gota a gota en su razón y su corazón; el otro, quien como anfitrión enamorado del rey tiene que soportarle de frente hasta la acusación de perjurio... A un caballero de su naturaleza, ser acusado de perjurio es lo peor que le puede pasar... ¿Hasta dónde soportará el barón el desprecio de su amado?
Mil gracias Sele, genial! Por favor, que a ese vejete lujurioso le hayan salido almorranas!!! XD
Jajajaja Lia, las almorranas del chambelán ardiendo son todo un poema ahora mismo en mi mente XD pero, y creo que esto ya lo he contado, me inspiran simpatía y cierta benevolencia- aunque cueste creerlo- mis personajes originales, Selvagia, Gary y el chambelán, los dos primeros por razones obvias y el tercero porque si hubiera sido joven y bien parecido, creo que habría hecho un antagonista incluso con cierto magnetismo en su propia crueldad; pero así, no deja de ser un esperpento al que todo el mundo le desea la muerte con caída por el agujero de los olvidados incluida ;D
EliminarMaquiavelo...qué puedo decir si el Príncipe fue mi lectura de cabecera un tiempo...me fascinan su objetiva visión de la política disociada de la moral y su agudísima observación de los escenarios europeos. César Borgia es con sus luces y sus sombras inmensas una de las figuras históricas en las que más he fijado mi atención, pero no puedo perdonarle que matara en Sinigaglia a mi amor Oliveretto di Fermo ( y sí, soy el tipo de chica que se enamora de personajes de la historia muertos hace siglos xDDDD ).
Me inspiran mucho tus comentarios y me contengo para no adelantar algo de los acontecimientos.
Un beso mi Lia y mi agradecimiento ♥