LA PASIÓN DE LA ESPADA CAP. VI
Por Selene Ruiz de Vivar
Mientras estaba siendo besado, Will se sentía muy lejos de allí, como si estuviera entregando algo que no le
perteneciera, a la par que percibía con
especial intensidad lo que estaba sucediendo a su alrededor como si captara las percepciones agudizadas hasta extremos imposibles. En
circunstancias diferentes, sus sentidos habrían estado amortiguados para otros
estímulos, concentrados en la pasión amorosa; pero en éstas, debido a la
despersonalización que le había provocado la droga, vagaban por la estancia
capturándolo todo de forma magnificada. Vio a su chambelán contra una pared
recibiendo placer de una mujer sensiblemente más joven y no pudo evitar sentir - aunque fuera de una forma sumamente irracional- cierto desprecio por él cuando
lo vio llegar al clímax. Sabía que sólo su desmedida ambición política le había
impedido huir a las montañas con el resto de los nobles cuando llegó el cólera
y por eso no confiaba en él para custodiar a Henry si el destino le hacía perecer
antes de tiempo. Ésa era una de las razones,entre otras, por la que había redactado el codicilo en el que nombraba a Tom Protector
del Reino. Malditos nobles, le parecían tan despreciables en su cobardía. Miró
hacia sus pies y vio acurrucado en ellos cual enorme mastín al mejor amigo de
su ayuda de cámara extinto, un joven entristecido que había dejado caer al
suelo su enorme corpachón y que estaba siendo tratado de animar en vano por la
esclava de origen nórdico. Le pareció más digno de respeto que su chambelán y
todos sus nobles.
—Gary—le llamó. El joven se
levantó con toda la prestancia que su cuerpo le permitía, que era poca—Ven aquí—el
muchacho se apresuró y dejó a un lado a la joven albina sin miramiento
alguno—Arrodíllate—continuó el rey ante su sorprendido súbdito, que clavó las
rodillas en tierra.
Will desenvainó la espada ante
el atónito joven y la colocó ceremonialmente sobre sus hombros de manera
consecutiva.
—Gary de Kuhdorf—dijo
el rey muy serio —¿juras honrar tu ley, así como la fe de nuestros antepasados, a tu
señor natural y a tu tierra, y no dudar en dar la vida por ellos?
—Sí, juro—dijo el joven
con voz apenas audible, ya que aún no se había repuesto de la sorpresa. Siempre
había seguido a su amo con la fidelidad de un lebrel, pero ni en sus mejores
sueños se había figurado alcanzar tales honores.
Si William hubiera levantado la
vista en ese momento habría visto a Thomas incorporarse violentamente, arrojar
lejos el laúd y abandonar furibundo la estancia. Pero se hallaba muy ocupado
con la ceremonia y estaba concentrado en dar a su nuevo noble la pescozada y el
espaldarazo protocolarios que le armaban caballero de la corte de Suburbia.
Thomas procuró salir con paso
calmado, pero cuando hubo abandonado el Salón del Trono echó a correr por los
pasillos débilmente iluminados por la luz de las antorchas. Su rabia no osaba
dirigirse contra su señor y se concentraba injustamente en el joven corpulento,
al que dedicaba en su interior una retahíla de incoherentes expresiones
tabernarias. El noble no daba crédito a sus ojos: había presenciado no sin
asombro a su rey manoseado y besuqueado por las esclavas, y cortesanos sin
escrúpulos habían accedido a su intimidad sin resistencia. Eso ya era bastante aterrador como para haber
tenido como colofón el ver a aquel sirviente indigno aproximarse al rey, quien le
entregaba lo más recóndito de su privacidad para encontrar un placer insano.
Trató de apartar de su mente aquella figura arrodillada a la altura de la más preciada
joya de su señor, sin conseguirlo. Su rabia no se amainaba, sino que muy al
contrario iba en aumento y amenazaba no tener fin. Thomas había llegado ya a
sus aposentos y se había tendido boca abajo en su lujoso y mullido lecho que en
ese momento le parecía el potro de torturas de las mazmorras del castillo. Lo
que había creído ver le martilleaba la conciencia sin piedad. No se explicaba
cómo su magnífico, delicado, hermoso soberano había elegido a un compañero tan
tosco, sin acertar a comprender que habría percibido a cualquier otro como
igualmente inapropiado. En un arranque de soberbia, se percibió a sí mismo como
una elección mucho más adecuada, parejamente bello y atlético, parejamente
noble. Sabía desde hacía tiempo que su lealtad a William iba mucho más allá de
lo que correspondía a su condición de noble unido por las leyes del vasallaje a
su natural señor, pero creía ingenuamente que se trataba de una suerte de amor
cortés tantas veces representado en las obras de épica caballeresca de sus
autores de cabecera a los que tanto había leído y releído en sus noches en las montañas, al amparo del fuego de la chimenea. Tomó conciencia de
pronto de algo que hasta ese momento no se había imaginado, el hecho de que su
amor se movía en un terreno tan físico como el de sus yeguas en las
caballerizas ante la presencia del semental. La imagen no ayudó para nada a calmarlo sino que le produjo una erección dolorosa
que trató de calmar con su mano. Luego golpeó los barrotes de madera noble de
la cama y lloró de rabia durante lo que se le antojaron horas.
William apreció que
Thomas ya no se hallaba en el Salón y lo agradeció interiormente ya que temía
verlo presa de las intenciones libidinosas de algunas de las cortesanas,
sumamente expertas en las artes amatorias, que poblaban el enorme recinto.
Subió las escaleras de su estrado y se dejó caer agotado. Cuando fue saliendo
poco a poco de su sopor y abrió los ojos se dio cuenta de que se había quedado
solo en el sillón del Trono. Todo el castillo parecía estar en calma. Sintió
alivio de que aquella noche de excesos hubiera por fin acabado. Se dirigió con
paso ya más seguro a sus aposentos y llamando a sus sirvientes con palmadas les
ordenó preparar una tina de agua caliente. Completamente desnudo se sumergió en
ella, sintiendo su cuerpo renacer. Cerró los ojos, abandonándose al deleite
como un dios pagano.
Sentía que estaba
viviendo un día más, lo que en aquellas circunstancias era todo un logro. Oyó
cómo la antigua azafata de la reina hablaba en la puerta con alguien…afinó sus
sentidos, que siempre estaban alerta.
—Excelencia, en estos
momentos es imposible—Su Majestad está tomando un baño...— Will se enderezó
ligeramente al oír la inconfundible voz áspera y varonil de Thomas—Es urgente,
señora—el noble sonaba apremiante y autoritario.
—Dejadlo pasar— exclamó
el rey, contento de ver a su amigo. Se levantó de espaldas, y el noble montañés
no tuvo tiempo de desviar la vista, apreciando la extrema perfección de la parte trasera de su antiguo compañero de juegos. Se ruborizó intensamente
recordando los acontecimientos de la noche pasada y sintiendo aflorar de nuevo
todos los sentimientos que habían provocado en él. Las azafatas vistieron al joven Will un
batín de terciopelo carmesí y se retiraron obsequiosas.
—Thomas—el rey extendió
las manos, que quedaron suspendidas en el aire,
esperando inútilmente que su amigo se las estrechara. Demasiado
sorprendido para reparar en la afrenta, fue interrumpido por el noble.
—Sire, solicito vuestro
permiso para partir inmediatamente en busca del príncipe Henry—dijo Thomas tras
realizar una corta reverencia protocolaria, tal vez demasiado protocolaria, y
desde luego demasiado corta. El rey quedó boquiabierto. Esperaba la compañía de
su más íntimo amigo y colaborador incansable de los últimos días, contaba con
su ayuda para solventar aquella crisis, y desde luego no estaba dispuesto a
dejarlo marchar.
—No lo tenéis—le
respondió, tajante—sin duda olvidáis que habéis estado en contacto con la
enfermedad y que sois un potencial vector de transmisión de las miasmas
infecciosas—el rey pensó en su delicado hijo, un niño hermosísimo que parecía
hecho de nieve y oro—. Además, os necesito a mi lado. Ayer mismo habéis podido
comprobar —le miró de soslayo, incómodo—hasta qué punto la situación puede
salirse de control.
El noble aceptó en su
fuero interno a regañadientes que su señor tenía razón y a la par se enfureció
por la mención de la noche pasada. Miró a su interlocutor, ofuscado y dolorido.
El monarca seguía hablando, ensimismado—Henry está de momento a salvo y aislado
convenientemente…me encargué personalmente de que la hacienda se
autoabasteciera durante meses y no se permitiera la entrada bajo ningún
concepto a extraños.
—Podríais haber hecho
lo mismo con vuestro cuerpo—durante un larguísimo, interminable momento, ni el
joven fue consciente de la temeridad de lo que acababa de decir ni el monarca
plenamente consciente de lo que acababa de oír—.
William se volvió hacia él, completamente fuera de sí.
(Continuará)
¡Joder! ¡ahora si ha llegado el momento de hablar con las cartas sobre la mesa! Los celos en Thomas han tomado el control de él y no pudo callar la molestia y coraje que sintió al ver a William siendo "profanado" sin poner resistencia. Y no es soberbia al sentirse superior a otros caballeros y él sentirse y creerse el único para su majestad... y lo mismo pensó en su momento William, entonces ¿porqué no dejar que los sentimientos y acciones hablen por si mismos? Ambos son hombres de palabras directas, pasionales, briosos y con los sentimientos por el otro apunto de estallar ¿será para bien? Espero que sí,prporque la tensión sexual esta tan tensa como una cuerda de guitarra apunto de romperse.
ResponderEliminarHay una escena que no me quedó clara querida Sele y es cuando Thomas hace referencia a que William le entregó su más preciada joya íntima al infame que se arrodilló ante él. ..y mi pregunta es ¿Qué vio nuestro barón? Porque hasta donde yo entendí en el capítulo pasado Su Alteza estaba nombrando con un nuevo título nobiliario a ese individuo pero al parecer Thomas vio otra cosa mucho más intima al ver a el hombre arrodillado (¿sexo oral? ¿eso fue lo que vio Thomas?) O soy yo la que ya está divagando xD
Si me permiten, mis amados señores noble barón Sir Thomas y su altisima William el hermoso, les tengo un pequeño consejo que espero tomen en cuenta ahora que van a hablar ♥
"Count to three and lose control, if you like it let me know...
There's a call in the wild
There's a snake in your bed
And it's telling you something...
Listen...yeah I like it like that...
Cofcof no les digo que apliquen eso de "help yourself" porque para evitar eso ahorra están ustedes dos "cejitas* ^//^ Dios ya me perdí :)
"Los celos, el monstruo de los ojos verdes" espero que aquí no llegará aesa tragedia pero en serio espero que sea el detonante para la historia de amor.
Besos mi Selene♥
OH Dios mío, qué comentario xDDDDD me deja sin palabras xDD.
EliminarSí, mi Ady sí, aquí hay una tensión que espero se resuelva pronto ainssss qué tremendo... es un momento que me parece importantísimo porque todo está a punto de desencadenarse por fin.
En cuanto a tu más que razonable duda, mi reina, exactamente hay un malentendido ahí por parte de Thomas, que influenciado por el contexto orgiástico confunde la ceremonia con una felación. No olvides que el hecho de armar caballero a nuestro ¿entrañable? gordito es una situación inesperada, insólita en medio de la orgía, entonces el cerebro de mi noble barón no puede procesarla como tal, y como el rey ya ha sido besuqueado y mangoneado por cortesanos y ex esclavos/as, lo asocia inmediatamente con una conducta sexual, en parte porque no es consciente de que la participación del rey ahí no es plenamente consentida por culpa del estado de semivigilia por la droga,por un lado, y por otro lado porque la tensión ya mencionada hace que todo parezcan comportamientos sexualizados, hasta los que no lo son. Visualmente el agradecido Gary al ponerse de rodillas le alcanza la cabeza enorme que tiene justo a la altura de las partes nobles de mi señor William, de ahí la tremenda alucinación visual de mi Tom. No sé si aclaro u oscurezco, mi Adriana; sólo te diré algo más, tu comentario me ha encantado ♥ Besooooos
Ufff… ¡Qué arranque de celos! ¡Por Dios, Thomas! Resulta que el barón montañés es más escrupuloso que el conjunto de cortesanos y oficiales reales (cualquier parecido con la realidad, pura coincidencia XD). ¡Y qué soberbio! Si, cierto, está demasiado buenorro, pero tiene que reconocer que en la “party” hubo uno que otro igual de buenazo XD
ResponderEliminar¡Pum! ¡Y no se va por las ramas! Pues Will será el rey de Suburbia, pero Thomas no está para jueguitos ante el panorama de la situación. ¡Bien hecho! ¡Que ponga en su lugar al Sir! :D
El monstruo de los ojos verdes acecha tras el alto trono de nuestro señor de Suburbia ¡Y no es para menos! pero tenemos que reconocer que el gallardo Barón montañés se ha sentido ofuscado por el momento erótico-festivo que se estaba viviendo en el gran salón, y ha malentendido la ceremonia de ordenación caballeresca con una (para él indigna) "fellatio".
ResponderEliminarReconozco que el arranque de orgullo del noble Thomas tiene sentido, ¡no hay más que mirarlo! xD pero no podemos olvidar que había cortesanos y esclavas no faltos de hermosura para satisfacer a su majestad. Confieso que mi pobre corazón de súbdita leal está deseando que la dichosa tensión sexual acabe por estallar y que hasta las sábanas del Castillo acaben envueltas en llamas xD
*Reverencias, agradecimientos y besos* <3