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domingo, 8 de febrero de 2015

La pasión de la espada, cap. IX

La pasión de la espada
Por Selene Ruiz de Vivar
William rodeó el cuello de su amado con las manos y se entretuvo en dibujar líneas húmedas sobre sus labios con la lengua. A continuación la introdujo, primero delicadamente y después con frenesí, saqueándole el interior de la boca a conciencia. Sentía que su deseo no tenía límites, pero no quería dárselo a conocer a su compañero para no abrumarlo, y sus gestos exhibían una urgencia a duras penas contenida. Cuando lo hubo besado a placer, incluyendo las mejillas, el cuello y el irresistible hueco entre sus clavículas, sobre el que se detuvo mucho rato fascinado, apartó ligeramente la cara, y se desasió gentilmente del abrazo. Se miraron a los ojos. William bajó la mirada a los labios. Estaba sorprendido de que se le hubieran acoplado como hechos a su medida y de que fueran de una finura y suavidad comparables a las suyas. Además eran gruesos, como frutas maduras. Sintió un cosquilleo en la nuca, y, ojo avizor como siempre, dirigió una breve mirada a la puerta. A grandes zancadas recorrió la estancia, golpeó las grandes hojas de cedro y echó la cerradura, atrancándola desde dentro. Luego volvió sobre sus pasos. En el camino se deshizo de un cinturón del que pendía la vaina de la daga que siempre llevaba encima, y lo arrojó al suelo. Thomas lo miró sintiendo que sus mejillas ardían. Entretanto el joven noble se había aproximado al lecho, que era magnífico, con un baldaquino de columnas de castaño torneadas del que pendían colgaduras carmesíes. Bill se acercó, ansioso.
         —Tom—en su voz vibraba un tono urgente y debajo de las modulaciones caballerescas se agazapaba un matiz salvaje y demandante que a ninguno de los dos pasó desapercibido—tiéndete.
           —Tendeos vos—replicó el joven, retrocediendo instintivamente, a la defensiva.
William pensó brevemente en cómo abordarlo. Estaba claro que tenía que actuar muy cuidadosamente y comportarse como lo haría con una virgen que estuviera a punto de entregarle su castidad, extremando las precauciones para no dar ningún paso en falso que hiciera que saliera corriendo. Sentía que se jugaba su felicidad en ello. Pero al tiempo que se hacía estas reflexiones sintió que necesitaba desesperadamente ser honesto.
         —Tom—tomó la palabra de nuevo, esforzándose por ser persuasivo y deseando con todas sus fuerzas lograrlo—cede, por favor. —Aproximó su cabeza, y las frentes se juntaron en un tierno gesto— Seré gentil—Tras estas palabras depositó un delicado y casto beso en las comisuras de sus labios, que tuvo más poder que todas las palabras dichas y por decir—No te resistas—continuó, aunque ya era innecesario—deja que te ame—Las palabras surgían como un susurro.
–Señor—dijo el joven—vuestra responsabilidad…
William le tapó la boca con las manos, sin darle lugar a que acabara la frase.
—Mi responsabilidad es estar aquí contigo. ¡Tal vez mañana estemos muertos! Nada nos garantiza que volvamos a ver la luz del día. ¿Deseáis que todo quede así? Déjame amarte primero, y luego dejaré que tú también me disfrutes a tu antojo—dijo francamente, jugándose el todo por el todo.
         En medio de su confusión ambos jóvenes pasaban del tono amoroso al protocolario sin apenas transiciones. Sin decir una palabra, Thomas llevó las manos a la botonadura de marfil de su camisa, desabrochándola. Will tomó la cintura de su compañero en un gesto largamente deseado que era obviamente posesivo sin dejar de ser galante. Tratando de no retroceder del terreno conquistado, lo empujó sobre el lecho, cayendo sobre él con ansia no disimulada. En un gesto que su compañero no tuvo tiempo siquiera de prever, arrancó el cordón de los cortinajes del lecho y sujetándole las muñecas por encima de su cabeza las ató entre sí y con una hábil lazada a una de las columnas del cabecero de la lujosa cama. Tom quedó en diagonal sobre el lecho, maniatado y expuesto.
         —¡William! —bramó, sin poderse contener—¿os habéis vuelto loco?
         —Por favor, Excelencia—replicó William, tranquilo—Conteneos. Resultáis muy ruidoso. ¿Dónde han quedado vuestras refinadas maneras? Aunque tal vez lo que deseéis sea que os haga callar con mis besos—Dicho y hecho, apoyándose sobre sus brazos se posesionó de su boca, inmovilizando el resto de su cuerpo con su peso. Thomas no podía moverse y los sonidos de su boca pronto se convirtieron en gemidos.
    —Nhnhnh—el joven barón estaba luchando por desasirse, pero sólo lograba provocarse unas profundas marcas rojas en las muñecas—nhnhnh—el sonido de pronto resultó tan lascivo que William, sorprendido, deshizo el beso y  Thomas volteó la cabeza negándose a mirarlo, avergonzado. Will se aferró a aquel instante, deseando atesorarlo en la memoria como todos los otros detalles de la deliciosa mezcla de timidez y osadía de quien estaba a punto de convertirse en su amante. Se incorporó del lecho e inspeccionó brevemente la estancia. Sus ojos de halcón se posaron sobre una mesa de alabastro ricamente aderezada. Allí se encontraba dispuesta la cena que seguramente las sirvientas habían subido, y que el joven no había tocado. La vista de William abarcó los cuencos de frutas dulces y la jarra de hidromiel, que las antiguas esclavas procedentes de los Balcanes elaboraban con gran maestría. Aunque había sido una bebida tradicionalmente reservada a las mujeres, la escasez en el castillo unida a su sabor exquisito había hecho que su consumo se extendiera también a los hombres.
         Asiendo la jarra de plata volvió al lecho. Tom seguía con su hermoso rostro volteado. Pegó un respingo al sentir el frío y dorado líquido derramarse sobre sus tetillas y su vientre. Will encontró aquel movimiento erótico hasta un nivel que creyó que no podría soportar. Su lengua se aplicó a rodear las zonas sensibles por las que el hidromiel chorreaba. La boca de Tom se contrajo. Sentía a su pesar un placer naciente al que no estaba dispuesto a renunciar. Will seguía aplicándose a su tarea sin descanso, sintiéndose cada vez más seguro del terreno que pisaba. Su boca se cerró sobre una de las coronas de aquellos montículos de músculos firmes, provocando que su compañero se arqueara por completo. Sintió, aunque obnubilado por el placer, cómo le sujetaba una de las rodillas y de nuevo el dorado líquido desbordándose de su vientre. Sin entenderlo del todo, se incorporó ligeramente. William se estaba acercando peligrosamente a zonas recónditas de su intimidad. Tironeó de nuevo deseando deshacerse de sus ataduras.
—¡William…no!
—Por favor Thomas… quedaos quieto. Por nada del mundo quiero que recibáis daño. Sólo deseo que no le impidáis el paso a mis caricias—y tras decir esas palabras, su boca se perdió en la entrada de su amado, mientras sus manos no perdían la ocasión de acariciar la palpitante longitud de su magnífica joya. Thomas creyó que llegaba al paroxismo. En sus frenéticos movimientos, su cara había quedado enterrada entre las almohadas, impidiéndole la visión. Esa privación sensorial potenciaba intensamente sus otros sentidos, haciendo que toda su sensibilidad estuviera especialmente volcada en sus terminaciones nerviosas, que parecían vibrar en sintonía al ser tocado y besado.
—Señor….deteneos….si seguís yo…yo…
Al percibir la urgencia Will desató con un hábil movimiento las manos de Tom, que sintiéndose liberado las cerró sobre su espalda, consolidando el abrazo. Will, en su límite, aproximó su miembro dolorido por la gigantesca erección que desde el principio le había estado atormentando, y de una embestida certera entró, desgarrando levemente el interior de su amado a su paso. Tom sintió un ligero dolor y una sensación creciente y vertiginosa de embriaguez erótica. Los movimientos, al principio cautelosos, se fueran haciendo más rápidos y profundos. Sus cuerpos se pegaban uno al otro por el efecto del hidromiel y de sus propios fluidos mezclados. William se contenía, procurando que sus embestidas no fueran tan violentas como su deseo. Tom se agarraba a sus ijares, encontrando un incontenible placer deliciosamente culpable al sentir su interior completamente profanado. La boca de Bill jadeaba sobre la arteria palpitante del cuello de su amado cuando sintió que  llegaba el momento del éxtasis. Quiso detenerse pero la voz de Tom se impuso a sus pensamientos.
—Bill…¡voy a derramarme!
—mmm ¡yo también…!
Bill sintió cómo temblaban sus caderas mientras su regia esencia salía como un torrente inundando el interior de su bello compañero, que había eyaculado a su vez entre ambos al sentir la explosión del orgasmo.
         La luz de la mañana entró a través de los cortinajes, sacando a Tom de su profundo sueño. Había dormido boca abajo, y el  cuerpo de su rey estaba sobre él, abrazado. Encontró su peso extraordinariamente liviano, y su dulce abrazo el mejor de los posibles. Se dio delicadamente la vuelta para poder disfrutar de aquel bello rostro durmiente, y saboreó el momento todo lo que pudo. Al incorporarse en toda su espléndida desnudez, sintió un latigazo de dolor inesperado.
William se despertó cuando su compañero entraba de nuevo en el lecho. Todavía adormilado, le preguntó ingenuamente.
—   Hum…Tom….¿qué hacéis?
—   Encargarme de que vos tampoco podáis subir a vuestra montura para vuestro matutino paseo a caballo, Sire.
Los dos jóvenes rieron, mientras Tom sujetaba a su rey entre las sábanas.
 (Continuará)


  




5 comentarios:

  1. Oh mi Dios...qué manera tan educada y tan galante de decirle nuestro bello lord a nuestro rey que ahora él es quien amara a Bill, que ahoraeél será el que lo posea , el que lo ame, el que lo disfrute y él que lo lleve al paraíso tal y como lo hizo Tom...y todo con placer mútuo, con consentimiento con el amor que hay entre ellos con la igualdad en este punto de su relación ( que aunque no se han declarado ni dado un nombre a esto, confío en que lo harán) me gusta que sean versátiles y que no haya una posición más allá de la de nacimiento y protocolario, que sean dos hermosos hombres con ganas de amar y ser amados, que su posición en la cama sea una igualdad cimentada

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    1. Tuve problemas con el cuadro del comentario dos veces pero como soy necia pues aquí le sigo :)
      Escribía que entre ellos el amor y la confianza ha sido tal que nadie se ve sometido por el otro y que ahora será Thomas el que llevé al paraíso a su rey, él que conozca su cuerpo, su piel, el que llevé nuevamente al clímax ese amor que estaba esperando por ser liberado desde hace tiempo.
      William, Bill, quién lo dijera que lleva en su interior a un ser ansioso, dominante (ese Tom atado con un cordón de su cama a una columna... santo Dios es digno de una pintura. ..) me imaginaba que Bill al momento de posar sus bellos ojos a la mesa de alimentos que Tom sería su comida...y no falle porque entre el hidromiel y las joyas de nuestro barón fueron el festín ideal para vuestra alteza que no sabía que podía manejar a la perfección esos menesteres. .
      Un lemon perfecto, tan ansioso, tan necesitado al principio pero que termina con la unión (no solo de los cuerpos) sino de los corazones.
      Y ahora espero leer a nuestro barón empleando sus artes amatorias en Bill (según Tom, Bill no podrá montar...un caballo al despertar ¿será? ^//^
      En serio que esa escena de ambos en la cama con un Thomas atado y un Bill disfrutando su festín se quedará en mi mente para siempre♥
      Y no sé si es tu primer lemon pero yo lo disfrute y lo gocé!
      Besos mi querida Selene y gracias por sacar más horas a tus días para escribir y que la inspiración te siga llegando porque escribes muy lindo♥
      Muakk!

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  2. Hola, mi Adriana de mi corazón! siempre me tomo mi tiempo para responder porque tus comentarios son tan intensos que hay que disfrutarlos primero. XD y siiiiiiii es mi primer lemon y no sabía si iba a lograr transmitir todo lo que ellos sentían, su amor, su pasión... puedes creer que no había caído en la cuenta de que no ha habido una confesión de por medio???? el reconocimiento de su amor ha sido tácito....de verdad estoy emocionada por todas las cosas lindas y bellas que dices y que hacen que cada semana desee sentarme a escribir por encima de cualquier otra cosa y de dejar que todo fluya para la realización de este amor que merece ser contado por los siglos de los siglos.
    Un besote mi vida por todo lo que te debo :D

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  3. Sele, muy tarde pero aquí estoy XD

    Quiero aprovechar este espacio para comentarte sobre tu respuesta a mi intervención anterior. Ciertamente no leo slash y me es difícil opinar momentos de amor-pasión como el que narras espléndidamente en este capítulo, sin embargo he leído con mucho interés tu historia -llevándome en cada capítulo gratas sorpresas- porque me gusta mucho cómo escribes. Haces uso de múltiples recursos literarios y todo tu enorme bagaje académico-cultural, que me ha provocado -desde las primeras líneas- seguir a como de lugar cada una de las actualizaciones. Mi "zona de confort" es tan limitada en estos ámbitos que me veo obligada a salir de ella y a experimentar -con mucho cuidado, a paso muy lento- en otros sitios, en búsqueda de un auténtico goce a la lectura de fics :)

    Para mi, La Pasión de la Espada es más que dos varones amándose; es la recreación de una época histórica, en un espacio concreto y en un momento trascendente, en el que las pasiones humanas se someten a las pruebas más duras en aras de la sobrevivencia y de la felicidad. ¿Qué es ficción? ... Precisamente por eso me tiene fascinada! XDDDD ¡Se multiplica el mérito! Sele, no sabes cómo me alegro que hayas dado el paso y nos regales tu talento :) <3

    En resumen, quizás no pueda comentar todos los episodios por razones ... digamos..., ¿ideológicas? XDDDD Pero siempre leo cada actualización, así que no dejes de etiquetarme! :)

    Mil gracias por este capi de "toma y daca"; primero Bill..., pues le seguirá Tom. No puedo evitar pensar que Tom fue presionado por el rey para finamente ceder; Bill se comportó como un ventajoso! XDDD El que finalmente sir Thomas haya claudicado fue por instinto ... XDDD Besos!!!!

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  4. Lia ♥ he tardado mucho en contestar este comentario porque me siento tan abrumada, cómo decirlo, tan contenta de leer algo así: lo he releído numerosas veces, disfrutándolo muchísimo. No me extraña que muchas autoras se queden enganchadas a sus comentarios, especialmente si son como éste. Ese bagaje del que tú hablas y que me atribuyes de forma tan generosa eres tú quien lo tiene. Me siento muy feliz y agradecida de que confiaras en mí, junto con las chicas, y si he hecho algo, ha sido porque habéis creído en mí. Lia de mi corazón, sabes que puedes contar conmigo para lo que quieras. Un beso enorme.

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