La pasión de
la espada, cap. VIII
Por Selene Ruiz
de Vivar
El joven noble se
hallaba de espaldas inclinado sobre su escritorio, dedicado con ahínco a
escribir un párrafo de su crónica sobre la historia de las baronías de las
montañas, en la que volcaba toda su pasión y desasosiego, cuando el rey penetró
en tromba en la estancia, que, tal como había imaginado, se encontraba abierta.
Thomas conocía el castillo a la
perfección. A pesar del toque de queda y del decreto de aislamiento, nada habría
podido impedir su huida a las montañas si así lo hubiera deseado. Will pensó
por un segundo en todo lo que acarrearía que un noble como él se le
enfrentara. Desde allí incluso podría haber iniciado una rebelión que habría puesto
en jaque a la corona con su posición debilitada por la epidemia y la hambruna
de la población diezmada que había dejado de cultivar las tierras. Su antiguo compañero de juegos conocía hasta el último pasadizo subterráneo que comunicaba el castillo con una
salida al exterior; de niños los habían explorado juntos con la curiosidad y
excitación de una emocionante aventura prohibida. Recordaba en especial uno que iba a parar
a uno de los manantiales que discurrían por los laterales del acantilado, un pasadizo
estrecho que bajaba y bajaba por una oscuridad que parecía no tener fin hasta
que la salida ofrecía a los ojos el espectáculo sin igual de una cascada
transparente y cristalina que se podía observar desde una ribera y que después
de la agonía y estrechez del túnel resultaba una explosión de luz tan fuerte
que casi era imposible a los ojos adaptarse a ella y parecía devolver la fe en la
vida, causando en la mente una impresión indeleble de alegría y renacimiento.
El rey rememoró aquella experiencia de su infancia con fuerza mientras recuperaba
el aliento después de su alocada carrera.
Thomas se giró ligeramente. Era una
noche de luna llena y la luz azulada se filtraba por las vidrieras de los
ventanales proyectando una claridad envolvente y vagamente espectral. Tardó
unos segundos en levantarse para realizar la reverencia ceremonial, segundos
que Will aprovechó para dejar vagar su vista por la magnífica estampa que hacía
la escribanía de plata sobre la madera de cedro, la pluma y el pergamino
languideciendo sobre la mano, las venas azules de la muñeca…echó una rápida
ojeada a la base del cuello y la soberbia
espalda de su amigo, como lo habría hecho un felino con su presa.
—Señor—Thomas
se inclinó e inmediatamente recordó que era un prisionero, lo que le hizo
volver la cara, ligeramente arrebolada por la humillación, y a continuación el
cuerpo entero—¿a qué debo el placer de vuestra visita?¿Acaso es la última deferencia
a nuestra antigua amistad antes de cargarme de cadenas y arrojarme a las
mazmorras?
El
noble joven era incapaz de deponer su orgullo, vapuleado en las últimas
jornadas por un sinfín de razones, y seguía temerariamente provocando al rey
sin proponérselo. Giró la cabeza y miró a William directamente a los ojos. El
soberano, tras las numerosas cavilaciones y la noche en vela, tenía unas
sombras negras debajo de los suyos que aumentaban aún más si cabe su atractivo. La
luz de la luna hacía que parecieran sutilmente dibujadas al modo de la pintura
de ojos de las esclavas del África blanca, costumbre que había hecho furor en
la corte y que habían adoptado las cortesanas, considerando que añadía
intensidad y pasión a la mirada. Thomas se estremeció y desvió la vista de
nuevo, sobrepasado por sus sensaciones. Will, decidido a no cometer más
errores, optó por pasar por alto la osadía y cambiar de táctica.
—Barón Thomas—replicó, ignorando la
pregunta y dispuesto a ir al grano sin rodeos innecesarios— decidme, la noche
pasada, ¿estabais molesto porque mi criado me hizo una felación?
El rey sonrió, divertido, y dispuesto a apurar
el juego hasta las últimas consecuencias.
El montañés enrojeció de pronto, sintiendo una mezcla de ira y celos, aderezados con una
dosis no desdeñable de sorpresa por el hecho de que el rey lo hubiera
mencionado sin ambages. Le dio la espalda totalmente, temiendo no ser capaz de
controlarse.
-Majestad,
si habéis venido a burlaros… —respondió, sintiéndose al borde de una explosión
de tristeza agresiva y rabia.
Will se acercó, deseando que en esta ocasión la situación no
se le fuera de las manos. Anheló rodearle la cintura con sus brazos, pero no lo
hizo. En cambio aplicó su aliento a su oído, peligrosamente cerca.
—Por favor, Excelencia—hizo una pausa, que para los dos
resultó interminable—responded.
Thomas se giró, volteando su hermoso cuerpo de forma que
ambos quedaron frente a frente. Había algo entre los dos, una forma de medir
las distancias, que recordaba a un combate de esgrima, con los dos
contendientes dando todo de sí mismos para lograr la victoria. La lucha parecía
tan igualada, que era imposible vislumbrar quién iba a resultar vencedor. De
pronto el noble, en un movimiento totalmente inesperado en esta silenciosa
batalla, se arrodilló delante de su señor.
—Thomas—replicó el rey, ajeno a las intenciones de su
compañero—no son necesarias reverencias así en este momen….ahhhh— se
interrumpió bruscamente al notar que con manos sorprendentemente rápidas y
diestras el noble desataba los cordones de sus calzas— ¿qué????
Al ver lo que
estaba a punto de hacer, Will trató de iniciar una protesta, pero la velocidad
de su amigo le impidió exhibir cualquier capacidad de reacción. Thomas agarró
con sus fuertes manos la joya de su señor en una maniobra que, a pesar de su
fuerza, no estaba exenta de gentileza y delicadeza, y logró que su boca se
apoderara de ella. Will intentó impedirlo, pero una vaharada de placer
instantáneo hizo que echara por completo hacia atrás la cabeza, arqueando el
cuello. Conocidos como placeres franceses y un punto decadentes, estas
prácticas, habituales en la corte en los últimos tiempos, contra lo que pudiera
parecer no habían sido gozadas por el rey en toda su magnitud, de modo que sintió
que traspasaba una puerta a lo desconocido, a algo que al cabo resultaba ser
mucho más placentero de lo que había imaginado. Aún intentó resistirse una
última vez agarrando con las dos manos los cabellos de su amigo, que caían
sueltos por su espalda, pero sólo logró, tal vez instintivamente, hacer los
movimientos aún más rítmicos. Sentía que su
mente se nublaba para todo lo que no fuera un placer sin concesiones a medida
que el clímax se acercaba. Los movimientos del violento orgasmo que le
sobrevino hicieron que la lava caliente de su esencia salpicara los delicados
rasgos de Thomas, y la luz de la luna filtrándose los hizo por un momento
asemejarse a brillantes y efímeras perlas blancas. El corazón del rey siguió latiendo
desbocado durante un tiempo que le pareció interminable, mientras intentaba sin
éxito devolver la calma a sus pulmones sin aire, y los únicos ruidos en el
silencio de la estancia eran los de su respiración entrecortada.
—No permitáis que nadie más os haga esto. Sólo yo—La voz de Thomas
le pareció en ese momento extraña, como si viniera de un punto
extraordinariamente lejano. No obstante, su mensaje penetró en su cerebro con
una claridad meridiana.
El joven se había
levantado, contemplando por un momento el rostro de su señor, aún arrebolado por
el placer, y sobrecargado y con un punto de confusión se había girado y parecía
mirar a través de los ventanales un lugar misterioso en la lejanía. Cuando se sintió suficientemente seguro, Will
se le acercó y le abrazó por detrás con fuerza.
Sus manos palparon con admiración los músculos de su pecho sobre la delicada
camisa de seda.
—Tom—era la primera
vez que le llamaba así desde que eran niños y siguió un silencio que quedó de pronto cargado de
significado— entrégate a mí. Sé mío—Will, a la espera de respuesta, observó cómo
se teñían intensamente de rubor las orejas de su compañero. Le vino a la mente
que jamás, en toda su vida, ni en sus esporádicos encuentros con cortesanas y
campesinas, había contemplado algo que le resultara tan encantador—.
—Barón Trümper—insistió,
esta vez ceremonioso—decid, ¿consentís?
—Ya os lo dije, mi Señor—replicó Thomas—mi vida os pertenece.
William le dio la vuelta al oír estas palabras. Se miraron
como nunca lo habían hecho.
—William…—el tono susurrante cargaba el
ambiente de anticipación de tal manera que hacía que cualquier demora resultara
ya intolerable.
—No me llames William—dijo el rey—llámame
como lo hacíamos de niños—continuó, mientras sin perder un segundo se apoderaba
de su cuello—
—Bill —susurró contra su boca, cerrando
los ojos.
(continuará)
¡Por fin!
ResponderEliminarLo había esperado tanto, mas que el lemon en sí (que fue sublime, pero ya me explayaré en eso) el que ambos sinceraran sus sentimientos de una vez por todas. Sin rodeos ni verdades a medias. Ambos se deben a su posición y el deber ser, pero tras las cuatro paredes de sus alcobas ellos son solo Thomas y William, mas ahora, Tom y Bill. Ya no tienen que enmascarar el amor que se profesan mutuamente, no importa las decisiones que se deban tomar por el bien del reino. Ambos se pertenecen, siempre lo han hecho, sólo que ahora lo han expresado cabalmente con palabras.
Es muy simbólico el acto de la felación misma, podría tomarse como un acto de sumisión, por el hecho de estar de rodillas ante su señor y entregarle placer sin buscar el propio. Sin embargo, por ese medio Thomas lo reclama para si. Por una parte pretendiendo borrar el recuerdo de lo que él cree -alentado por el monarca- sucedió con el criado, y por otro a través de sus palabras. Ese "no permitais que nadie mas os haga esto, sólo yo" lo que encierra en el fondo es su apropiación de la sexualidad del monarca. Ignoro si su intención primaria era la de reservarse solo esa caricia íntima como su prerrogativa y si hubiera actuado con semejante osadía de no haberse visto acicateado por la declaración de Wlliam, que confirmaron (erróneamente) sus temores.
Es increible la dualidad que se presenta en este capítulo. Comienza con una profunda muestra de sumisión. Thomas acata la reclusión forzosa en sus aposentos, aun teniendo los conocimientos y los medios para huir, no sólo eso. Nos dejas muy en claro que podría levantarse en armas en contra del soberano si asi lo desease, pero en lugar de ello aceptó su castigo. Luego en la segunda parte es él, Thomas, quien toma la iniciativa, William solo lanza un cebo esperando que este responda, mas no espera una reacción de ese calibre. Y eso se nota por la forma en que lo toma desprevenido, él sólo se pliega a las caricias, ya que no puede seguir resistiendose a ellas ni al hecho innegable de que las desea.
Finalmente están juntos y ambos se han reconocido como ¿pareja?
Sin embargo, temo por su futuro debido al avance de la plaga. Pero si esta consigue ser erradica no veo un auspicioso futuro para ellos como pareja, amantes quizas. Pero pareja propiamente tal, infortunadamente no.
Haru xD....
ResponderEliminarQué comentario admirable, cuánto me ha hecho reflexionar todo lo que dices...intentaré reponderte por partes. Por un lado, ni en sus momentos más íntimos Will deja de ser un monarca, preocupado por las consecuencias políticas de sus actos. Se plantea cómo una cuestión privada podría hacer tambalear su reino e incluso añadir más sufrimiento a Suburbia si se agravaran los problemas con las insurrecciones de los nobles. Pero está tan seguro de la lealtad de su amigo que ni siquiera se preocupa de su arresto; es más una voluntad de dominio, de conservar su dignidad de rey ante los arrebatos celosos de su compañero. Es cierto que son alternativamente sumisos o controladores porque su juego erótico y amoroso es un "tira y afloja" que implica sentimientos muy complejos. Es cierto también que el acto de Tom es polivalente,y que contiene todo lo que has dicho: vasallaje, sumisión, deseo de monopolizar, anhelo de borrar la presencia de otros, marcaje de territorio. Es un acto sumiso y dominador al mismo tiempo, que deja a Bill totalmente a su merced. Por otra parte Bill no va a ceder tan fácilmente sus ansias de poseer, de dominar, no va a prescindir de su condición de rey.
Respecto a su proyección como pareja, tú misma lo has dicho también:más allá de si compartirán los años que les quedan por vivir, creo que hay algo por encima de eso, y lo has expresado mejor que nadie, simplemente se pertenecen, se pertenecen por toda la eternidad.
En fin, me emociona demasiado este tema. Te agradezco como no puedes sospechar un comentario tan valioso. Un beso muy fuerte.
¡Lo leí mientras iba en el bus! Y no sé cara tenía mientras iba leyendo porque una señora que estaba sentada frente a mí me quedaba viendo y luego se reía...jaja supongo que me vio emocionada y bien "metida" a lo que iba leyendo.
ResponderEliminar¡Me encantó de principio a fin! ¡por fin descubrieron sus sentimientos y se sinceraron uno al otro! Nuestro "inquieto" Monarca se fue claro y directo al encarar a Thomas sobre lo que creyó ver para hacer que mostrara de una vez por todas los sentimientos que él pensaba que Thomas había manifestado al ver la felacion inexistente y aunque corría el riesgo de haberse equivocado (cosa que nosotras sabíamos que no) se fue al toro por los cuernos y descubrió que su leal amigo fue presa de los celos y también correspondía a ese sentimiento que permanecía durmiendo pero latente y que nada más se necesitaba un pequeño estímulo para activarlo y estallar en un cúmulo de pasiones escondidas...
¡Oh noble Thomas! Al igual que William le gusta ser directo y no andarse con rodeos y que más clara muestra de entrega (y al mismo tiempo dominio) que hacerle una felacion a William y dejar en claro que Bill le pertenece, que él le pertenece también. Se lo pidió Bill, que fuera de él y Tom aceptó porque desde siempre le ha pertenecido.. y que así sea hasta el fin de los tiempos.
Una duda querida Selene, obvio que solo tú sabes lo que sucederá en el reino con todo esto de la epidemia pero si nuestros enamorados salen librados de la muerte ¿es posible que haya matrimonio entre ellos? ¿la "ley" si permite la unión entre varones? *susurra* ¡di que sí!
Me sigo con mis labores con un suspiro y una eterna sonrisa por lo acontecido y deseando que el próximo capítulo este se esté escribiendo porque presiento que estaré "viendo" dos grandes pasiones fundirse, un verdadero torbellino que arrasará (en el buen sentido) las paredes del castillo de Suburbia...
Besotes mi querida Selene♥
Mi Adrianaaaa linda jajajaja me encanta el episodio del autobús, imaginarme la escena...qué momento tan genial xD de qué manera tan intensa lees...así fui yo en mis primeros tiempos xD.
EliminarEn cuanto a lo que preguntas, aclaro que Suburbia es un reino imaginario en una geografía imaginaria y que me he inspirado vagamente en la Escocia de los tiempos de María Estuardo (las montañas, las tierras altas, etc) pero no he querido que sea, ni parezca, un Reino de la Cristiandad, para evitar precisamente que en la historia puedan darse los prejuicios morales y sociales contra este tipo de uniones. Por eso si te fijas en el primer capítulo que empieza con el documento real habla de dioses, de antiguas tradiciones, de las Islas Afortunadas...queda claro que no es un reino del Medievo, podría ser de los tiempos de las antiguas tradiciones celtas o incluso podría haber una contaminación con el politeísmo de la Antigüedad clásica; en todo caso es una sociedad que de ninguna manera estigmatiza este tipo de relaciones. Me parecía que el tema de la culpa o el rechazo social le habría dado un tono muy lúgubre al relato, no quería eso para nada.
Mi Adriana de mi vida, sé que te gustan los finales felices, y como has sido el gran motor, una de las personas más importantes en la creación de esta historia, me siento en deuda contigo. Sólo te digo que yo ni siquiera sabía cómo se iba a desarrollar esto, y que tiene vida propia. Un beso, amooo tus comentarios ♥ te abrazo fuerteee
Seleeee!!!! :D
ResponderEliminarAdmirable escena... Me moría de curiosidad por saber cómo concretarías el momento de entrega de los personajes, y estoy grata y eufóricamente sorprendida con lo que has hecho.
Haru ha expresado magníficamente lo que opino de este capítulo y tus comentarios aclaran algunas de mis inquietudes :) Si, esa "reverencia" de Tom ante su monarca se interpretaría como un acto de sumisión -el mismo William se confunde: "...no son necesarias reverencias así..."-; yo la interpreto como la actitud honesta de quien desea responder a partir de una pregunta hiriente aunada a una mordaz insinuación. Aun no he "escuchado" al barón, pero sus actos "hablan" a gritos! Thomas ha actuado como el más fiel de los hombres que rodean al rey: tiene la enorme responsabilidad de velar por la vida del príncipe, se ha quedado al lado del rey aun cuando tiene todo para derrocarlo, y, en este capi, ha hecho al monarca el hombre más dichoso de Suburbia. XDDD
Te leo profundamente inmersa en el relato; en cada párrafo me cuentas pequeñas historias de los objetos, su uso, desuso y significado; cada acto corporal y diálogo de los personajes parecería haber brotado de esa escribanía :D ¡Bavo! Me tienes fascinada.
Bueno, aun nos faltan muchos capítulos por delante; la magnitud del problema de cómo el monarca y el barón puedan continuar con su relación, dependerá de la forma en como William desee vivir lo que le resta de vida, lo veo más como una decisión de él. ¿Acatará las costumbres? Me inclino a pensar que así será, por la memoria de su padre y por Henry. Aunque te confesaré, Sele, que me tiene más preocupada el cómo afrontarán ambos la crisis de Suburbia... Ya vimos que por ahí hubo un pequeño connato de confusión cuando se corrió la voz de que Will estaba enfermo..., ya vimos que por ahí ronda un personaje que puede llegar a ser el conspirador...
Mil gracias Sele, <3
¡Lia de mi vida!
EliminarMe alegro tantísimo de que te gustara mi pequeño lemon... Nunca te he dicho lo importante que es para mí verte por aquí. Sé que estás fuera de tu zona de confort y eso significa para mí emocionarme con cada palabra que dices. Además el hecho de que te intereses por el background histórico y que mires cada cosa con la curiosidad y la destreza de un anticuario...en fin, no tengo palabras para describir lo que me produce eso. Tienes mi agradecimiento eterno. Nunca olvidaré que esto, pequeño o grande, como sea, no habría nacido sin el acicate de las personas que estáis comentando hoy aquí.
La crisis de Suburbia es muy grave, en efecto, y las cosas pueden ponerse aún más complicadas para un reino tan pequeño y aislado. Además hay demasiadas cosas en juego...la suerte de la isla, la felicidad del soberano, todo pende de un hilo muy frágil.
William es un buen gobernante en tiempos difíciles, pero ¿qué tiempos no los son? de un modo u otro, va a necesitar toda la ayuda que los hados puedan darle.
Te mando un beso muy fuerte y todo el cariño del mundo ♥