LA PASIÓN DE LA ESPADA
Por Selene
Ruiz de Vivar
Los dos hombres seguían hablando
despreocupadamente, ajenos al cataclismo que sus palabras acababan de producir
en su inadvertido oyente. Tom creía morir a cada inesperada revelación; sentía
que se caía a jirones. Una lágrima rebelde se posó brevemente sobre su párpado.
Su ceño estaba fruncido al punto de sentir dolor. Apretó los nudillos al borde
de hacerlos sangrar y siguió escuchando, controlando a duras penas el impulso
de salir corriendo, ensillar su cabalgadura a toda prisa y huir a los refugios
más recónditos de las montañas, donde nadie pudiera encontrarlo nunca.
—¿Os habéis fijado en cómo se
parecen? Son como dos gotas de agua, el uno el vivo retrato del otro.
—Sí, no hace falta ser muy observador para darse
cuenta. Jörg llegaba a confundirlos cuando jugaban de niños en las antesalas de
sus aposentos del castillo. La reina era la única en distinguir muy bien a su
propio hijo.
—¡Por la cuenta que le tenía!
Ambos hombres rieron. Tom los
despreció interiormente. Sentía náuseas pero a la vez debía, necesitaba llegar
al fondo de aquella sima-que se le antojaba infernal- con todas sus
consecuencias.
—Supongo que el astuto William lo ha atraído a su órbita para
tener controladas las baronías del Norte, que son estratégicas para la
seguridad de Suburbia. Todo muy inconveniente para las aspiraciones de Milord.Aunque con la desbandada hacia los
fortines montañeses de muchos de los nobles de la corte, tendrá allí ojos y
oídos puestos por todas partes.
—No lo dudéis. Milord es muy
ambicioso. Y lleva mucho tiempo esperando su momento; incluso se arriesga como
nosotros a morir en esta ratonera.
Tom juzgó que había escuchado lo
suficiente. Se inclinó, con su flexible cuerpo casi reptando sigilosamente
sobre la paja mojada del suelo del establo. Abrió la portezuela sin hacer
apenas ruido y corrió todo el pasillo que separaba ambas filas de establos. Los
relinchos de las caballerías contribuyeron a hacer que su salida pasara
desapercibida. Una vez al aire libre, respiró hondamente y se sujetó la frente
con las manos.
Ardía, no sabía si de fiebre o de
ofuscación; se daba cuenta de que necesitaba tiempo para que su corazón
encabritado le diera un respiro. Trató de aplicar serenidad a su mente, pero no
lograba sacudirse el velo de negrura que atenazaba su otrora luminoso semblante.
Un momento sentía que su corazón palpitaba sin control y al momento siguiente
le parecía que iba a pararse, colocándolo al borde del colapso. Pensamientos desordenados
y siniestros se apoderaron de él, incluyendo un inconfesable deseo de bajar al
pueblo y hacerse contagiar deliberadamente el cólera en cualquiera de las
tascas o burdeles donde la muerte se había enseñoreado a conciencia de
prácticamente todos sus moradores.
En un abrir y cerrar de ojos su vida
había dado un vuelco tan inesperado, tan desgarrador, que se le hacía
inconcebible asimilarlo y mucho menos aceptarlo. Gordon no era su padre; eso
significaba que su madre, paradigma de bondad y belleza, había cometido un adulterio
del que él era la consecuencia; el hombre que acababa de convertirse en su
amante era su hermano, ¡su hermano! Se estremeció ante la sola mención del tabú
ancestral. Pensó no sin espanto en cuántas veces había contemplado el rostro de Will como algo sumamente conocido, repitiéndose que era
consecuencia de su amistad de la infancia el que se le hiciera tan familiar,
sin percatarse de que era su propia efigie reflejada como en un espejo. Recordó
cómo encajaban sus cuerpos, sus labios, estremeciéndose vivamente.
Sintió con todo el dolor de su
corazón que necesitaba desaparecer de sus vidas, de la de Will por razones obvias,
pero también de la de su sobrino (la súbita idea de parentesco con Henry le
enternecía y abrumaba a la vez); y pensó
acto seguido que debía quedarse para protegerlos, pero haciéndose a un lado.
Barruntó que los atroces dolores del potro de torturas eran nimios en
comparación con lo que él estaba sintiendo en ese momento en el que planeaba
ser una sombra en la vida de quien más amaba, sin poder acercarse nunca lo
suficiente, contemplando tal vez cómo se rehacía, cómo entablaba nuevos rumbos.
Lanzó un puñetazo al aire, rabioso como nunca lo había estado.
Su mente era una maraña en la que se
mezclaban el amor, el dolor, el rencor y las dudas. Sentía que estaba a punto
de volverse loco.
William se paseaba por la estancia,
inquieto. Se cumplía la noche del tercer día de no ver a Thomas por ningún
lado. Ni sirvientes ni cortesanos sabían darle recado de dónde pudiera hallarse
el barón, como si se lo hubiera tragado la tierra. Una sombra de tristeza se
apoderó del armonioso rostro del rey, que miraba por los ventanales con sus
hermosos ojos, de los que había desaparecido el antiguo brillo, entrecerrados.
La búsqueda incesante de su compañero, acompañada de una pena y desesperación
cada vez mayores al no encontrarlo, empezaban a hacer mella en él, y unas pronunciadas
ojeras acusaban la fatiga y el cansancio.
Se había hecho todo tipo de reproches
y autoacusaciones, desde el hecho de que Tom hubiera reflexionado y dado marcha
atrás ante la complejidad de su relación, como que la enfermedad lo hubiera
sorprendido en un lugar retraído y apartado donde no dieran con él y muriera
sin cuidados, lo que lo horrorizaba hasta el límite de no haber podido
conciliar el sueño ninguna de las noches de su ausencia. Golpes, accidentes,
caídas, una inesperada huida…todo eso y más pasaba una y otra vez por su mente
sin descanso. Se dejó caer sobre su mullido lecho, apartando los cortinajes;
las sábanas de holanda ofrecieron a sus mejillas, que se sentían ardientes y
enrojecidas por las lágrimas, una inesperada frescura. Will deseó
frenéticamente, más que nada en el mundo, ser abrazado y besado por su amante.
Era más doloroso aún al sentirse
rodeado de sus objetos y pertenencias, que había hecho traer de la habitación
de Thomas a su propia cámara la tarde del mismo día en que habían estado
felices y haciendo planes para lo venidero. La mudanza que se prometía tan
feliz había terminado con esta especie de abandono. Empezaba a entender las
soluciones desesperadas que tomaban a veces los amantes despechados, recordando
las historias legendarias que Tom y él devoraban en su primera adolescencia,
Dido y Eneas, Tristán e Isolda, Ariadna abandonada por Teseo en una playa. Le parecía
oír el rumor del mar cuando comenzó a quedarse dormido., con un sueño inquieto y
poblado de pesadillas.
Tom entró sigilosamente. Los
ventanales habían quedado entreabiertos y las cortinas se movían delicadamente
con la brisa. Los cerró, lamentando que William no tomara más precauciones con
el aire infestado. Luego se dirigió al lecho y se sentó procurando no hacer
ruido al lado de donde William yacía acostado, observándolo atentamente, con
una mirada cargada de amor, aunque su propio sentimiento le diera pesar y lo
inundara de tristeza.
Contempló las profundas ojeras y las
huellas de llanto reciente del rey, enterneciéndose. Había entrado con la
intención de despedirse secretamente sin despertarlo siquiera, pero ahora que
lo tenía tan cerca sentía que sus fuerzas flaqueaban hasta quedar reducidas a nada.
No se sintió capaz de luchar contra sí mismo más de lo que ya lo había hecho.
William se movía en sueños, como si estuviera atrapado en ellos. Tom besó su
frente, y a continuación sus labios, suavemente. Bill se despertó dando un
pequeño grito. Al ver a Thomas, su rostro pareció transformarse.
—¡Tom!!!! —por un breve momento creyó
estar soñando— ¡Por fin!- exclamó abrazándose a él desesperado— ¿Dónde demonios
te habías metido? ¡He llegado a pensar que habías muerto!— mientras decía estas
palabras golpeaba brevemente con los puños el pecho de sus amado, llevado por
la mezcla de enfado y alivio. Tom se levantó, aparentando un control que estaba
lejos de sentir. Se sintió de pronto mortalmente cansado de su propio deseo de
huir, y al dejar de luchar, notó que recuperaba las fuerzas.
Bill apreció el cambio sutil y se
incorporó ligeramente, apoyado sobre sus codos, con la mitad de su cuerpo
girado hacia donde se encontraba Tom de pie. Su piel blanca brilló un momento.
—Estoy feliz de verte, amor mío—dijo
sonriendo, ajeno a todo. Tom advirtió que el camino que se disponía a emprender
era mucho más difícil de lo que había imaginado en un principio.
—¿No vas a decirme dónde has estado y
por qué habías desaparecido?—estaba diciendo William , a quien la súbita
aparición de sus amado había llenado de euforia.
—No digas nada. No quiero que digas
nada—respondió Thomas, cortante y hermético—he venido a tomar lo que es mío.
El rey le miró detenidamente,
intentando vislumbrar qué era lo que había cambiado en él.
—Thomas… —protestó débilmente.
—Voy a poseerte—la voz de Tom tenía
una matiz demandante tan intenso que Will no lo reconoció— Desnúdate—le
requirió, mirándolo fijamente— Majestad.
William lo miró atónito, y a
continuación comenzó a desprenderse de sus
lujosas prendas, obedeciendo por primera vez en su vida.
(Continuará)
Me pasé todo el capítulo con el corazón en un puño. En especial ante las insidiosas acusaciones en contra del soberano. Temí que Thomas les diera crédito, máxime luego de enterarse de la naturaleza incestuosa de su relación.
ResponderEliminarSólo espero que su regreso y su afirmación de "reclamar" a William vayan en serio y decida quedarse junto a él, como pareja, a pesar de todo.
¡Ojalá que tus deseos se cumplan, Haru! y aunque digas que eso depende de mí, yo no lo tengo tan claro: a veces esta historia es como una ola que me arrastra! Muchos besos, mi linda ♥
Eliminar"He venido a tomar lo que es mío" ¿Qué es Thomas? ¿el status de rey? ¿o acaso reconocer a William como tu amante, cómo hermano o cómo pareja? . Me da miedo que Tom actúe equivocadamente, que lo nublan otros pesares y no el amor que profesa a Bill... pero ssé también que más allá de todo, es más apeló a los nobles sentimientos de Tom, a su inteligencia y cordura y no piense que Bill ha sido cómplice de esa atrocidad. Apelo realmente al amor que se tienen a el sentimiento de amor con el que observaba a Bill mientras dormía, apelo que aunque suene trillado, venza el amor por sobre todo.
ResponderEliminarY su alteza se desnudó y obedeció, creo que solo ante Tom veremos a un Bill así, entregado en cuerpo y alma....espero que se puedan amar a pesar de el amor incestuoso.
Y mientras leía la última parte de el barón pidiéndole al rey que se desnudara no pude traer a mi mente la imagen de nuestro adorado Tom Kaulitz presa de la "excitación" del concierto, esa foto que tanto cofbabeamoscof en Facebook y lo siento,
no me vas a negar que parece estar haciendo (o terminado) de hacer el amor con su alteza ^//^
Un abrazo y besos querida Sele♥
Mi linda Ady, qué hermosa conexión has hecho con esa oportuna y bendita imagen que tantas ejem alegrías nos ha dado! clarooooo claro que me lo parece y bien que le dimos a todas las posibilidades en el face xDDDDDD ainsssss
EliminarUn abrazoteee
Todavía trastornada por la imagen de Tom, sudoroso y con su largo cabello despeinado por los afanes de la música, me vuelco en esta historia y no puedo dejar de vislumbrar ese mismo gesto en la etapa final del capítulo. No había éxtasis en su rostro, si no el dolor más profundo que un corazón pueda sentir. El sudor que recorría su frente no era fruto del placer, sino de la desesperación, y sus cabellos alborotados no yacían desparramados en la almohada de su amante, al contrario: caían lánguidos y solitarios, enmarcando su gesto crispado.
ResponderEliminarEs muy difícil hablar de amor en estas circunstancias, pero la forma tan demandante en que ha aparecido en la alcoba de su señor, no es más que amor disfrazado de revancha. Temo que su plan sea humillar o maltratar al hermoso William para, abusando de su intimidad, lo acabe despreciando y arrojándolo de su lado. El es un caballero honorable y estoy segura que haría semejante sacrificio... pero las consecuencias pueden ser terribles.
Gracias de nuevo por esta historia, estaremos esperando la continuación <3
Un gran abrazo y besos, mi señora Selene~
Mi reina Archange, mademoiselle, a sus pies siempre. su presencia es siempre tan deseada como una epifanía. No tema contemplar atrocidades que a menudo a una humillación sucede una exaltación... miles de besos en su mano.
EliminarSiempre tarde, siempre llego tarde Sele XD
ResponderEliminarTom está sumamente confundido, y por eso me preocupa lo que pueda pasar en esa alcoba real... Tuvo días para reflexionar, a base de recuerdos, su relación con el rey. El barón es demasiado inteligente como para no reconocer el afecto -no hablo del amor que recientemente le demostró William- que su "hermano" de infancia le ha profesado; no quisiera que hiciera oídos a esas palabrerías, que si bien no pueden estar tan erradas, indudablemente su amado es igual de víctima que él.
Thomas tendrá que poner en acción sus dotes de caballero anteponiendo el Honor -aun por sobre su dolor y frustración-; él lo ha demostrado de muchas formas. El recurso que le sugiero es el de la palabra, si, que hable con Will. Está complejo el asunto... ¿A quién le correspondería ser entonces el rey? El barón es mayor, pero es bastardo... ¡Por Dios! ¡¿Thomas sería capaz de despojar a su amado del trono?! "0.0"
Muy interesante la historia Selene, mil gracias por este capi :D
Lia de mi corazón, hay que reconocer que a veces todo parece ponerse en contra, pero es tal vez en momentos como ese cuando se nos pone a prueba como seres humanos, y si somos fieles a nuestro yo profundo o a toda la carga que la cultura nos impone, los límites morales que se pueden franquear y los que no, por eso me gustan las historias que le ponen al hombre enfrente de sí mismo, en la soledad de su corazón.
EliminarVeremos lo que pasa porque, como le dije a Haru, esta historia a veces me arrastra!
Qué lindo es verte por aquí; de verdad que cada vez que lo haces me das una alegría añadida :D