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lunes, 16 de marzo de 2015

La pasión de la espada, cap XII

 LA PASIÓN DE LA ESPADA

                               POR SELENE RUIZ DE VIVAR

Los ropajes del rey yacían esparcidos por el suelo mientras Thomas acariciaba la parte posterior del cuello del monarca con sus poderosas manos de guerrero, hechas para la lucha pero también para el amor, con movimientos circulares que hacían despertar hasta la última de las terminaciones nerviosas de su cuerpo. El rey, después de haber anhelado durante los largos días de la desaparición del barón su presencia más que nada en el mundo, estaba totalmente entregado, confiado y desprotegido como nunca, totalmente en manos de su amante. Thomas cerró los ojos para no ver la entrega reflejada en su rostro, para que la lucha que se trababa en su interior no resultara aún más enconada y destructiva. Besó sus labios, y el hecho de que se acoplaran perfectamente no le pareció como antes placentero y milagroso, al recordarle la magnitud de su mal y el daño que estaba a punto de hacerse a sí mismo, y también a su amado. Lo que antes había sido fuente incesante de goce era ahora doloroso y tenía matices dañinos en los que no quería pensar, pero que volvían a su mente una y otra vez. Bill se aferró a él, profundizando el beso. Las lenguas se enredaron, ardientes como llamas del infierno. Tom se estremeció, espantado. Estaba aún más excitado que la vez anterior cuando por fin se había consumado su pasión y no sabía si era porque su compañero se ofrecía de forma tan evidente, si se debía a que esta vez él llevaría las riendas o, lo que era más grave, si la culpa servía de acicate a su pasión. Con el peso de su cuerpo lo empujó sobre la cama, y una vez que lo hubo tumbado se incorporó para desvestirse apresuradamente. En la lujosa cámara sólo se oía el ruido metálico de sus hebillas al descorrerse y de las armas que llevaba ceñidas al caer. La mirada de Bill se volvió brillante al contemplar la desnudez de su compañero. Thomas se apresuró a apagar las velas de los candelabros.
—¿Por qué haces eso, Tom? Quiero verte. Eres tan…tan hermoso—el rey impidió con un gesto que apagara las últimas.
Tom respondió cubriéndole la boca con las manos.
—Calla—respondió—no sabes lo que dices.
–Sí —continuaba diciendo el rey, enardecido—tu cuerpo es perfecto…quiero besar cada recodo de tu piel, cada músculo, hasta que no quede un solo rincón de tu cuerpo por el que mi boca, mi lengua, mis manos no hayan pasado— y, ni corto ni perezoso, se aplicó a poner en práctica lo que había dicho.
La pasión le daba al monarca una seguridad de movimientos y una maestría en cada uno de ellos de tal magnitud, que Thomas no pudo evitar sucumbir a sus efectos. Los besos en su cuello, los dedos en su espalda, las piernas enredándose… era un crescendo de sensaciones a las que no había manera humana de resistirse. Pero en él luchaba algo oscuro, algo que quería buscar problemas, y encontrarlos, para evitar enfrentar la negrura que habitaba su corazón.
–Mmm…besas tan bien. ¿Has traído a muchas mujeres a este lecho? —lo miró fijamente, atenazado por los celos una vez más, al pensar que alguien lo hubiera tocado antes de él— ¿u hombres?
—Tom, por favor. ¿Cómo puedes preguntar eso? Claro que no. —apartó la mirada, súbitamente contrariado—eres la única persona que he amado de verdad y la única que ha ocupado este lecho; mi esposa tenía sus propias habitaciones—contestó, sintiéndose extremadamente molesto de tener que dar aquellas explicaciones—he tenido encuentros furtivos con lavanderas, campesinas, sirvientas, con unas cómicas de la legua, y alguna que otra rufiana; pero no he llegado a derramarme con ninguna de ellas, pensando en el bien de la corona y en lo problemático que sería traer al mundo un bastardo.
Tom lo miró, atónito, sintiendo que no podía creer lo que estaba oyendo. Una alusión directa a la bastardía, tan abierta como inesperada. Sintió un molesto escalofrío recorrerle la espalda. Miró a los ojos al rey, buscando alguna huella de doble intención, algún rastro de hipocresía o crueldad solapada, un rescoldo de maldad; pero sólo encontró una mirada limpia y cargada de una inocencia algo insólita en un hombre hecho y derecho y además acostumbrado a las intrigas como William. Trató de apartar de su mente la imagen de Bill enredado con alguna juglaresa o con la rufiana aludida al encontrarlo demasiado hilarante, pero finalmente tuvo que dejar escapar una carcajada impaciente que le nacía en la garganta. Bill aguardó algo mortificado a que su compañero acabara de reír, sin poder evitar admirar los matices cristalinos de la risa de su amante, que parecía no querer acabarse nunca. Pacientemente esperó hasta que por fin las risas pararon.
—Celebro que lo encuentres divertido—el tono del rey era incisivo, y sus ojos lo miraban con suspicacia.
Thomas se puso serio de pronto, y una vez más en aquella extraña noche su humor volvió a cambiar a tonalidades sombrías. Will se encontraba confuso ante los sucesivos cambios de humor de su amante y le abrazó de nuevo impulsivamente.
—Tom ¿qué tienes? no hay nadie en este mundo por quien debas sentir celos. Tú eres el único para mí, y así será, hasta el último de mis días.
—Está bien, Bill. Quiero olvidar. Hazme olvidar—dijo, abrazándolo de pronto. En su interior se alegraba de que Bill no supiera qué era lo que realmente quería olvidar, e intentó borrar de su mente lo que pasaría por su cabeza si algún día llegaba a enterarse, y qué pasaría si supiera que había subido a su lecho siendo plenamente consciente de la naturaleza de su vínculo, y aún más: la posibilidad mucho más siniestra de que el propio Bill lo hubiera buscado sabiéndolo todo.
Sintió de pronto que una rabia sorda le nacía en las entrañas; una especie de ira que no lograba sofocar, por estar en la cumbre tan solitarios, siendo piezas de un tablero de ajedrez en los juegos de poder, reunidos, separados, al acecho, quizás algún día lanzados el uno en contra del otro. Le rumoraba en las sienes el rugido de la sangre compartida, dolorosamente, como un escarnio. Tomó a su amante bruscamente de los hombros, y le dio la vuelta, lo que le evitaba mirarlo a los ojos. Bajó por su espalda con la lengua, dejando un rastro brillante. El cuerpo del rey estaba ligeramente humectado por el aceite oloroso que las antiguas esclavas extendían por toda su longitud cada vez que se dedicaba a juegos de palestra, y que luego se retiraba con una estrígilis al modo de los antiguos griegos. En los pliegues de su cuerpo el aroma del aceite resultaba delicioso. Tom se extasió brevemente ante aquel placer sibarita, prácticamente desconocido en las montañas. Su lengua lo saboreó brevemente y luego se desplazó por lugares más ocultos. Sus hábiles dedos no tardaron en seguirla, abriendo el camino. William se arqueó, receptivo y anhelante. Parecía muy bien dispuesto a cumplir su promesa. Thomas no se reconocía: nunca había sentido aquel anhelo de poseer, de dominar, como aquella noche. Sintiendo una mezcla de pasión y deseo de dominio, con un grito exultante entró, profanando su interior de una sola embestida, honda y certera. Tuvo que quedarse quieto un momento debido al ramalazo de dolor que percibió en su compañero, moviéndose levemente para hacer que se acostumbrase a ser tomado. A la par, con su mano derecha acariciaba a su señor por delante, produciéndole espasmos que hacían la penetración más profunda. La mano izquierda sujetaba las caderas con un gesto delicado pero firme de dominación. La boca besaba el cuello y las sienes sin descanso. Cuando empezó a moverse, el dolor y el placer fueron tan fuertes para Bill que se derramó violentamente. Fue la primera vez de las muchas en esa larga noche.
   Tom lo amó incensantemente, tratando de que la complacencia morbosa en su dolor no se le enredara dulcemente, tratando de no enamorarse de su propia culpa.

   (continuará)

6 comentarios:

  1. Al final el amor (a la par del deseo) que Bill despertaba en Tom fue más fuerte que sus cuestionamientos morales y sus dudas sobre un posible tinglado de mentiras, tejido por su amante en torno a él.

    Ese mismo amor es el que ha condenado a Tom. Está de regreso, ha reclamado a Bill para sí y ya no tiene chance de dar pie atrás. Por tanto, cuando Bill se entere de la verdad (tarde o temprano, en el momento en que sea conveniente para los interesados, esta saldrá a la luz) su silencio se volverá en contra suya.

    Esta historia me parte el corazón una y otra vez, en la medida que se van develando las intrigas que me hacen pensar que los amantes están destinados a un final trágico.

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    1. Exacto, Haru: el amor es tan intenso,que ¿por qué se tiene que sacrificar siempre en aras de otras consideraciones o barreras? Es cierto que lo que ha pasado ha puesto a Tom en una situación muy difícil, pero siempre tendrá el argumento más poderoso a su favor, y es que lo hizo porque lo amaba por encima de todo.

      Sé que te ronda desde el principio la sospecha de que esto no puede terminar bien, pero quién sabe: tal vez una historia a priori sujeta a la condena o a la desdicha o bien no ve su final como trágico (hay muchos tipos de finales perfectos aparte del happy end) o tal vez cambia el rumbo de una forma hasta entonces dada por buena de ver la vida, o las dos cosas.
      Uuuufff no sé si he aclarado u oscurecido.Muchas gracias por siempre estar ahí, a menudo sufriendo ( sorryyyyyy)

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  2. "he tenido encuentros furtivos con lavanderas, campesinas, sirvientas, con unas cómicas de la legua, y alguna que otra rufiana" ah su alteza...vaya que muchas han disfrutado del placer de sus caricias más ha dejado claro que ninguna ha sido favorecida por su corazón.
    Y Lord Thomas llegó a reclamar lo suyo, a reclamar a Bill como su pareja, como su amante y aunque en él pesarán siempre el destino trágico de parentesco, ha podido más el amor que se tienen, ojalá en está decisión que él tomó de cabida a decir la verdad porque por más que Thomas quiera enterrar esa verdad, creo que su alteza tarde o temprano se va a enterar y mejor que sea por Thomas. Es curioso pero al parecer al hermoso noble montañés le preocupa más que Bill sepa la verdad y que lo haya manipulado que al hecho mismo del incesto
    Y se amaron Muchas veces esa noche y quizás palabras de amor y compromiso fueron hechas y prometidas. Fue un deleite visual leer a Lord Thomas llevando las riendas en esta unión, fue un placer visual el imaginarme esa perfecta estampa de esos bellos hombres amándose. ...
    Querida Selene, al igual que Haru, todo pudiese indicar a un final trágico. ..pero tengo la confianza que el amor y la razón si pueden ir juntas en está ocasión ¿verdad?

    No sé si es porque leo y comentó desde el celular que no puedo oír la música que acompaña a este blog y bueno aunque no pueda, claramente me imagino a los amantes ya sea en la intimidad de sus aposentos reales o en algún paseo a caballo o simplemente hablando con esa bella música de fondo. ..
    Besos y nos vemos en el siguiente.

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    1. Mi Adriana, cuando Bill habla de sus escarceos amorosos, más parece que ha salido de ellos sexualmente poco satisfecho y creo que bastante escaldado el pobre, como le pasó la noche de la orgía del castillo; porque todas le han dejado en una especie de interruptus permanente, no como ahora que vive el boom de una pasión sin límites, física y emocionalmente plenas. Y sí, es cierto, tienes razón que no es el tabú lo que ha primado esta vez, sino los recovecos de su relación con Bill, en los actos de Tom; pero creo que sí lo lleva dentro como un clavo ;_;
      Me mortifica mucho que no puedas oír la música, es cierto, yo tampoco puedo desde el móvil; es que lo que he hecho ha sido colgar el video del enlace que me diste modificándole las medidas de ancho y alto y a lo mejor debería añadir un gadget o algo... ya lo miraré bien ahora que se acercan unos pocos días de vacaciones.

      No temas y ten confianza en que hasta en el mismísimo infierno el amor es una fuerza que no se destruye
      ♥ Miles de besos mi linda ♥

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  3. Si algo me ha maravillado de este capítulo es la forma en que está narrado.

    Es una escena crucial, donde la pasión de Tom toma las riendas en puño firme mientras su señor se entrega como una ofrenda luminosa; era muy difícil hacernos sentir esa vibración compartida, pero lo has logrado. Has sabido mezclar un ritmo poderoso con la delicadeza de los detalles, y la exquisitez de la sensualidad con la torturada conciencia de Tom.

    Tengo miedo. Con cada nueva entrega de esta historia se me encoge más el corazón. ¿Será el destino tan cruel con los bellos amantes?

    Estaré esperando con ansiedad para saber qué futuro les aguarda.

    Muchos besos, mi Selene~

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    1. Mi Archange: que alguien como tú diga todo eso, o simplemente se fije en mi técnica narrativa, es más de lo que creo merecer; y que yo creo que no he hecho el suficiente homenaje a las personas que han hecho esto posible, y que tengo una deuda de gratitud pendiente.

      Quiero compartir contigo algo, y es que a veces al sentarme a escribir, a medida que la historia se desarrolla, me parece tan real, como si al escribirla le estuviera dando vida en un universo paralelo, o viceversa, que al estar ocurriendo viniera a mi mente como una revelación. Bueno, tómalo como lo que es, la fantasía de una autora novata.

      Me alegra tanto que siempre me digas algo, mi Archange ♥ muchísimos besos, hermosísimas siempre tus palabras.

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