La pasión de la espada
Por Selene Ruiz de Vivar
William rodeó el cuello de su amado
con las manos y se entretuvo en dibujar líneas húmedas sobre sus labios con la
lengua. A continuación la introdujo, primero delicadamente y después con
frenesí, saqueándole el interior de la boca a conciencia. Sentía que su deseo
no tenía límites, pero no quería dárselo a conocer a su compañero para no
abrumarlo, y sus gestos exhibían una urgencia a duras penas contenida. Cuando
lo hubo besado a placer, incluyendo las mejillas, el cuello y el irresistible
hueco entre sus clavículas, sobre el que se detuvo mucho rato fascinado, apartó
ligeramente la cara, y se desasió gentilmente del abrazo. Se miraron a los
ojos. William bajó la mirada a los labios. Estaba sorprendido de que se le hubieran
acoplado como hechos a su medida y de que fueran de una finura y suavidad
comparables a las suyas. Además eran gruesos, como frutas maduras. Sintió un
cosquilleo en la nuca, y, ojo avizor como siempre, dirigió una breve mirada a
la puerta. A grandes zancadas recorrió la estancia, golpeó las grandes hojas de
cedro y echó la cerradura, atrancándola desde dentro. Luego volvió sobre sus
pasos. En el camino se deshizo de un cinturón del que pendía la vaina de la
daga que siempre llevaba encima, y lo arrojó al suelo. Thomas lo miró sintiendo
que sus mejillas ardían. Entretanto el joven noble se había aproximado al
lecho, que era magnífico, con un baldaquino de columnas de castaño torneadas
del que pendían colgaduras carmesíes. Bill se acercó, ansioso.
—Tom—en su voz vibraba un tono urgente y
debajo de las modulaciones caballerescas se agazapaba un matiz salvaje y
demandante que a ninguno de los dos pasó desapercibido—tiéndete.
—Tendeos vos—replicó el joven, retrocediendo instintivamente,
a la defensiva.
William pensó brevemente en cómo abordarlo.
Estaba claro que tenía que actuar muy cuidadosamente y comportarse como lo
haría con una virgen que estuviera a punto de entregarle su castidad,
extremando las precauciones para no dar ningún paso en falso que hiciera que
saliera corriendo. Sentía que se jugaba su felicidad en ello. Pero al tiempo
que se hacía estas reflexiones sintió que necesitaba desesperadamente ser
honesto.
—Tom—tomó la palabra de nuevo,
esforzándose por ser persuasivo y deseando con todas sus fuerzas lograrlo—cede,
por favor. —Aproximó su cabeza, y las frentes se juntaron en un tierno gesto—
Seré gentil—Tras estas palabras depositó un delicado y casto beso en las
comisuras de sus labios, que tuvo más poder que todas las palabras dichas y por
decir—No te resistas—continuó, aunque ya era innecesario—deja que te ame—Las
palabras surgían como un susurro.
–Señor—dijo el joven—vuestra
responsabilidad…
William le tapó la boca con las manos, sin darle lugar a que
acabara la frase.
—Mi responsabilidad es estar aquí
contigo. ¡Tal vez mañana estemos muertos! Nada nos garantiza que volvamos a ver
la luz del día. ¿Deseáis que todo quede así? Déjame amarte primero, y luego
dejaré que tú también me disfrutes a tu antojo—dijo francamente, jugándose el
todo por el todo.
En medio de su confusión ambos jóvenes pasaban
del tono amoroso al protocolario sin apenas transiciones. Sin decir una
palabra, Thomas llevó las manos a la botonadura de marfil de su camisa,
desabrochándola. Will tomó la cintura de su compañero en un gesto largamente
deseado que era obviamente posesivo sin dejar de ser galante. Tratando de no
retroceder del terreno conquistado, lo empujó sobre el lecho, cayendo sobre él
con ansia no disimulada. En un gesto que su compañero no tuvo tiempo siquiera
de prever, arrancó el cordón de los cortinajes del lecho y sujetándole las
muñecas por encima de su cabeza las ató entre sí y con una hábil lazada a una
de las columnas del cabecero de la lujosa cama. Tom quedó en diagonal sobre el
lecho, maniatado y expuesto.
—¡William! —bramó, sin poderse contener—¿os
habéis vuelto loco?
—Por favor, Excelencia—replicó William, tranquilo—Conteneos.
Resultáis muy ruidoso. ¿Dónde han quedado vuestras refinadas maneras? Aunque
tal vez lo que deseéis sea que os haga callar con mis besos—Dicho y hecho,
apoyándose sobre sus brazos se posesionó de su boca, inmovilizando el resto de
su cuerpo con su peso. Thomas no podía moverse y los sonidos de su boca pronto
se convirtieron en gemidos.
—Nhnhnh—el joven
barón estaba luchando por desasirse, pero sólo lograba provocarse unas
profundas marcas rojas en las muñecas—nhnhnh—el sonido de pronto resultó tan
lascivo que William, sorprendido, deshizo el beso y Thomas volteó la cabeza negándose a mirarlo,
avergonzado. Will se aferró a aquel instante, deseando atesorarlo en la memoria
como todos los otros detalles de la deliciosa mezcla de timidez y osadía de
quien estaba a punto de convertirse en su amante. Se incorporó del lecho e
inspeccionó brevemente la estancia. Sus ojos de halcón se posaron sobre una
mesa de alabastro ricamente aderezada. Allí se encontraba dispuesta la cena que
seguramente las sirvientas habían subido, y que el joven no había tocado. La
vista de William abarcó los cuencos de frutas dulces y la jarra de hidromiel,
que las antiguas esclavas procedentes de los Balcanes elaboraban con gran
maestría. Aunque había sido una bebida tradicionalmente reservada a las
mujeres, la escasez en el castillo unida a su sabor exquisito había hecho que
su consumo se extendiera también a los hombres.
Asiendo la jarra de plata volvió al lecho.
Tom seguía con su hermoso rostro volteado. Pegó un respingo al sentir el frío y
dorado líquido derramarse sobre sus tetillas y su vientre. Will encontró aquel
movimiento erótico hasta un nivel que creyó que no podría soportar. Su lengua
se aplicó a rodear las zonas sensibles por las que el hidromiel chorreaba. La boca
de Tom se contrajo. Sentía a su pesar un placer naciente al que no estaba
dispuesto a renunciar. Will seguía aplicándose a su tarea sin descanso,
sintiéndose cada vez más seguro del terreno que pisaba. Su boca se cerró sobre
una de las coronas de aquellos montículos de músculos firmes, provocando que su
compañero se arqueara por completo. Sintió, aunque obnubilado por el placer,
cómo le sujetaba una de las rodillas y de nuevo el dorado líquido desbordándose
de su vientre. Sin entenderlo del todo, se incorporó ligeramente. William se
estaba acercando peligrosamente a zonas recónditas de su intimidad. Tironeó de
nuevo deseando deshacerse de sus ataduras.
—¡William…no!
—Por favor Thomas… quedaos quieto.
Por nada del mundo quiero que recibáis daño. Sólo deseo que no le impidáis el
paso a mis caricias—y tras decir esas palabras, su boca se perdió en la entrada
de su amado, mientras sus manos no perdían la ocasión de acariciar la
palpitante longitud de su magnífica joya. Thomas creyó que llegaba al
paroxismo. En sus frenéticos movimientos, su cara había quedado enterrada entre
las almohadas, impidiéndole la visión. Esa privación sensorial potenciaba
intensamente sus otros sentidos, haciendo que toda su sensibilidad estuviera
especialmente volcada en sus terminaciones nerviosas, que parecían vibrar en
sintonía al ser tocado y besado.
—Señor….deteneos….si seguís yo…yo…
Al percibir la urgencia Will desató
con un hábil movimiento las manos de Tom, que sintiéndose liberado las cerró
sobre su espalda, consolidando el abrazo. Will, en su límite, aproximó su
miembro dolorido por la gigantesca erección que desde el principio le había
estado atormentando, y de una embestida certera entró, desgarrando levemente el
interior de su amado a su paso. Tom sintió un ligero dolor y una sensación
creciente y vertiginosa de embriaguez erótica. Los movimientos, al principio
cautelosos, se fueran haciendo más rápidos y profundos. Sus cuerpos se pegaban
uno al otro por el efecto del hidromiel y de sus propios fluidos mezclados.
William se contenía, procurando que sus embestidas no fueran tan violentas como
su deseo. Tom se agarraba a sus ijares, encontrando un incontenible placer
deliciosamente culpable al sentir su interior completamente profanado. La boca
de Bill jadeaba sobre la arteria palpitante del cuello de su amado cuando
sintió que llegaba el momento del
éxtasis. Quiso detenerse pero la voz de Tom se impuso a sus pensamientos.
—Bill…¡voy a derramarme!
—mmm ¡yo también…!
Bill sintió cómo temblaban sus
caderas mientras su regia esencia salía como un torrente inundando el interior
de su bello compañero, que había eyaculado a su vez entre ambos al sentir la
explosión del orgasmo.
La luz de la mañana entró a través de los
cortinajes, sacando a Tom de su profundo sueño. Había dormido boca abajo, y el cuerpo de su rey estaba sobre él, abrazado.
Encontró su peso extraordinariamente liviano, y su dulce abrazo el mejor de los
posibles. Se dio delicadamente la vuelta para poder disfrutar de aquel bello
rostro durmiente, y saboreó el momento todo lo que pudo. Al incorporarse en
toda su espléndida desnudez, sintió un latigazo de dolor inesperado.
William se despertó cuando su
compañero entraba de nuevo en el lecho. Todavía adormilado, le preguntó
ingenuamente.
—
Hum…Tom….¿qué
hacéis?
—
Encargarme
de que vos tampoco podáis subir a vuestra montura para vuestro matutino paseo a
caballo, Sire.
Los dos jóvenes rieron, mientras Tom sujetaba
a su rey entre las sábanas.
(Continuará)
Oh mi Dios...qué manera tan educada y tan galante de decirle nuestro bello lord a nuestro rey que ahora él es quien amara a Bill, que ahoraeél será el que lo posea , el que lo ame, el que lo disfrute y él que lo lleve al paraíso tal y como lo hizo Tom...y todo con placer mútuo, con consentimiento con el amor que hay entre ellos con la igualdad en este punto de su relación ( que aunque no se han declarado ni dado un nombre a esto, confío en que lo harán) me gusta que sean versátiles y que no haya una posición más allá de la de nacimiento y protocolario, que sean dos hermosos hombres con ganas de amar y ser amados, que su posición en la cama sea una igualdad cimentada
ResponderEliminarTuve problemas con el cuadro del comentario dos veces pero como soy necia pues aquí le sigo :)
EliminarEscribía que entre ellos el amor y la confianza ha sido tal que nadie se ve sometido por el otro y que ahora será Thomas el que llevé al paraíso a su rey, él que conozca su cuerpo, su piel, el que llevé nuevamente al clímax ese amor que estaba esperando por ser liberado desde hace tiempo.
William, Bill, quién lo dijera que lleva en su interior a un ser ansioso, dominante (ese Tom atado con un cordón de su cama a una columna... santo Dios es digno de una pintura. ..) me imaginaba que Bill al momento de posar sus bellos ojos a la mesa de alimentos que Tom sería su comida...y no falle porque entre el hidromiel y las joyas de nuestro barón fueron el festín ideal para vuestra alteza que no sabía que podía manejar a la perfección esos menesteres. .
Un lemon perfecto, tan ansioso, tan necesitado al principio pero que termina con la unión (no solo de los cuerpos) sino de los corazones.
Y ahora espero leer a nuestro barón empleando sus artes amatorias en Bill (según Tom, Bill no podrá montar...un caballo al despertar ¿será? ^//^
En serio que esa escena de ambos en la cama con un Thomas atado y un Bill disfrutando su festín se quedará en mi mente para siempre♥
Y no sé si es tu primer lemon pero yo lo disfrute y lo gocé!
Besos mi querida Selene y gracias por sacar más horas a tus días para escribir y que la inspiración te siga llegando porque escribes muy lindo♥
Muakk!
Hola, mi Adriana de mi corazón! siempre me tomo mi tiempo para responder porque tus comentarios son tan intensos que hay que disfrutarlos primero. XD y siiiiiiii es mi primer lemon y no sabía si iba a lograr transmitir todo lo que ellos sentían, su amor, su pasión... puedes creer que no había caído en la cuenta de que no ha habido una confesión de por medio???? el reconocimiento de su amor ha sido tácito....de verdad estoy emocionada por todas las cosas lindas y bellas que dices y que hacen que cada semana desee sentarme a escribir por encima de cualquier otra cosa y de dejar que todo fluya para la realización de este amor que merece ser contado por los siglos de los siglos.
ResponderEliminarUn besote mi vida por todo lo que te debo :D
Sele, muy tarde pero aquí estoy XD
ResponderEliminarQuiero aprovechar este espacio para comentarte sobre tu respuesta a mi intervención anterior. Ciertamente no leo slash y me es difícil opinar momentos de amor-pasión como el que narras espléndidamente en este capítulo, sin embargo he leído con mucho interés tu historia -llevándome en cada capítulo gratas sorpresas- porque me gusta mucho cómo escribes. Haces uso de múltiples recursos literarios y todo tu enorme bagaje académico-cultural, que me ha provocado -desde las primeras líneas- seguir a como de lugar cada una de las actualizaciones. Mi "zona de confort" es tan limitada en estos ámbitos que me veo obligada a salir de ella y a experimentar -con mucho cuidado, a paso muy lento- en otros sitios, en búsqueda de un auténtico goce a la lectura de fics :)
Para mi, La Pasión de la Espada es más que dos varones amándose; es la recreación de una época histórica, en un espacio concreto y en un momento trascendente, en el que las pasiones humanas se someten a las pruebas más duras en aras de la sobrevivencia y de la felicidad. ¿Qué es ficción? ... Precisamente por eso me tiene fascinada! XDDDD ¡Se multiplica el mérito! Sele, no sabes cómo me alegro que hayas dado el paso y nos regales tu talento :) <3
En resumen, quizás no pueda comentar todos los episodios por razones ... digamos..., ¿ideológicas? XDDDD Pero siempre leo cada actualización, así que no dejes de etiquetarme! :)
Mil gracias por este capi de "toma y daca"; primero Bill..., pues le seguirá Tom. No puedo evitar pensar que Tom fue presionado por el rey para finamente ceder; Bill se comportó como un ventajoso! XDDD El que finalmente sir Thomas haya claudicado fue por instinto ... XDDD Besos!!!!
Lia ♥ he tardado mucho en contestar este comentario porque me siento tan abrumada, cómo decirlo, tan contenta de leer algo así: lo he releído numerosas veces, disfrutándolo muchísimo. No me extraña que muchas autoras se queden enganchadas a sus comentarios, especialmente si son como éste. Ese bagaje del que tú hablas y que me atribuyes de forma tan generosa eres tú quien lo tiene. Me siento muy feliz y agradecida de que confiaras en mí, junto con las chicas, y si he hecho algo, ha sido porque habéis creído en mí. Lia de mi corazón, sabes que puedes contar conmigo para lo que quieras. Un beso enorme.
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